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La Retromanía

La primera década del siglo XXI no produjo las novedades que se esperaban. La demanda de viejos productos  es tan grande que se habla de retromanía, la fiesta del recuerdo sin fin.

“Reynolds el autor del libro Retromanía, se pregunta si la nostalgia obstaculiza la capacidad de avanzar, o si somos nostálgicos porque la cultura dejó de avanzar y miramos atrás en busca de momentos mejores. Pensando en los primeros diez años del siglo xxi la palabra que viene a la mente es chatura, como que no hubiera ocurrido nada importante”.

La publicidad amplifica el fenómeno. Como el film “Volver al Futuro”,  revolver fotos de los años 70 nos hace sentir las sensaciones mágicas que experimentábamos. Y si fuimos felices ese sentimiento se potencia. El deseo de retornar al pasado atraviesa la cultura.

En este mundo tecnológico pero incierto se necesita volver a lo conocido, a lo que da seguridad, a la sabiduría de la abuela, a lo hecho a mano. Hoy que tenemos tecnología pero no tenemos tiempo, queremos volver a una vida más simple, que equilibre las exigencias que nos agobian. Volver al pasado para darle sentido a lo que pasa demasiado rápido.

Las ideas surgen de recombinar lo que tenemos, de rescatar de la historia lo que nos permita hoy construir ese futuro que no existe y que por lo tanto debemos inventarlo.

Regresar a las ideas que hicieron furor años atrás no implica que hoy no existan buenas ideas. Lo moderno pasa de moda y da lugar a lo nuevo, que es tan efímero como lo anterior. Es el signo de la modernidad,  no usar y tirar sino es reciclar. Se multiplican los proyectos verdes. Se desconoce si la retromanía llegó para quedarse o si será una moda más.

Obsolescencia planificada. Las cosas de hoy se rompen más rápido. La sociedad de consumo exige que el consumo no se detenga y uno no llega a encariñarse con nada. Comprar cosas viejas es como retroalimentarse de la infancia, tiene valor afectivo.  Lo retro rompe con la idea de que las cosas tienen fecha de vencimiento.  En los tiempos de la producción serie y de lo descartable, la gente está revalorizando el pasado. Los diseñadores se inspiran en reminiscencias para revivir sentimientos muy intensos. Más que una tendencia se ha convertido en un estilo de vida propio, un estilo único y personal.

Estar aquí ahora. Fue el slogan de los 60, la década que rompió con todo. El rock. La píldora. El Mayo francés. La primavera de Praga. El Che Guevara. El existencialismo. El hippismo. La minifalda. Todos querían vivir sin nostalgias y quizás explica tantos revivals de esa época, por el atractivo de ese espíritu de inmersión en el presente. Los sesenta se movían rápido y miraban al futuro, pero hoy son la mayor fuerza generadora de cultura retro. Cautiva nuestra imaginación porque encarnó la más grande irrupción de lo nuevo en el siglo XX y  devino con el tiempo en  su opuesto. Es como si no pudiéramos superarla.

La sobreabundancia de imágenes del pasado, por la irrupción de las nuevas tecnologías, nos convirtió  en arqueólogos archivistas. Como nunca en la historia, el acceso a lo que ya pasó es simple, barato y cercano. No hay que ir a bibliotecas, museos, viajar o sacar fotocopias. La comodidad del archivo digital es adictiva y contribuye a esta obsesión por volver atrás que no deja tiempo para nada. El Mp3 facilitó la cosa. Nada de comprar discos para decorar paredes. Hasta las joyas más apreciadas por los coleccionistas neuróticos se consiguen hoy.

Las fotos. Hay millones de tomas, algunas antiquísimas. Y lo sorprendente es que las nuevas también pueden hacerse parecer viejas. Hay aplicaciones tecnológicas que permiten darle a fotos ultra modernas el formato de la vieja Polaroid. La sobreabundancia del pasado es producto de las nuevas tecnologías (Mp3, iPod, YouTube, blogs, MySpace, Spotify, etc.) Parece haber convertido a artistas y oyentes en arqueólogos, profanadores y archivistas.

