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Yo tengo razón

  • Aun teniendo la razón muchas veces no alcanza cuando prevalecen puntos de vista opuestos a la solución racional. Insistir entonces puede resultar inútil porque llevaría a una discusión eterna.

La idea de que un argumento “coherente” es sinónimo de verdad total hace que se desvíe el eje porque las premisas del razonamiento pueden ser falsas.  También existen las falacias: son los razonamientos psicológicamente persuasivos pero lógicamente incorrectos.

En las discusiones grupales, apoyarse en una razón única, en vez de ayudar, sumando perspectivas, se vuelca la energía hacia el blindaje del razonamiento para derrotar a los demás.

Entre las batallas argumentales que a nada conducen, se disparan argumentos mezclados con insultos, ganando la razón a fuerza de defenestrar al otro (falacia ad hominen). Cuando esa lucha se da en espacios emocionalmente significativos duele más y el daño es mucho mayor.

La salida de esta trampa

No surge de imponer la razón a fuerza de “lógica”, sino de considerar otras cuestiones más emocionales. Las discusiones que llegan a buen puerto apuntan más a la “verdad de las cosas” (incluso afectiva) que a la coherencia argumental.

Lo realmente difícil es hacer sustentables las relaciones humanas, habitadas por las razones del corazón que la razón no entiende. La razón es un instrumento para acceder a la verdad, pero no es la verdad en sí misma. Si la “verdad” es  la buena convivencia, no se logra imponiendo razones. Allí el ganador se volverá prepotente y egoísta. Se podrá ganar una batalla pero no la paz. Conseguida la calma con el tiempo un argumento hoy absoluto, no parecerá tan importante.

De hecho, las reconciliaciones suelen ser más emocionales que argumentales. Por eso la palabra concordia proviene de “cor”, que significa corazón. Cuando la vida nos pone en la encrucijada de tener que elegir entre la razón o la concordia, elijamos la concordia.

¿Qué vas a ser cuando seas grande?

La pregunta resuena en la mirada del niño, que siente una agria combinación de obligación y reclamo, y buscan responder lo que sus padres quieren oír. Le reclaman especialización y eso refrena las generalidades divagantes de los jóvenes.

El zorro sabe por zorro pero más sabe por viejo

El zorro sabe muchas cosas, pero el erizo sabe una gran cosa. De aquí se derivan aspectos claves de la inteligencia. El zorro es el animal astuto por excelencia. Con sentidos afilados se asocia con personas intelectualmente flexibles  que pueden sostener más de una visión sobre las cosas, incluso contradictorias entre sí.

La zorra y las uvas es una fábula atribuida a Esopo. Una zorra ve un racimo de uvas e intenta alcanzarlas. Al darse cuenta de que no puede, desprecia las uvas diciendo:¡No están maduras!

El erizo es un puercoespín que se defiende con sus filosas púas y así protege su mundo interior.  Los especialistas son expertos en tópicos específicos. Su alta precisión en su materia los hace invencibles en su campo, donde reconocen de inmediato errores y fallas lógicas. El zorro es prudente, evita opinar sobre lo que no sabe y se reserva el beneficio de la duda. Escucha más de lo que habla y se concentra más en las preguntas que en las respuestas. Es de zorro astuto reconocer que la realidad es amplia, con conexiones, matices y con un rol para el azar y el caos.

Un buen pensador debe usar sus teorías para tomar las medidas correctas. Esto exige apertura mental, pero también saber. No puede probarlas todas, debe seleccionar las de mayor respaldo, entendiendo sus consecuencias. Debe lograr una sana combinación de erizos y de zorros.

Las ideologías fundamentalistas

Muchos suelen casarse con una idea y rara vez se divorcian. Esta enfermedad se llama disonancia cognitiva y se da cuando la razón descarta toda evidencia contraria a su posición y si aparece se barre la basura debajo de la alfombra.

Si hay fallas lógicas en sus argumentos, adopta teorías ad hoc para no descartar su tesis original. Recomienda medidas tajantes que apuntan hacia su gran teoría unificada, y cuando sus políticas no tienen los resultados esperados culpa a imprevistos o a errores de aplicación. Un grupo particular de erizos de alta especialización son los teóricos obcecados. Alucinan con teoremas y otros detalles formales. Los supuestos de sus modelos no necesitan ser realistas ni razonables, solo formalmente tratables. Esta versión exagerada de erizo busca “leyes naturales” en ciencias sociales y espera que sus sistemas deductivos permitan demostrarlas.  Un erizo obtuso podría adoptar una versión de la triste frase: “La duda es la jactancia de los diletantes”.

Jean Buridan se destacó por sus estudios de lógica. Su nombre se asocia al experimento mental conocido como “el asno de Buridan”.  Creía que los enunciados, hablados, escritos o pensados, son portadores de verdad o falsedad. Privilegió los conceptos cognitivos o psicológicos del locutor. La lucha entre  racionalidad y fuerza de  voluntad, la muestra en el asno de Buridan.

