¿Vas a dar una entrevista con los medios? Conoce los 7 errores más comunes de fundadores y CEO, y cómo evitarlos para ganar credibilidad y cobertura.
Dirigir una empresa y lucirse frente a un micrófono son habilidades distintas. Hay líderes que dominan el directorio, negocian con inversionistas y salen airosos de una crisis, pero se descolocan cuando un periodista lanza la primera pregunta.
La buena noticia es que casi nunca se trata de falta de inteligencia ni de experiencia, sino de hábitos que se corrigen con preparación. Si estás por dar tu primera entrevista con los medios, o quieres que la próxima te deje mejor parado, estos son los siete tropiezos más frecuentes y la manera de esquivarlos.
El análisis parte de la experiencia de Amiee Watts, especialista en relaciones públicas que ha entrenado a ejecutivos del sector financiero y de otras industrias profesionales, y lo publicó en Entrepreneur.
1. Creer que tienes que saberlo todo
Muchos ejecutivos sienten que deben tener una respuesta para cada pregunta. No es así. Incluso cuando el tema toca tu industria, puede quedar fuera de tu especialidad real.
Si te pasa, no improvises: reconoce el límite y ofrece una salida. Puedes decir que no eres la persona indicada para opinar sobre eso y proponer que otro miembro de tu equipo lo explique, o aclarar que ese punto escapa a tu área y centrarte en lo que sí dominas. Los periodistas no esperan que lo sepas todo; esperan que sepas de lo que hablas.
Eso sí: negarte a especular no es lo mismo que esquivar una pregunta incómoda sobre tu propio negocio. Evadir lo difícil es lo que realmente desgasta la confianza.
2. Dar demasiadas vueltas antes de llegar al punto
Es un clásico: el periodista hace una pregunta simple y el entrevistado responde con cinco minutos de contexto, salvedades y detalles. Cuando por fin llega a la idea central, el reportero ya se distrajo o se quedó sin tiempo.
La regla es empezar por el titular. Responde en una o dos frases y detente. Si el periodista quiere profundizar, recién ahí suma una anécdota o un ejemplo que ilustre tu punto. A los medios les encantan las buenas historias, pero no las entierres bajo capas de explicación.
Pregúntate esto antes de hablar: si el periodista recuerda una sola frase de toda la conversación, ¿cuál quieres que sea?
3. No preparar tres mensajes clave
Antes de cualquier entrevista con los medios conviene definir qué quieres que quede en la nota. Y la cifra ideal es tres mensajes, no diez ni quince. Pueden hablar de tu empresa, de tu experiencia, de tu producto o del tema que se discute.
Un buen ejercicio es preguntarte qué tres ideas tuyas deberían sobrevivir a la edición. Si el periodista te llama de sorpresa y con prisa, es razonable pedirle unos minutos para devolver la llamada y ordenar tus ideas, siempre que su hora de cierre lo permita.
Preparar no significa memorizar un guion. Significa saber qué importa antes de que empiece la conversación y reforzarlo con naturalidad a lo largo de ella.
4. Usar jerga y subestimar al periodista
Las finanzas, la salud, la biotecnología y otros sectores especializados están llenos de siglas y tecnicismos. Que para ti sean cotidianos no significa que el reportero los conozca.
Una buena prueba: explica tu idea como si se la contaras a un familiar en la mesa. Si tu mamá, tu abuela o un niño de diez años no la entenderían, simplifícala.
Y no confundas desconocimiento con falta de inteligencia. Los periodistas cubren muchos temas a la vez y casi siempre con plazos ajustados. Esa pregunta que a ti te parece obvia puede ser justo la que necesitan sus lectores. Tú eres el experto: ayúdalos a entender.
5. Convertir la entrevista en un comercial
Una entrevista no es una presentación de ventas. El periodista no está ahí para escuchar lo extraordinaria que es tu empresa, sino para reunir información, contexto y puntos de vista que enriquezcan su historia.
Frases como “somos los mejores del mercado” o “ofrecemos un servicio inigualable” no aportan nada y, además, restan credibilidad. En lugar de eso, comparte un dato que sorprenda, explica una tendencia emergente, ofrece una mirada distinta o cuenta un caso real.
Está bien presentar a tu empresa, pero sin secuestrar la conversación. Las mejores fuentes son las que mejoran la historia del periodista, no las que hacen más grande su propia marca.
6. Afirmar cosas que no puedes respaldar
Las estadísticas sin sustento, las exageraciones y las predicciones demasiado seguras dañan tu reputación rápidamente, sobre todo cuando se habla de mercados, economía o cualquier tema donde los pronósticos son inciertos por naturaleza.
Si citas una cifra, sabe de dónde salió y ten lista la fuente. Si haces una proyección, deja claro que es tu opinión y no un hecho comprobado. Y si no tienes la respuesta, dilo sin drama: decir que no tienes ese dato a mano y que lo verificarás para enviárselo después es perfectamente válido.
Los periodistas recuerdan a las fuentes en las que pueden confiar. No les des motivos para dudar de la tuya.
7. Olvidar que todo lo que dices puede publicarse
Cuando hablas con los medios, asume que todo está “on the record”: los comentarios casuales, las observaciones al pasar y hasta lo que dices antes o después de la entrevista formal.
Mucha gente malinterpreta qué significa hablar “off the record” o cree que puede declararlo después de haber soltado la información. No funciona así: ese tipo de acuerdo debe pactarse de forma mutua antes de compartir el dato. Lo más prudente es evitarlo, salvo que exista una razón de peso y las condiciones estén clarísimas.
La regla de oro es sencilla: no digas nada que no te sentirías cómodo leyendo en un titular o escuchando repetido en público.
Checklist rápido antes de tu próxima entrevista
- Define tus tres mensajes clave.
- Prepara una respuesta de una o dos frases para las preguntas más probables.
- Ten a mano la fuente de cada cifra que vayas a mencionar.
- Traduce tu jerga a un lenguaje cotidiano.
- Piensa en un ejemplo o anécdota real que respalde tu punto principal.
Las mejores entrevistas son conversaciones, no actuaciones
Una entrevista con los medios exitosa no consiste en demostrar cuánto sabes, responder todo a la perfección ni buscar cada oportunidad de promocionar tu negocio. Se trata de ser una fuente creíble, informada y útil.
Los mejores voceros se preparan sin sonar ensayados, aportan ideas en lugar de publicidad y saben cuándo dejar de hablar. Al final, ser citable no depende de decir más, sino de tener algo valioso que decir y saber expresarlo con claridad.