Si de tanto buscar nos quedemos sin pasado ¿quedará algo en qué sustentar nuevos formatos del futuro ¿O el reciclado degradará el original hasta que no se le pueda extraer valor? Nunca antes una sociedad ha estado tan obsesionada por su pasado inmediato. Retromanía es el examen de la fiebre por lo retro y la incógnita es si sentenciará a muerte a la originalidad o pondrá a nuestra disposición viejos recursos de búsqueda y creación.

Deconstrucción. Como pensó Derrida lo que sabemos lo deconstruimos,  lo analizamos y reconstruimos para entendernos mejor.  Mezclar la práctica del presente con teorías del pasado genera potenciación y sinergia. El goce es un concepto referente al disfrute.

Cuando se abre un nuevo camino, con el tiempo, lleva a un callejón sin salida que, para evitar el estancamiento,  vira pero lleva a un nuevo callejón sin salida. Este proceso tiene que ver con las contradicciones de ofrecer una revolución como mercancía (grabaciones) o espectáculo (recitales). Siempre habrá explosiones que parecen abrir posibilidades. Pero se  volverá a caer en su mercantilización, como un nicho en el mercado de bienes culturales.

En búsqueda del tiempo perdido. Casi todo el mundo sintió alguna vez un aroma y se perdió en un ensueño lejano, el olor de pan recién hecho por la abuela o un  perfume que retrotrae a la escuela secundaria.  Investigadores de Utrecht  en un experimento sobre cognición y emoción, demostraron que después de la exposición a un suceso memorable, los recuerdos son más vivos cuando hay un olor asociado. Marcel Proust  cuenta una historia sobre la influencia de los estímulos psicofísicos en la evocación

 “Me llevé a los labios una cuchara de té en la que había echado un trozo de magdalena. En el instante que  tocó mi paladar, me estremecí, algo extraordinario ocurría en mi interior. Un placer delicioso me invadió, sin darme cuenta de cuál era la causa y convirtió las vicisitudes de la vida en indiferentes, sus desastres en inofensivos y su brevedad en ilusoria, del mismo modo que opera el amor como una esencia preciosa. Esa esencia no es que estuviera en mí, es que era yo mismo. Dejé de sentirme mediocre, contingente y mortal. ¿De dónde podría venirme esa alegría y qué significaba? ¿Cómo aprehenderla? Bebo un segundo trago, que no me dice más que el primero; y un tercero, que ya me dice un poco menos. Pido a mi alma un esfuerzo más: que me traiga otra vez esa sensación fugitiva. Vuelvo a ponerla cara a cara con el sabor reciente del primer trago de té y siento estremecerse en mí algo que quiere elevarse, que va ascendiendo lentamente; percibo la resistencia y el rumor de las distancias que atraviesa. Enfrento la cobardía que me llama a retomar mi vida cotidiana y de pronto el recuerdo surge. Ese sabor es el que tenía el pedazo de magdalena que mi tía me ofrecía, después de mojado en su infusión de té. Hay un entretenimiento japonés de meter en una vasija pedacitos de papel, que al mojarse se estiran, toman forma, se colorean y se convierten en flores, en casas, en personajes. Así todas las flores de mi jardín y del parque, la gente del pueblo, sus viviendas chiquitas, la iglesia y el pueblo entero que toma forma y consistencia, salen de mi taza de té”.

La música y el olfato logran efectos mágicos sobre el cerebro, renuevan el espíritu para entrenar el alma, la mente y el corazón. Esto provoca milagros cognitivos.

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Cuando Creta dominaba Grecia, se sacrificaban periódicamente 14 jóvenes atenienses. Minotauro medio hermano de Ariadna era el verdugo. Teseo se ofreció para acabar con la bestia. Ariadna se enamoró de él y lo ayudó a entrar y salir del laberinto con un ovillo mágico de hilo dorado. Hoy se busca en el cerebro la punta del  hilo de Ariadna.

