Empobrecimiento ilícito

Del empobrecimiento ilícito se sale con educación. Y la educación es la industria pesada de cualquier nación, porque fabrica los ciudadanos del futuro.

Las grandes democracias apoyan a la Argentina, creen que podría pasar del populismo a la economía de mercado. Para eso el gobierno debe sortear obstáculos como la voluble opinión pública que pasa de la euforia al pesimismo; las huelgas y protestas callejeras de los sindicatos  y piqueteros y a una oposición, que dispersa por sus fracasos y corruptela del pasado, muestra que cuando la ocasión lo justifica, porque huele sangre en el poder puede converger. La sociedad que elige a sus gobernantes tiende a repetir sus mismos errores y se niega a corregirlos.

Gastar de más y vivir por encima de las posibilidades es el canto de las sirenas que magnetiza a los argentinos.  En la crisis de mayo del 2018, el poder ejecutivo decidió recurrir al auxilio del  FMI  (Fondo monetario internacional), como terapia, ya que el FMI exige para prestar ayuda, que el país ajuste sus cuentas. Esta atadura es una metáfora de la solución que ideó Ulises, para no ser atraído  por el canto de las sirenas y no caer en la trágica seducción. Se necesita que el pueblo se tape los oídos y el líder se sujete al palo mayor de una nave conducida por otros.

Según la ley de Murphy todo lo que puede salir mal va a salir mal. Ulises sabía que si escuchaba a las sirenas caería en su canto embrujado que terminaría con su muerte y la de su tripulación. Debía enfrentar el peligro. Entonces hizo que sus tripulantes lo ataran al palo mayor de la nave y que se pusieran cera en los oídos para no escuchar su ruego cuando les ordenara liberarlo. El canto no pudo con su inteligencia. La ley de Murphy afirma que todo lo que puede sal ir mal va a salir mal, y  parece haberse ensañado con la Argentina. El único antídoto es anticiparse, siendo previsor en los detalles. El hombre no sabe hacerlo, perdió la brújula emocional sobre la que se asienta la inteligencia y no puede escuchar al corazón que tiene razones que la razón no entiende. Sólo un cambio evolutivo podría hacerlo libre.

Que los argentinos gasten de más no excluye que existan grandes diferencias y que algunos derrochen mientras otros pasen privaciones.  El Estado debe compensar esa desigualdad. Y ajustar es la amarga medicina que la sociedad se niega a aceptar, porque la recurrencia al FMI es una solución que ha fracasado muchas veces a lo largo de la historia argentina.

Quién es el dueño de la verdad

Es ingenuo asociar la verdad del gobierno con  hechos inequívocos. Sin un liderazgo dominante la democracia alcanzar la verdad por consenso, y no por la iluminación del grupo que gobierna. Ese acuerdo debe ser político y programático o no servirá. El ajuste no rindió sus frutos en el pasado y corre el riesgo de ser una verdad débil, parcial y poco atractiva, que fracase, si no se completa la verdad de los números con una propuesta de crecimiento. Un préstamo es útil si se usa para reparar las fallas que traban el crecimiento con un proyecto consensuado que indique cómo se producirá riqueza y menos gasto. Cuando el país crezca se dejará de hablar del gasto público. La clave del éxito es crecer conciliando racionalidad con justicia. La moraleja del relato de Ulises es útil para evitar atracciones ilusorias que suelen ser nefastas. Para eso urge la necesidad de crear un proyecto político sugestivo e integral que pueda remontar el desencanto de la coyuntura

Desde el siglo XVIII Ortega y Gasset vio el fundamento histórico de toda nación bien constituida,  y el que necesitaba España en “un proyecto sugestivo de vida en común”. El problema consiste en saber cómo, sobre el sólido fundamento de una lengua y una cultura comunes, puede ser ofrecido hoy ese proyecto a todos los argentinos.

Inteligencia país.  No es la suma de las inteligencias individuales sino la organización de la vida pública para desarrollar el capital institucional. La inteligencia país surge cuando el Estado gestiona la capacidad individual y social para promover el bienestar general.

La inteligencia social creó productos tan sabios como el lenguaje y la cultura de los cuales se nutre la inteligencia de las personas. Los países inteligentes gestionan información, descubren y resuelven problemas, fomentan la creatividad, se proponen y alcanzan metas importantes. Así se desarrollan y aprovechan los talentos estimulando la interacción.

Nueva Zelanda es un ejemplo: 2,5% de inflación, 5% de desempleo y 0 de deuda externa. Inclusión social, equidad, justicia, reconocimiento de minorías, respeto por los derechos humanos, son valores compartidos por todos los ciudadanos.

