El propósito de la empresa no es la maximización del lucro. Debe mantener sus valores, aunque eso sea, aparentemente, una desventaja competitiva. La empresa gana, a medio y a largo plazo, con esa coherencia. Puede parecer ingenuo, pero debe tener una inspiración más elevada.
Primero que todo: no es necesario tener valores centrales explícitos. No es necesario que sean bonitos, hasta pueden ser bien brutales, y no tienen que ser humanistas, aunque en la mayoría de los casos, lo sean. Importa saber si son valores en los que se cree efectivamente. Recomiendo un test que puede shockear a mucha gente: los valores centrales son aquellos en los que continuamos creyendo, aunque seamos penalizados por ello en el mercado, o si son negativos a los ojos de otras personas. Haga el test y sabrá cuáles son sus valores centrales.
Jim Collins. Norteamericano. Es un prestigioso investigador contemporáneo del tema organizacional. Autor de dos libros que se han convertido en lectura obligada en la última década: Built to Last (Empresas que Perduran) y Good to Great (Empresas que Prosperan).Ocupa el puesto 10 en el ranking Thinkers 50, lista que releva a los pensadores de management más influyentes e innovadores.