Los servidores de la mente. Uno trabaja,  el otro crea. Uno es razonable, y según Bernard Shaw se adapta al mundo, el otro es irrazonable y adapta el mundo a él. El poder inteligente – smart power – combina el poder duro – hard power – y el poder blando –softpower -. El primero es racional, opera con conceptos. El poder blando con imágenes. El duro apunta al objetivo, el blando es intuitivo, las ideas le llegan de golpe.
La ciencia pudo escanear al cerebro mientras piensa. Se vio que el izquierdo es analítico, objetivo, parcial, secuencial, frío, y realista (el de los ingenieros). El derecho es sintético, subjetivo, holístico, intuitivo, pasional, no lineal, imaginativo, y divertido (el de los artistas y los emprendedores). Lo que falla es el software que los conecta.

Einstein no pensaba con palabras. En la teoría de la relatividad se imaginó viajando en la punta de un rayo de luz. El poder blando enciende la chispa para que  concepto e imagen se fundan. Bernard Shaw concluyó: “el progreso depende del hombre irrazonable”.
Para optimizar el funcionamiento del cerebro es necesario descubrir la inteligencia especial en el marco de las inteligencias múltiples. El 50% es descubrir el genio interior el otro 50% es aprender a operar con eficacia.

EL ANCLAJE Es una técnica diseñada para acceder a nuestros mejores recursos o a los estados deseados, para aplicarlos en el momento en el cual los necesitemos.

Reflejo condicionado.  Es común que ante una comida apetitosa o al hablar de ella se nos haga agua la boca o empecemos a salivar. Pavlov era un médico ruso que observó que a su perro le bastaba oír los pasos de la persona que le traía la comida para salivar. Se le ocurrió que otro estímulo, como el sonido de una campana, podía provocar la salivación. Durante varios días repitió una secuencia: hacer sonar la campana y presentarle la comida. El perro comenzó a salivar al escuchar el sonido de la campana, aunque no hubiera comida.

El anclaje a los mejores momentos. Podemos, como hizo Pavlov, condicionarnos para mejorar nuestro rendimiento. Se trata alterar un estado de ánimo que nos deprime mediante un estímulo previamente seleccionado y practicado para generar el cambio.

Ejemplo: cuando se quiere estimular a un grupo en una fiesta patria, el himno o la bandera suelen ser  los estímulos adecuados. Un anclaje se instala a veces por azar o impuesto desde afuera, ya sea por la costumbre, por la publicidad o por los políticos. Podemos desterrar los anclajes negativos y retener o generar los positivos. El anclaje consiste en provocar el estado deseado asociándolo a un estímulo. Una vez memorizado se podrá reproducir a voluntad. Cuando la  intensidad del estado deseado es óptima, se presenta el estímulo, y se repite tantas veces como sea necesario hasta que se grabe. Por último se lo pone a prueba.

Ubíquese en el estado de ánimo que desearía tener, cuando alcance el punto de máxima intensidad intercale el estímulo, repítalo hasta que queden asociados, póngalo a prueba. Un mismo anclaje puede utilizarse en diversas situaciones, por el principio de que el éxito llama al éxito. Instalar estados es como instalar el software nuevo en nuestra computadora.

Para crear o modificar un estado hay que considerar todos los aspectos: mirada, voz, sensaciones, postura, respiración, piel, postura. Al comparar dos imágenes se puede eliminar la negativa, porque el cerebro suele asumir el ángulo positivo.

Transfiera al puño derecho la imagen positiva y al izquierdo la negativa.  Ahora vierta el contenido del derecho sobre el otro y observe si se produjo el cambio.

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Retromanía del anclaje. Primero: Recuerde un momento en que actuó de un modo excepcional y que le gustaría repetir. Segundo: Reviva con todos los sentidos la experiencia hasta sentirla intensamente. Vea, escuche, sienta, en plenitud. Tercero: Busque un lugar en su cuerpo donde guardar esa experiencia, por ejemplo en la oreja derecha. Cuarto: Ponga un dedo sobre la oreja derecha para instalar el ancla. Con los ojos cerrados debe percibir la experiencia en un estado de concentración. Quinto: Controle la calidad. Compruebe si el estímulo reproduce la experiencia, calibre hasta lograrlo. Sexto: Un ancla exitosa es el comienzo, se pueden sumar más recursos para tenerlos disponibles cuando los requiera.