Cuando Gran Bretaña ingresó a la Comunidad Europea, Nueva Zelanda entendió que debía hacer foco en los países del Asia-Pacífico. Demoró hasta 1984 para reestructurar El estado. Generó la apertura económica, modificó el sistema electoral, y reconoció los reclamos del pueblo maorí. Las reformas ordenaron la vida pública e hicieron ágiles y previsibles a sus instituciones. La ciudadanía respetó las reglas y se vio a sí misma formando parte esa Nación. El Foro Económico de Davos la calificó como la 8va economía más competitiva. Parece un  milagro pero es sólo trabajo, compromiso, confianza y cumplir normas. La clave es el capital institucional creado en una nación pequeña pero grande en inteligencia individual y colectiva.

Políticos vivos o inteligentes 

El vivo actúa pensando para hoy, no para el futuro; le interesa sólo el corto plazo, es decir los votos. En Argentina la enseñanza es una de las peores del mundo. Como los frutos de educar se recogen a largo plazo, no les interesa la educación y por eso le transfieren a otros el problema a los que gobernarán ese futuro.

La justicia funciona mal porque se ganan los concursos de juez con memoria de loro. Esto no ocurriría con una rigurosa selección, preparación y un período de prácticas.

Los vivos buscan su beneficio, el enriquecimiento ilícito de los políticos y de sus cómplices genera el empobrecimiento ilícito del 30% de los argentinos. Los votos les otorgan impunidad para esconder su incompetencia y corrupción. Hay que implantar valores de libertad, igualdad y solidaridad, poderes independientes, ética y enseñanza obligatoria, gratuita, laica y de calidad.

La maldición de los recursos naturales

Esta paradoja señala que los países ricos suelen tener pueblos pobres. Noruega, con enormes riquezas en petróleo y gas es una excepción ya que ocupa el primer puesto en desarrollo humano y administra su riqueza con una economía intervenida y planificada. Por el contrario, Suecia, Finlandia y Dinamarca sin esos recursos tienen un modelo capitalista y han construido economías exitosas basadas en la innovación. Noruega no apostó por la investigación y la competitividad. ¿Qué le pasaría sin esos recursos? Sería poco competitiva. Noruega no sufre la maldición, ni el empobrecimiento ilícito porque no tiene corrupción mientras que los otros países populistas lideran en enriquecimiento ilícito.

Las diferencias son claras: Noruega utiliza sus recursos sin inteligencia país, pero actúa honestamente y los beneficios llegan a la gente. Los gobiernos populistas no consideran el desarrollo humano, no existen Noruegas latinoamericanas.

Inteligencia país en Japón. Otro ejemplo de inteligencia país con pocos recursos es Japón. Con un territorio pequeño, no apto para la agricultura ni la ganadería, es una fábrica flotante que importa materia prima de todo el mundo, la convierte y la exporta generando riqueza. Un japonés siente al bosque como algo vivo y se mantiene ligado a su evolución. El occidental vive pegado a la tecnología. Japón recibió bombas atómicas, terremotos, maremotos, escasez, pero abraza la naturaleza. Sus bosques son patrimonio de la Humanidad. Gasta poco en armas y dedica un 22 % de su presupuesto a la educación.

Desinteligencia país en Argentina

Argentina es un país rico en recursos naturales pero no tiene una buena gestión, por eso el 30% de la gente es pobre. En el Estado predominan la burocracia y la incapacidad. Las decisiones no se basan en el conocimiento y la memoria institucional es pobre por el recambio de funcionarios después de los comicios. La burocracia hace que formar una empresa en la Argentina tarde varios meses. Los mecanismos de control también fallan. No existe una planta de funcionarios bien remunerados y comprometidos con el interés nacional y con sus políticas de estado porque se eligen por amiguismo o clientelismo. Los gobiernos salientes dejan como herencia miles de nombramientos de favor. Así se reduce la capacidad de acción del nuevo gobierno, la eficacia de su proyecto y su respuesta ante la crisis.

Un equipo profesional no minimiza la política, le otorga capacidad de gestión para alcanzar sus metas. Se necesita un plantel permanente, independiente y bien pago. El ingreso debe ser a través de exámenes rigurosos y la idoneidad el criterio de promoción. Al jerarquizarlo se recupera el prestigio social como en los países que funcionan bien.

La economía de la inteligencia

El conocimiento (tecnologías, innovaciones, productos nuevos) debe contar con una inteligencia previa. El conocimiento se puede comprar pero la inteligencia no. Tampoco la información es garantía de éxito, hay que saber usarla. Lo que importa es la inteligencia de la gente. Desarrollo no es lo que se tiene sino cómo se lo administra. El falso dilema es dar pescado o enseñar a pescar, porque si la caña es importada la inteligencia vendrá desde afuera. Una nación innovadora, moderna, centra su estrategia en su gente, para que los integrantes de la empresa país sientan que están formando parte del cambio.

