“Ve. Sé digno de ser. Y no vuelvas hasta entonces”.
En la película Ser digno de Ser.
Entre los innumerables vericuetos y justificaciones en los que buscamos razón de “ser” a nuestras actitudes y fallas presentes, tal vez logramos reconocer el más poderoso de los nudos y ataduras que como un puente ligan nuestra dignidad a nuestra experiencia y comprendemos que esa soga más o menos fuerte que persigue en rectas, atajos y curvas la línea cronológica de nuestra historia tiene dos extremos y un camino: el comienzo de nuestra vida y el pasado, el presente y el resto que culmina con un final de tiempo indeterminado.
A veces, asumiendo el hoy como ese día en el que debemos concentrarnos para vivir, no podemos usar nuestra potencial energía para ganarle a la fuerza del primer extremo de la soga, que pide otra vuelta, que aclama por una costumbre, que nos insiste persuadiendo a nuestra emociones para que volvamos, que retrocedamos hasta eso que nos hacía felices para revivirlo, o a eso que nos hizo daño para remediarlo. Sin embargo, a eso se lo llama retorno. Y al camino transitado, crecimiento.
Entonces, no sin aprender a resignificar hechos, no sin abrigar nuestra esperanza para los días venideros a partir del reconocimiento de que sí existe la felicidad –porque fue nuestra-, emprenderse y con ello emprender y proyectar, no pedirá una asunción: no existe retorno, pero existe la reparación; no es aconsejable para nuestros proyectos pensar en éxitos y fracasos precedentes y sí, en cambio, sentir que hoy tenemos esa cuota de dignidad que nos hace humanos – desde ya ganadores- y con la que podemos ver el resto de la soga intercalada con hilos brillosos, y una flecha que nos pide que avancemos, so pena de habernos rendido anto lo que ya sucedió.
Así, no sin dificultad, no sin treguas, no sin perdonar, no sin agradecer, la soga solo será una metáfora, y nada nos amarrará más que el deseo de ser libres y con ello de seguir construyendo, de seguir planificando y mirando metas-horizontes, con la certeza de que aún muchos soles nos están esperando. Y sólo retornar para darnos cuenta que, a pesar de todo, siempre pudimos seguir andando, y siempre pudimos hacerle frente o negociar con los fantasmas/obstáculos que nos condicionan para emprender.
En esto, no somos solos, decir que estamos y que crecemos y duele, significa que todos estamos unidos para tirar de la soga hacia el lado del presente, y ganarle una humilde batalla a las dificultades que como ecos de lo transcurrido no nos dejan hacer ahora.
De manera que, retornemos solo cuando hayamos comprendido que siempre podemos dar más de nosotros, y que todos los horizontes que alcanzamos son indicios de una multiplicidad de horizontes que nos esperan.
Y que emprender tal vez no sea otra cosa que entender la vida y practicarla, creciendo en ella. Sin retornos.
* Gisela Mancuso. Abogada, redactora, escritora, ganadora de numerosos concursos literarios. [email protected]. Autora del libro "Abrazo mariposa": http://ar.geocities.com/abrazomariposa/abrazomariposa.html Fundadora del grupo de escritura: "El nombre de las palabras" http://ar.geocities.com/abrazomariposa/elnombredelaspalabras.html









