En estos tiempos en los que emprenderse parece significar mostrarse, exhibirse, hacerse famoso en virtud de una exposición continuada en algún estudio de televisión; en los que soñar parece significar añorar la concreción de un acto de solidaridad que debería denotar la acción de un gobierno; en estos tiempos de viceversas; tal vez emprenderse signifique lo que un grupo lo suficientemente poderoso –y no tan numeroso- de emprendidos define como tal y, se transforma, por la autoridad simbólica de todo cuanto dicen en el significado socialmente aceptado, culturalmente incorporado en los diccionarios virtuales que se redactan en paralelo a los legítimos.
Tal vez la enorme cantidad de emprendedores, cuyo accionar diario eluden las cámaras de la televisión, sea parte de una mayoría luchadora que ha creído siempre que crecer y proyectar es cuestión de esfuerzo y tiempo, de talento y de acción talentosa continuada, y que no depende tanto de cuánto uno logra mostrarse o hacerse público sino de cuán grande es la satisfacción al lograr un avance y -con él- un reconocimiento de las virtudes de su empresa.
Y tan lejos –y a ningún lado- se ha llegado que parece ser que solo existen los que están expuestos a algunos minutos de nervios frente a una cámara –aunque sólo sean marionetas de una explotación sublimada-, y no los que andan el camino expuestos a intranquilidades constantes y desafíos permanentes frente a los actores sociales que deben conquistar para que su proyecto sea una empresa, y para que su empresa sea reconocida.
La realidad no es la que muestran los medios (en algunas circunstancias es una suerte que no sea tan pobre). Suele ser un tanto más fructífera y un tanto más difícil. Y llegar a emprenderse suele depender de un proceso de planificación, dudas, miedos, acciones y riesgos que no siempre conducen al éxito, que a veces nos piden un nuevo intento.
Sin embargo, como la vida misma es sustancialmente diversa a lo que se muestra en los supuestos shows de realidad, y como supo Hegel adelantar en su visión de la dialéctica implícita en la relación amo-esclavo, no depende tanto el súbdito del rey, como el rey del súbdito, por cuanto el uno es amo y ordena hacer sin saber cómo se hace lo que ordena y el otro obedece pero, aún sin su ‘dueño’, siempre sabrá cómo hacer y cómo manejarse.
Por eso, ser rey o reina de la noche a la mañana, no es tan operativo como ser emprendedor o emprendedora día a día y en cada momento.
Desde este punto de vista, emprenderse parece significar una filosofía de vida y un modo de acción que goza de estabilidad en tanto –como una carrera que se aprende paulatinamente- nos brinda conocimientos que se incorporan y que siempre nos serán útiles sea cual fuere el actor social con el que interactuemos; y por sobre todas las cosas, nos mantendrá al volante de nuestros merecidos progresos sea cual fuere el concepto de realidad que nos impongan.
* Gisela Mancuso. Abogada, redactora, escritora, ganadora de numerosos concursos literarios. [email protected]. Autora del libro "Abrazo mariposa": http://ar.geocities.com/abrazomariposa/abrazomariposa.html Fundadora del grupo de escritura: "El nombre de las palabras" http://ar.geocities.com/abrazomariposa/elnombredelaspalabras.html








