Con solo 13 años, Ryan Hulance transformó el reciclaje de latas en un negocio social que ya recaudó USD 24.000. Historia, cifras y su proyección a futuro
Con apenas 10 años, este emprendedor social de Solihull, Inglaterra, transformó una idea sencilla —pedir latas usadas a los comercios de su barrio— en una empresa de interés comunitario que hoy mueve 20.000 envases por semana y sostiene bancos de alimentos y organizaciones benéficas.
Hay historias de emprendimiento que empiezan en una cochera con una idea ambiciosa y poco capital. La de Ryan Hulance empezó en el garage de su casa, en Solihull, un municipio cercano a Birmingham, Inglaterra, con una pregunta simple hecha puerta por puerta a los comercios de su barrio: ¿guardarían sus latas de aluminio en lugar de tirarlas? Tres años después, esa pregunta se convirtió en We Can CIC, una empresa de interés comunitario que ya recicló alrededor de 1,5 millones de latas y canalizó cerca de 18.000 libras esterlinas —unos 24.000 dólares— hacia bancos de alimentos y organizaciones benéficas.
El caso de Ryan interesa a emprendedoresnews.com porque condensa, en la escala de un adolescente, los mismos principios que mueven a cualquier startup: detectar un problema real, construir una red de proveedores, reinvertir en capacidad operativa y medir el impacto. La diferencia es que aquí el retorno no se mide en valuación, sino en toneladas de aluminio que dejan de ser basura y en comidas que llegan a quienes las necesitan.
De la crisis de basura de Birmingham a una idea de negocio
El proyecto nació en 2023, en medio de una huelga de empleados municipales que agravó la acumulación de residuos en Birmingham. Ryan, que entonces tenía 10 años, decidió actuar sobre dos frentes a la vez: reducir el aluminio que terminaba en los vertederos y generar fondos para personas en situación de vulnerabilidad. Empezó contactando negocios cercanos a su casa para pedirles las latas que ya no necesitaban.
En los primeros meses, la operación recolectaba apenas unos cientos de latas por semana, almacenadas en la casa familiar. Para ahorrar espacio, la familia las aplastaba pasando el auto por encima en el garage. Ese detalle, casi anecdótico, resume bien el espíritu «lean» de cualquier emprendimiento en etapa temprana: resolver con lo que hay a mano antes de invertir en infraestructura.

Evolución estimada del volumen de recolección semanal, a partir de los hitos difundidos por SWNS, BBC e Infobae.
El modelo de negocio: red de proveedores y reinversión
El crecimiento de We Can CIC siguió una lógica muy parecida a la de cualquier cadena de suministro. Hoy la red incluye alrededor de 200 proveedores habituales entre comercios, empresas, escuelas y vecinos que separan sus latas para Ryan. Ese volumen permite recolectar cerca de 20.000 envases por semana, que luego se venden a chatarrerías especializadas en reciclaje de aluminio.
Un punto de inflexión llegó en 2025, cuando el Birmingham Airport Community Trust Fund otorgó una subvención de 5.000 libras esterlinas a We Can CIC para ampliar su capacidad de procesamiento. Con ese apoyo, y con una máquina industrial de prensado donada a la familia, Ryan pudo pasar de acumular bolsas de latas sueltas a producir fardos de metal compactado, mucho más eficientes de transportar y vender.
El negocio funciona, además, como una empresa de interés comunitario (Community Interest Company o CIC, por su sigla en inglés), una figura legal británica pensada para organizaciones cuyo fin principal es el beneficio social antes que la ganancia privada. Esto le permitió a la familia formalizar la actividad sin transformarla en un negocio con fines de lucro personal: todos los ingresos, descontados los costos operativos, se destinan a bancos de alimentos y causas benéficas.
Los números detrás de la historia
En sus tres años de historia, We Can CIC acumuló cifras que superan lo que muchas pequeñas organizaciones logran en un tiempo similar. Solo el último año, la iniciativa reciclaba en promedio más de una tonelada de latas por mes, con picos que su familia asegura poder superar ampliamente si consiguen más capacidad de procesamiento.

Cifras acumuladas 2023-2026. Fuente: SWNS, BBC, Infobae, Cronista, El Imparcial y Good News Network.
Para dimensionar el esfuerzo: procesar ese volumen de latas le insume a Ryan hasta 20 horas semanales, repartidas entre las tardes después del colegio y los fines de semana. Es, en los hechos, una segunda actividad a tiempo parcial sostenida por un adolescente que combina el trabajo operativo con la gestión de proveedores y la relación con las organizaciones donatarias.
Qué explica el éxito de We Can CIC
Tres factores explican por qué esta iniciativa escaló más rápido que un proyecto escolar típico. Primero, resolvió un problema doble y simultáneo —residuos y pobreza alimentaria— lo que multiplicó los motivos para que empresas y vecinos se sumaran. Segundo, construyó una red de proveedores estable en lugar de depender de campañas puntuales de recolección, lo que le dio previsibilidad al flujo de ingresos. Tercero, reinvirtió cada mejora de capacidad (la prensa industrial, la subvención del fondo aeroportuario) en volumen adicional, en vez de distribuir esas ganancias como excedente.
El propio Ryan resumió su motivación diciendo que quería ayudar a las personas y al medioambiente al mismo tiempo, y que la idea del reciclaje de latas simplemente despegó desde ahí, según declaró a la agencia SWNS.
Proyección futura: más allá de la tonelada mensual
El objetivo declarado de la familia Hulance es sostener y superar de forma constante el ritmo de más de una tonelada de latas recicladas por mes, un umbral que ya alcanzaron en los últimos meses pero que buscan volver rutinario. Para lograrlo, la hoja de ruta incluye tres frentes de trabajo:
- Ampliar la red de proveedores más allá de los 200 actuales, sumando residencias, escuelas y nuevas empresas como puntos fijos de recolección.
- Aumentar la capacidad de prensado y almacenamiento, para procesar mayores volúmenes sin depender exclusivamente del trabajo manual de la familia.
- Diversificar las organizaciones beneficiarias, extendiendo el apoyo más allá de los bancos de alimentos hacia otras causas sociales de su comunidad.
La familia también apuesta a que la iniciativa sirva como modelo replicable en otras ciudades británicas que enfrentan tensiones similares en la gestión de residuos. Si We Can CIC mantiene la curva de crecimiento de los últimos tres años, no sería descabellado que en el corto plazo supere las 2 toneladas mensuales y amplíe su radio de acción a municipios vecinos de West Midlands.
La lección para emprendedores
La historia de Ryan Hulance es, ante todo, un recordatorio de que los emprendimientos con impacto no necesitan partir de grandes capitales ni de tecnología sofisticada. Necesitan un problema real, constancia para tocar puertas hasta construir una red confiable, y la disciplina de reinvertir cada recurso adicional en crecer la operación en lugar de capitalizarlo de inmediato. A los 13 años, Ryan ya aplica esos principios con una naturalidad que muchos fundadores adultos tardan años en desarrollar.









