En estos días estivales del 2012, propicios a las lecturas de mero entretenimiento más que a los libros de estudio, mi hijo Pablo me trae el serio y documentado trabajo del Dr. Alberto Sarramone titulado Alemanes en la Argentina: Inmigración, refugiados judíos y nazis con Perón, editado en Buenos Aires hace menos de un año.
No es el primero que el autor dedica a la radicación de contingentes poblacionales europeos en suelo argentino. Esta vez escribió uno referido en especial a los oriundos de países de habla alemana, o que si venían de otros sitios, conservaron esa lengua. Descendiente de bearneses, nacido en un pueblo de la llanura bonaerense, radicado desde joven en la ciudad de Azul, donde comenzó sus estudios y luego ejerció su profesión, cultivó la docencia y tuvo militancia política, este incansable investigador insiste en reflejar en sus escritos la más loable objetividad y tolerancia que le son permitidas por la insobornable ética de sus ideales democráticos.
Lejos de extraviarse en la frondosa polifonía de los temas que toca, los sujeta con una rienda informativa, narradora y clasificatoria puesta al servicio del amplio panorama examinado. Ya desde el subtítulo marca una taxonomía orientadora de su itinerario conceptual, y a lo largo de 360 páginas de nutrida información va introduciendo las sucesivas subclasificaciones que se hicieron necesarias para un correcto encarrilamiento de la comprensión lectora. Es que la inmigración, el poblamiento, los aportes de toda índole y aun los fracasos de tantas personas y grupos humanos de lengua tudesca que se movilizaron sobre suelo argentino, no fueron un fenómeno homogéneo; respondieron más bien a iniciativas y corrientes de variada índole, con actores de diferente condición socioeconómica, intelectual y moral, diversos niveles culturales, capacidades, oficios, dialectos, credos religiosos, ilusiones, esperanzas y temores. Tanta diversidad, en suma, como la emanada de sus respectivos temperamentos, contextos societarios y la que entre sus regiones de origen ya se encontraba prefigurada desde siglos de una historia precedente.
Regístranse en el libro las causas, próximas o remotas, de esos cuantiosos volúmenes de emigración, como asimismo las preferencias en la elección de un nuevo hábitat y las facilidades o trabas para la admisión y adaptación en los países de destino. Se señalan las características de la política inmigratoria argentina, diseñadas por la generación de gobernantes liberales y plasmadas en la letra de los pactos constitucionales organizadores del estado en la segunda mitad del siglo XIX; pero tampoco se silencian las divergentes concepciones de europeos y americanos en lo concerniente a lo criterios para discernir la nacionalidad de las personas (ius sanguinis y ius soli), ni sus eventuales influencias ideológicas en la aparición del ulterior “nacionalismo argentino”.
Un capítulo pasa revista a los escasos alemanes que figuraron en las filas de los primeros conquistadores del territorio rioplatense, y a los jesuitas de ese origen que se incorporaron a las “reducciones”. También se sigue el rastro de los militares alemanes, pro o antinapoleónicos, que actuaron en nuestras guerras independentistas e intestinas, sin excluir a quienes pasaron bajo pabellón argentino después de haber luchado al servicio del imperio del Brasil.
Cuantiosos pormenores, investigados o recopilados por el autor, dan cuenta de la actuación de comerciantes, artesanos, labradores o granjeros alemanes durante las etapas de nuestra consolidación institucional, con el señalamiento (donde fue posible) de sus respectivas familias y regiones de procedencia. Mucha atención merecieron los ensayos de colonización agraria en territorio argentino, donde los alemanes pocas veces descollaron por el número pero sí por la laboriosidad. Después toca el turno a los pobladores alemanes, católicos o luteranos, que poblaron aquellas colonias, clasificándose las mismas según las provincias donde se establecieron (Santa Fe, Entre Ríos, Buenos Aires, Córdoba), así como a las creadas en los llamados “territorios nacionales” sometidos a la legislación y competencia nacional antes de que accedieran a la condición de provincias “autónomas”. Sin olvido, por cierto, del importante aporte humano y cultural de los alemanes provenientes de Rusia y otras zonas del este europeo, genérica y a veces erróneamente englobados bajo la denominación de “volguenses” o Wolgadeutsche. De ellos, muchos habían llegado por tierra o por vía fluvial desde el Brasil, de donde venían adaptados y con experiencia en labores y condiciones de vida sudamericanas. De ahí la riqueza de datos contenidos en el capítulo sobre el poblamiento colonizador alemán en el “territorio” de Misiones, más tarde convertido en provincia.
También acomete Sarramone la esforzada tarea de cuantificar (según siglos, décadas u otra suerte de períodos) el número, el origen, la profesión y el credo de los germanohablantes definitiva o transitoriamente residentes en nuestro país, para lo cual hubo de recurrir a investigaciones en fuentes documentales argentinas y europeas. Nunca son tediosos esos tramos de texto, ya que vienen enriquecidos con anécdotas y datos curiosos que espolean la atención.
Asímismo informa sobre la influencia cultural alemana en la Argentina, llevada a efecto por maestros, estudiosos, periodistas, cronistas, clérigos, militares de carrera y escritores, así como numerosas asociaciones de gimnasia, enseñanza y asistencia social. Hay un importante capítulo dedicado a los inmigrantes judeo-alemanes, sus instituciones, órganos de prensa, de cultura y de ayuda mutua. Nunca elude el autor, cuando viene al caso, prolijas referencias a las divergencias ideológicas suscitadas entre comunidades alemanas al compás de los sucesos históricos mundiales; tampoco silencia los intentos nacionalsocialistas de captar el apoyo político de los alemanes radicados en nuestro país, ni las correlativas complicidades de gobernantes y agrupamientos minoritarios argentinos con ese régimen, aun después de ser derrotado en 1944/45.- Por cierto, una recomendable lectura!
Carlos E. Haller