El animal lleva tiempo sin comer y tiene hambre. Le colocan a derecha y a izquierda dos montones de cebada iguales. Es un asno intelectual. Primero delibera y opta por comer porque tiene hambre y su organismo lo necesita. ¿Pero por cuál de los dos fardos comenzar. Como no hay razón que aconseje uno sobre otro, el asno se muere de hambre. Fue incapaz de actuar porque no encontraba razones para elegir. Su vacilación insensata lo condujo a la muerte.

La mera lógica no determina la conducta

El burro muere por ser implacablemente racional. Una actitud pragmática no debe ser condicionada. El exceso de análisis produce parálisis.

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La versión desmedida del zorro se asocia a la perpetua indecisión. Los analistas globales de la realidad tienen tantas perspectivas que sus vacilaciones producen escozor. Abusan de expresiones como “es posible”, “es complejo” y “por otro lado”. No opinar es su estrategia y, por eso, rara vez suelen dar alguna pista sobre qué hay que hacer para mejorar el mundo.

¿Es mejor ser zorro o erizo?

No es fácil librarse de la tentación del “depende”, pero parece que la especialización no es el camino para elaborar pronósticos sobre una variedad de temas políticos, económicos y sociales. Los indecisos aciertan más que los expertos especializados.

Los especialistas tienen mayor confianza en sí mismos, son más locuaces y tienden a justificar sus errores. Algunos erizos defienden con púas y dientes el prestigio ganado.

Pero la realidad se vuelve cada vez más compleja y contar con una visión general acertada de ella es una tarea cada vez más difícil. La especialización tienta y paga un mayor salario.

Se recomienda dedicarse a una tarea única desde muy temprana edad para lograr el éxito. Pero ningún genio fue un especialista temprano. El tenis no fue el primer deporte de Federer, Einstein empezó tarde su carrera académica y Keynes no se preparó para inventar la macroeconomía.

En un mundo cada vez más especializado los que tienen más chances de triunfar son los generalistas. La experiencia no crea habilidades en tareas que involucran al comportamiento humano y donde los patrones no se repiten, la repetición no causa aprendizaje.  En dominios donde las reglas son incompletas, el aprendizaje repetitivo refuerza las lecciones incorrectas.

Volviendo a los niños, quizás lo más sano sea dejarlos madurar en su vocación y no obligarlos a escoger una profesión antes de que puedan desarrollar su espíritu astuto. La sociedad necesita más que nunca de quienes pueden distinguir lo relevante de lo que no lo es.

No hay que imponer una idea, no se trata de hacer lo que uno cree que hace falta sino escuchar la realidad y diagramar lo que uno va a hacer con la intervención, de acuerdo a la percepción de la realidad. Los buenos proyectos nacen de haber sabido escuchar a la realidad. Es lógico no ser políticamente correcto. Cuando alguien trabaja por la elección siguiente y no por el impacto que tiene que generar. Hay algo muy fuerte que une, son los objetivos de cada uno de los proyectos.

Neurosis de amor y odio

El complejo de Edipo trata sobre deseos en pugna, por un lado el niño ama y admira a su padre, por otro, quiere ocupar su lugar. Coexiste, sin vencedores ni vencidos, la ambivalencia de amor y odio hacia el mismo objeto. Para socializarse la reprime pero no desaparece: Lo reprimido estará presente en cada elección afectiva.

En la vida sentirá amor, admiración e identificación a la par que hostilidad, odio, deseo de aniquilar. La contradicción entre la lógica y el deseo producirá congelamiento, duda e indecisión. Pero la comprensión disminuye la angustia, ayudar a transitar la crisis y a convertirla en amor, el motor que está presente en las grandes obras.

Las tres ranas

Un cocinero atrapó dos ranas. Lanzó una a la sartén con agua hirviendo, pero la rana saltó y se escapó. El cocinero colocó a la segunda en una olla con agua fría y la puso a calentar a fuego lento. La rana sintió la agradable sensación sin advertir el peligro, se durmió, murió hervida y el cocinero se la comió. Una tercera rana más racional, se dejaría llevar al principio por la atracción del agua tibia, esperando el momento oportuno para saltar

Nosotros creamos el hábito que luego nos crea. La sociedad de consumo brinda un radar para imitar a ricos y famosos. La brújula interior permite saltar del círculo vicioso. Verdi sobre el secreto de su longevidad creativa dijo: toda la vida busqué la perfección pero no la pude hallar. Saltemos porque no hay vientos favorables para los que no saben a dónde quieren llegar.

Darle feedback a la realidad

El feedback con la realidad, impide que el error se transforme en hábito. Conocerse es la clave para liberar el empowement o poder interior que es el 50% del poder inteligente. El otro 50% son los métodos que constituyen la mayor riqueza del hombre.