Aprender a anclarse a los mejores momentos y a las mejores respuestas es obtener los recursos de una batería interna que se recarga con cada experiencia. Aprender a usar el cerebro es mejor que dejarlo en piloto automático sin darle dirección. Como dijo Séneca: no existen vientos favorables para el que no sabe a qué puerto quiere llegar.

Los experimentos de Pavlov fueron en 1900. Las primeras teorías de la comunicación le dieron a los medios un poder de manipulación enorme, sobre una sociedad incauta. La teoría de la aguja hipodérmica suponía que ante el mensaje de la propaganda la respuesta pavloviana era la de un animal domesticado, una secreción psíquica.

Hoy el contexto de masas es otro y las personas y las audiencias evolucionaron. Ya no salivan de manera automática y descontrolada, la fidelidad perruna de las audiencias es cosa del pasado aunque suene con más fuerza la campana .

Déjà vu. ¿Cuántas veces nos sorprendemos por  algo que nos suena muy familiar, como si ya la hubiésemos vivido antes? El efecto déjà vu es un fenómeno que forma parte de una sensación de experiencia ya vivida, cuando en realidad es  nuevo y añade una confusión.

Se trata de una falla de la memoria donde intervienen la memoria a corto plazo que percibe los sucesos del presente y la memoria a largo plazo que reconstruye el pasado. Por la falta de conciencia muchas veces el recuerdo se deforma y da lugar a crisis de interpretación. La retromanía puede ser una virtud o un estado alterado de conciencia.

Pensamiento reproductivo o productivo. Mientras Julio Verne creo libretos que concretaron las siguientes generaciones, Jobs ejecutó el futuro que imaginó y el mundo se enteró así de lo que necesitaba. Para Aristóteles, cada vida es un viaje desde la estación inicial de la posibilidad hasta la estación terminal donde se completa. Jobs al transformar el mundo, nos tentó a imitarlo. Su vida es un caso práctico de creatividad.

Ante los problemas tendemos a aplicar soluciones del pasado. Pero un problema es algo nuevo y la memoria no ayuda a resolverlo. IBM, basada en el pasado, creyó que no existía mercado para las PC. Entonces llegó Jobs un genio visionario con pensamiento productivo.

En 1997 volvió a conducir Apple, cercana a la bancarrota y vio su potencial.  Explotó el diseño, revitalizó la marca, generó productos móviles que solucionaron problemas del futuro. No se puede conducir un auto mirando por el espejo retrovisor. Hace 25 años vio lo que hoy está pasando. Desarrolló productos portátiles de entretenimiento que dispararon el valor de las acciones de su compañía. Redefinió el lenguaje corporativo de comunicación: calidad antes que rentabilidad, impecable atención al cliente y altos nivel de satisfacción.

¿Si Jobs viviera la nueva aplicación de mapas del iPhone 5 hubiera fracasado tanto? Jobs ya no está respirándole en la nuca a su gente. Hoy Apple es una empresa exitosa, eso suele ser un jaula de oro, esas empresas no hacen nada que parezca peligroso. Protegen a sus vacas lecheras. Así se vuelven vulnerables ante nuevos competidores sedientos de gloria que buscan  crear algo nuevo en vez de exprimir el pasado.  Pese a su genialidad es difícil que Jobs hubiera podido impedirlo. Es la naturaleza del capitalismo, lo que Shumpeter llamó destrucción creativa. Mientras los viejos se defienden emergen nuevos rivales con mejores ideas. La educación es la industria pesada de un país porque fabrica ciudadanos.

La perspectiva del futuro brinda el punto de llegada, la información brinda la interacción con el medio. El feedback con la realidad evita que un error se convierta en hábito. Hay que tener cuidado con buscar lo que siempre resultó porque las cosas cambian y  nada fracasa tanto como el éxito. Para asegurar su inmortalidad el hombre deberá seguir haciendo algo original, cultivar su esencia, su capacidad de conocer, comprender, crear y  transformar. No podemos decidir la dirección del viento, pero podemos preparar las velas.

Dr. Horacio Krell. CEO de Ilvem. Dicta conferencias gratuitas sobre métodos para optimizar la inteligencia. Su mail de contacto es horaciokrell@ilvem.com

4pasos.com

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