Programa inteligencia país

Primero. Invertir en la inteligencia de la gente. Segundo. Dar un espacio al potencial creador del individuo y formar canales de participación ya que la inteligencia país se construye desde abajo. Tercero. Desarrollar la capacidad de aprender, hacer, adaptar y crear. Cuarto. Retener a la gente que es el capital social de la economía. Los países en desarrollo pierden si la inteligencia se va, las economías desarrolladas ganan cuando la reciben. El desafío de la inteligencia país pasa por la educación. No se trata de brindar sólo información y conocimiento sino de enseñar una forma de ser, de crear y de hacer. Mientras el pesimista se queja del viento y el iluso espera que cambie, el optimista realista, ajusta las velas. Para Séneca no existen vientos favorables para el que no sabe a qué puerto quiere llegar.

Inteligencia artificial

La inteligencia artificial no es un espejo de la humana, es algo distinto.

El optimismo desmesurado en las disciplinas científicas lleva a hacer promesas exageradas, que llevan de la mano excesivas sumas de dinero. En los primeros años del desarrollo de la inteligencia artificial el objetivo fue recrear el modo en que los humanos pensamos y aprendemos. Pero unos años más tarde se hacía cada vez más insoportable el hecho de que ‘pensar’ era algo bastante más complicado que lo que se había estimado originalmente.

Los ciclos de promesas y decepciones son los inviernos de la inteligencia artificial. Se discute si estaremos en ciernes de un nuevo invierno, pero también es cierto que pudimos aprender algo. El mayor aprendizaje que trajo la era en la que a todo le agregamos “inteligente”, fue abandonar la idea de recrear la forma en que el hombre piensa y dividir el pensamiento en tareas.

Hoy nos rodeamos de máquinas que juegan (y nos ganan) en el ajedrez, interpretan textos, detectan tumores a través de imágenes o calculan la mejor temperatura para nuestra casa según nuestros hábitos. Poco importa si son realmente inteligentes sino que tengan la capacidad de realizar tareas específicas, más allá de saber si poseen una inteligencia general.

No se trata de que las máquinas no puedan a futuro pensar de forma irrestricta como el hombre, sino de saber que eso no es lo que hoy hacen. Cuando una máquina hace lo mismo que nosotros, asumimos que lo hacen cómo nosotros, pero eso forma parte de la ilusión de inteligencia.

Dejar de perseguir una inteligencia artificial general y tratar de fabricar máquinas con la misma capacidad cognitiva que un humano, ha reportado ganancias para la industria. Esto no significa que no quede por delante un sinfín de desafíos igualmente interesantes y lucrativos.

Google Duplex es una herramienta que permite acordar citas con restaurantes o peluquerías con llamadas telefónicas automáticas. Si suena demasiado específico es porque lo es: la herramienta fue entrenada con miles de llamadas de restaurantes y peluquerías para lograr su precisión. No serviría, por ahora, para todo, pero después de todo, no está tan mal.

Parecería ser que la ansiedad por máquinas que reemplacen a los humanos en toda la diversidad de sus capacidades cognitivas es más bien reflejo de nuestros temores que de la propia industria. Si hay algo que las máquinas han propiciado es sin duda la necesidad de resignificar lo que nosotros asumimos que es inteligente. Sabemos que el ajedrez ya no nos es exclusivo, y quizá tampoco lo sean ciertas tareas de contaduría o abogacía, pero es bueno también concluir que si estas tareas son fácilmente reemplazables por máquinas, no eran tan humanas.

Lejos del sensacionalismo, la historia de la inteligencia artificial es apasionante y, sobre todo, humana. Mucho de lo que considerábamos exclusivo a los humanos no lo es realmente. Pero es justamente ahí donde reside la aventura que nos queda por delante.

Renovarse es vivir

El peligro del éxito es que nos engaña, porque otros aspiran a conquistar el que tenemos. Si seguimos haciendo lo mismo nos irá mal. No hay que conformarse con ser líder hoy sino con serlo mañana. Hay que evaluar la situación, descartar riesgos con recompensas poco atractivas y concentrarse en lo valioso, integrando el análisis con la acción.

El éxito es combinar ideas creativas, curiosidad por aprender y habilidad para actuar. Cuando Dios creó al mundo dejó partes incompletas. En lugar de proveer el pan, la naturaleza da trigo; en vez de ladrillos la tierra  brinda la arcilla, y nuestra tarea es construir el pan y los ladrillos.

¿Por qué funciona así? Porque los creadores lo complementan. No observan pasivamente, creen con fe emprendedora de que lo definitivo, es sólo momentáneo,  reconfigurable, y  virtual. El creador se dirige al futuro, desde sus proyectos elige su actividad presente.  El porvenir lo busca en tareas que inventa  para operar con un proyecto transformador. Si la innovación no existe y nos sometemos al pasado, renunciamos al presente, sin aceptar el desafío de enriquecer lo que pasa mediante la renovación. Del empobrecimiento ilícito se sale con educación. Y la educación es la industria pesada de cualquier nación, porque fabrica los ciudadanos del futuro.

Dr Horacio Krell. Director de Ilvem.  horaciokrell@ilvem.com.

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