¿Qué queremos decir cuando sentenciamos que no podemos hacer algo? Queremos decir que tenemos miedo, que “no nos sentimos capaces” de concretarlo, que estamos inseguros para comenzar a llevarlo a cabo sin retroceder unos cuantos pasos cuando estamos a una huella de intentarlo. Tal vez lo que queremos decir es que no tenemos el poder, y es aquí donde pretendemos detenernos para meditar acerca de cómo estamos necesariamente condicionados por la falta de aquel, cómo la sociedad y sus instituciones se desenvuelven en el marco de relaciones de poder.
En este sentido, es evidente en los casos en que las mismas instituciones públicas, confieren “poder” a determinadas personas para que administren un organismo o un Estado, aunque el ejercicio negativo de ese poder, en muchos casos –sino en todos- produce una repercusión que consiste en desapoderarnos.
Es corriente que hoy, en el marco de una etapa tecnológica y mal llamada progresiva, más que titulares de una ración de poder nos sintamos lo bastante impotentes como para no hallar más esperanza, como si el sistema de relaciones y actos de intercambio, y de derecho de acceso al poder, se viera coartado por una imposibilidad de elección, lo cual nos absorbe y nos remite a la obediencia estricta en pos de nuestra necesidad también estricta.
Entonces, como no es posible ser parte del mundo sin polemizar con él –porque no entendemos ni queremos entender cómo puede ser tan fácil alcanzar estadios de éxito sin haber caminado antes lo suficiente- esa cuota imprescindible de poder que precisamos para “poder hacer algo” y que ese algo sea reconocido, se traslada a acciones –que no avalamos, pero comprendemos- donde nos volvemos un poco chatos y mediocres para no poner tan firmemente los pies sobre una tierra que no nos valora, muy a pesar del esfuerzo, la dedicación y las ganas puestas al servicio de nuestras actividades.
Así adquirimos poder –y eso es lo que pretenden darnos no sin engañarnos lo suficiente- cuando sentados frente a una pantalla de televisión juzgamos y criticamos al patinador que, por un sueño, patina por su propio sueño de lograr un poder infundado que lo lleve a la cima y una cuenta bancaria pomposa; cuando deshollinamos nuestras propias frustraciones adhiriendo o rebatiendo lo que dicen o hacen los actores televisivos porque no podemos hacerlo en los ámbitos diarios donde ejercemos nuestros obligaciones por una delicada cuota de derechos. ¿Por qué? Porque no tenemos poder. Porque no tenemos poder si no somos dueños. Ni somos dueños si apenas se nos permite alquilar un departamento, una hoja de papel, y ninguna oportunidad. Tal vez los que así lleguen algún día a ejercer el poder positivamente, tengan la humildad de conferirlo a partir de un criterio un poco más abrazador que el interés. Tal vez el poder sea implícito, y su práctica no se denote sino a partir de la igualdad de oportunidades, de la posibilidad de acceder a los estadios del sistema sin otra condición que la idoneidad.
* Gisela Mancuso. Abogada, redactora, escritora, ganadora de numerosos concursos literarios. [email protected]. Autora del libro "Abrazo mariposa": http://ar.geocities.com/abrazomariposa/abrazomariposa.html Fundadora del grupo de escritura: "El nombre de las palabras" http://ar.geocities.com/abrazomariposa/elnombredelaspalabras .









