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Las lecciones que enseñan los MBA y que aparecen en Breaking Bad

El guion de la exitosa serie Breaking Bad, se ha convertido en un campo de estudio por sí mismo. No solo por lo que técnicamente representa, en cuanto a su escritura, su capacidad para romper con justificados giros las reglas clásicas de construcción del discurso o por la rica complejidad de sus personajes, sino también por sus enseñanzas vitales, más o menos evidentes. Una de las lecciones más patentes es la económica, de la que se puede desprender un provechoso manual empresarial digno de las escuelas de negocios más punteras.

Para los que no conozcan la trama sobre la que se construye la serie, Breaking Bad narra la historia de un profesor de química con problemas económicos al que le diagnostican un cáncer de pulmón. Para pagar su tratamiento y dejar un colchón económico a su familia después de fallecer decide aplicar sus conocimientos para elaborar y vender drogas sintéticas (anfetamina). Un recurso desesperado, sí, pero tan meditado como lucrativo.

Quizá los guionistas de la serie norteamericana no hayan cursado ningún MBA, pero lo que sí es cierto es que de su visionado se pueden extraer algunas importantes lecciones sobre el mundo empresarial. Además, permite una visión de 360 grados ya que la carrera del protagonista abarca los dos extremos de la baraja: desde el éxito empresarial más floreciente hasta el estrepitoso fracaso personal.

1.- Los negocios de muy rápido crecimiento surgen inesperadamente de los mercados y sectores más inhóspitos. Muchas leyes económicas funcionan solamente en el plano teórico. La aplicación práctica no siempre tiene los resultados que se presuponen debido a la interacción de múltiples factores que no siempre se tienen en cuenta en su justa medida y cantidad. La realidad del mundo de los negocios demuestra que no todo es tan científicamente previsible como para saber qué estrategias empresariales funcionarán y cuáles no. Hablar de pronósticos ya es suficiente antelación. El protagonista Walter White (interpretado por Bryan Cranston) descubre que poner en marcha un gran negocio no tiene nada que ver con sacar una startup al mercado.

En este caso, el producto estrella de White son las anfetaminas. Una sustancia ilegal, pero si uno consigue abstraerse de este (importante) matiz, podrá comprobar que un alto porcentaje de las empresas más poderosas han alcanzado su estatus moviéndose en sectores económicos marginales. El catedrático de economía de Harvard y padre del término ‘innovación disruptiva’, Clayton Christensen, lo tiene claro: “Para ser un gran empresario hay ver el mundo a través de las gafas de la marginalidad”. Al protagonista de Breaking Badno le faltan, por su biografía, este tipo de lentes: tiene un segundo trabajo como limpiador para llegar a fin de mes y vive en una zona marginal de Albuquerque (Nuevo México).

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2.- La ambición absoluta como punto de partida. Si existe una actitud clave para convertir un incipiente negocio en una floreciente empresa esa es la ambición, quizá desmedida en un primer momento. Nada de medias tintas. Ni emprender un negocio para vivir bien, ni para conseguir solo el dinero necesario para su operación de cáncer. Hay que enfocarse siempre hacia la idea de construir “un imperio empresarial”. Pocos son los empresarios que sin una obsesión total por “conquistar nuevos territorios” hayan logrado acabar cotizando en bolsa.

3.- La clave de todo es el producto (y por tanto el cliente). Los controles de calidad son cruciales para que el producto sea siempre el mejor en base a unos estándares que aseguren un resultado óptimo. Para obtener el apodo de “rey” de un determinado producto, aunque en este caso sea de la anfetamina, hay que preocuparse mucho por ofrecer algo mejor que la competencia. Así es cómo se construye una marca y se logra abrir nuevos mercados.

En este caso, la obsesión de White, que en su día fue investigador químico, es obtener la droga más pura posible. Todo ello hasta el punto de que para mantener siempre los estándares de calidad en los más alto y no defraudar ni a un solo cliente prefiere tirar un lote entero que venderlo con unos niveles de calidad inferiores a la media.

4.- Alianzas y subcontratas, la base para la distribución. La correcta elección de los socios es crucial para el despegue de un negocio. Personas talentosas, con experiencia en el sector, que encajen a la perfección con la identidad empresarial y en las que se pueda delegar minimizando los riesgos al máximo. White elige como mano derecha a un talentoso exalumno suyo que se ha convertido en traficante de drogas, con una sólida formación y conocimiento del terreno.

Para la distribución, White subcontrata a las bandas locales de traficantes, lo que le permite delegar una de las partes más importantes del negocio en los que más saben y más experiencia tienen. De este modo, puede concentrarse en el aspecto que más valor agregado representa para la empresa: la confección y los controles de calidad. La subcontratación y la distribución son claves para el rápido crecimiento de una empresa de nueva creación. Sin embargo, se trata de una medida que inevitablemente está plagada de conflictos, como bien refleja la serie.

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5.-Arrogancia, el principio del fin. El ego, la avaricia e, incluso la paranoia, son atributos consustanciales a los grandes empresarios salidos de la nada, lo que genera tensiones constantes con los socios que pueden acabar en ruptura. Pero no solo con los socios, sino también con los distribuidores, entre quienes la exclusividad y el control de los productos se presentan como una fuente constante de conflictos.

Los problemas crecen a medida que lo hace el negocio y, como se refleja en la serie, se acaban llevando a casa, al seno familiar. Si no se establece una diferenciación clara entre la vida laboral, la social y la familiar el fracaso puede llamar a la puerta. La inteligencia emocional es clave para evitar el deterioro de las relaciones personales y maritales que, al fin y al cabo, son un pilar imprescindible para el bienestar y el desarrollo personal. En el caso de White sus relaciones personales empeoran proporcionalmente al éxito de su negocio. Intentar creerse su propia mentira (“todo esto lo hago por mi familia”), no es la solución.

El mayor fracaso del protagonista se asocia a su creciente arrogancia, y es que el éxito provoca la peligrosa sensación de invulnerabilidad. Cuántas más reglas se rompen más invencible se cree uno, mientras que cuanto más dinero se gana, más se quiere. Un triste pero fiel reflejo de la sociedad de la opulencia que hemos creado.

fuente: El Confidencial

4pasos.com

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One comment

  1. Muy buenas lecciones, no queda más que aplicarlas en nuestro terreno y tomar lo mejor.

    Gracias por la información.

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