Buenos Aires reina en el bullicio y en la intemperie. Bajo las ininterrumpidas lluvias de marzo que colapsan las calles de pilotos y paraguas, interrupción de servicios y taxis ocupados, papeles importantes que llegan a los claustros de las oficinas públicas, mojados, con gotas presentes de la naturaleza viva, detrás de las ventanas. Anticipa el otoño con aluviones de mariposas que vuelan a los costados del camino. Acompañando el andar racional de los hombres, acercándoles sus alas para alivianar el paso acelerado propio de esta época del año. En la que el trabajo se acrecienta, y las corridas con él. Los niños comienzan la escuela y entonces las plazas se colman de guardapolvos blancos y yumpers. De bullicio viviente.
En estos tiempos de cuadernos nuevos, Buenos Aires reconstruye el fulgor de sus costumbres, invita a más y más gente que se anestesia con sus noches porteñas, sin las sombras de otros pasos apurados. Paseos en el centro de una Buenos Aires que, con su corona puesta, hace lo que poco se prioriza y se maltrata: la diversidad cultural toma la delantera en las prioridades del pueblo, y ofrece demasías a los turistas y a los porteños, persuadiéndolos con sus shows de tangos en alguna vieja confitería de techos altos, orquestas, obras de teatro, hippies en las calles armando artesanías invalorables, paso a paso, pincita y alambre. Paso a paso, pincita y alambre, la vida de muchos progresa y se proyecta sobre el cemento y la intemperie. Paso a paso, humildad y logro, la vida de los porteños se embellece en los escenarios que nos hacen reyes de a momentos, patriotas colapsados por sus ruidos en otros. Terratenientes y vasallos. Pero siempre queriendo crecer. Y así, allí, y aquí, en el centro, en la periferia, y en los barrios, Buenos Aires se confunde entre calores altos, tormentas y granizos, para instalarse sobre el veintiuno del almanaque y mostrar la caída de las diapositivas del otoño, el desprendimiento vertiginoso de la hoja de su rama que se deja llevar, finalmente, al son de las voluntades del viento. Y el árbol se renueva. De pie con Buenos Aires, se desnuda para volver a ser verde, íntegro. Lleno de esperanzas.
* Gisela Mancuso. Abogada, redactora, escritora, ganadora de numerosos concursos literarios. [email protected].
autora del libro "Abrazo mariposa": http://ar.geocities.com/abrazomariposa/abrazomariposa.html
Fundadora del grupo de escritura: "El nombre de las palabras" http://ar.geocities.com/abrazomariposa/elnombredelaspalabras.html