Actuando en equipo, la razón y la voluntad se complementan. Tenemos dos hemisferios cerebrales, dos piernas, brazos y manos, dos ojos y orejas pero una sola lengua. Es para escuchar el doble de lo que decimos. Elliot se preguntó  por el conocimiento que se perdió con la información y por  la sabiduría se perdió con el conocimiento.

El escorpión le pidió a la rana que lo ayudara a cruzar el río. La rana se negó por su mortal picadura. El escorpión le dijo que no debía temer porque si la picaba el también perecería. Calmada con palabras razonables lo ayudó pero sin embargo el escorpión la picó. Cuando ambos padecían cada cual su propia muerte, la rana increpó al escorpión por su locura, a lo que este respondió que no pudo sustraerse a la tentación, porque esa era su naturaleza.

La rana se dejó engañar por el conocimiento lógico de las palabras falsas le faltó sabiduría que suma al conocimiento la experiencia de vida. El autoconocimiento de nuestras debilidades y de las amenazas es tan importante como el de nuestras fortalezas y oportunidades.

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Las estaciones de la vida

No importa tener más, sino el desarrollo, lo que hacemos con eso. Al cerrar una etapa hay que pasar a otra, tomar otro tren ante cada crisis. El peligro es detenerse.

El abuelo, lejos del trabajo, sería el maestro natural de sus nietos. Pero lo llevan al geriátrico y a sus nietos a la guardería. En el geriátrico aparecen las enfermedades, se pierde su capacidad de haber visto toda la película de la vida y de enseñar sobre ella. El abuelo se convierte en sabio o le llega la senectud acelerada, preanuncio de la muerte, que los jóvenes no aceptan.

Sólo el que tiene un proyecto, se aleja de la muerte. La muerte está tan lejos como la esperanza. Desperdiciamos a nuestros ancianos, que son nuestra “biblioteca nacional”. Nuevamente la lógica materialista desperdicia una oportunidad de mejorar la vida social.

Smart power o poder inteligente

El poder inteligente es querer con eficacia. El poder duro – hard power- es la fuerza bruta. El poder blando – soft power- atrae por la bondad de la política.

Al burro se lo maneja acercando la zanahoria al hocico o con el palo en el trasero.

El hombre se mueve por motivaciones: fe, ética, valores – más fuertes  que el incentivo mecánico-. El cerebro tiene el poder duro de la razón -hemisferio izquierdo- y el poder blando de la emoción en el derecho. El poder inteligente los asocia.

El poder duro es racional, opera con palabras y conceptos. El poder blando es emocional, procesa imágenes e ideas. El poder duro es estratégico, busca el objetivo, el poder blando es intuitivo, las ideas le vienen de golpe. El hemisferio izquierdo domina, realiza la tarea pesada, obtiene información, actúa con lógica, practicidad y orden. El derecho calla, espera y se activa si sabe lo que quiere. Si prevalece la fuerza bruta no se combinan los poderes y el cerebro trabaja al 10 % de su potencia.

Mente sana en cuerpo sano

Uno se enferma si el otro lo está. Lo destructivo es no saber enfrentar la enfermedad. El cuerpo ejecuta lo que piensa la mente, el intelectual lo hace con palabras y conceptos, el hombre de acción con personas y cosas. El “Creactor” los combina. Alinea los recursos en dirección a la meta. Entonces el cerebro fabrica endorfinas, el jugo de la inteligencia, y lo hace circular por las redes neuronales, creando oleadas de bienestar y de placer. Educar es obtener de nosotros lo mejor que tenemos.

El asno de Buridan, la rana hervida, el escorpión, el desperdicio de los abuelos y el miedo al fracaso, nos cuentan la misma historia, el hombre sigue siendo la cenicienta mientras florecen las neurociencias.

Lectura argumental

La lectura es constitutiva en el hombre, por eso Borges dijo que somos lo que somos  por lo que leemos. Aprender a leer con salidas que apoyan, atacan, o articulan, ayuda a generar una memoria argumental y la capacidad de juicio. El cerebro arrogante crea un vértigo simplificador que borra las diferencias e ignora las excepciones por insistir en la regla. El vértigo del especialista es que tiene un martillo y todo lo que ve le parece un clavo.

Lo mejor es un pensamiento que  vincule las partes para situarlas en un horizonte más amplio. La percepción sin el concepto es ciega el concepto sin la percepción es vacío. El cerebro sin memoria no puede pensar y sin lectura la memoria no puede aprender.

Darse cuenta

El cerebro es un todo superior a la suma de sus partes. No se puede pensar, crear ni aprender sin memoria. Así como aprender no es memorizar, tampoco pensar es razonar. Toda razón es pensamiento pero no todo pensamiento es razonamiento. Una memoria organizada es como un holograma donde se puede llegar al recuerdo desde cualquier punto.

 Dr. Horacio Krell CEO de ILVEM –  Horaciokrell@ilvem.com
4pasos.com

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