“En el castillo todo había enmudecido, nada se movía con vida. Péndulos y relojes repiquetearon hasta que su cuerda se acabó (…) En el transcurso del tiempo, el castillo quedó oculto con la maleza y fue olvidado de todo el mundo (…) El príncipe (…) entró, y cuando vio a todos los habitantes tendidos en las escaleras, en los pasillos, en el patio, pensó con horror que estaban muertos. Luego se tranquilizó al comprobar que solo estaban dormidos”.
La bella durmiente, Jacob y W. Grimm
Que tu despertador sea como un beso cada día, que no te duermas, ni te dejes dormir, que si estás dormido un proyecto te despierte, y la vida te enseñe esa varita mágica y única que diseñó para vos. Que todas las mañanas, al despertar, sientas que no por ser difícil vivir es más saludable y grato dormir para no ver. Cerrando los ojos, tapándonos bajo las sábanas, evitaremos, sí, que los fantasmas no nos acosen, pero nos perderemos de esos intervalos instantáneos y perfectos en los que la mirada parece estar dirigida por el pincel de los ojos. Hay un solo motivo para levantarse, todos los días, el único que te trajo aquí: tu existencia.
Que en tu despertar sepas ver que la realidad no es lo que nos muestran, sino esa que vos ves. Reconstruiremos nuestra cultura el día que abramos los ojos al unísono. El día en que llamemos “despiertos” a los que llevan su corazón debajo de la primera capa de la piel.
Que la vida te sorprenda, emprendedor, que nada te intimide a sumirte en el letargo profundo de un hechizo. Vos sos el timbre, vos sos la alarma, vos sos el sonajero, y solo vos sos el que puede despertarse. No sin hacerlo con fantasías, aún alternando la realidad con roces de construcciones, ficciones, que te disparen más y más ideas, más y más proyectos para llevarlos adelante. Para llevarte hacia delante.
El emprendedor deja sonar la alarma que lo despierta, da algunas vueltas hasta extraerle a la almohada todos los sueños que en ella alojó y, aunque ponga en práctica diversas estrategias para alejar el despertador cuando comienza a sonar, sabe que aunque lo apague para los cinco minutos adicionales, no se quedará dormido. No quiere estar dormido cuando la alarma sacuda su quietud y lo llame a saciar una vida que le pide movimiento. Porque la vida tiene la inquietud del hombre que es su dueño. Y su dueño, es un emprendedor que sabe que en su voluntad está la clave para despertarse. Es su alarma interior la que lo mantendrá despierto, muy a pesar (o gracias a) de las incertidumbres y ruidos con que andará su día. Porque sabe que aquello que quiere alcanzar es más poderoso que los fantasmas que lo detienen. Porque sabe que si los ve y dialoga con ellos puede llegar a un acuerdo: “Tú ve por allá, sígueme o ponte a mi lado, o colócate enfrente de mí, no te echo de mi vida, mas nada puedes hacer para convencerme de que no eres abstracto, invisible, imagen mental débil frente a la fuerza emocional de mi deseo. No voy a dejar que me duermas, nada ni nadie me convencerá de que despertar es una utopía. Yo soy mi camino y la verdad, la que mis ojos ven. Construiré un fantasma para que te acompañe a ti, miedo, duda, que me persigues. Andamos juntos, pero estaré tan separado de tí que no te darás cuenta hasta tanto cumpla mi sueño”.
No te duermas emprendedor, sube el volumen de tu reloj alarma para que todos los hombres se despierten. ¡Vamos! ¡Arriba! Que tenemos que vivir…Que es preciso y precioso estar vivo.
Porque los emprendedores tenemos varitas en las manos con que señalamos tantas veces como sea necesario esa maqueta donde está diseñado el emprendimiento.
Yo estoy despierta. Insisto. Mi varita está tozando una y otra vez las hojas en blanco que quiero llenar para desplegar mi arte. Y estoy despierta porque ustedes están despiertos. Somos una comunidad de seres. Estamos de guardia para nuestra organización invisible de cuidados intensivos. Estamos para nosotros y para los otros. Para emprender. Para apagar el despertador. Remolonear cinco minutos. Y levantarnos llenos de esperanzas hacia “el camino que los sueños prometieron a nuestras (sus) ansias”.
* Gisela Mancuso. Abogada, redactora, escritora, ganadora de numerosos concursos literarios. [email protected]








