Si sabes cómo evitar los campos de minas, podrás esquiar en Afganistán entre diciembre y mayo, dice Emmanuel de Dinechin, uno de los tres fundadadores de Altai Consulting. Las oficinas de la firma en Kabul están a sólo tres horas de la estación de esquí del país, por lo que casi todos los expatriados cargan con su botas y esquís cuando llegan. “No asumimos riesgos estúpidos en nuestro negocio o con la seguridad pero queremos que nuestros empleados lo pasen bien aquí”, dice Dinechin, mientras mira por la ventana cómo cinco de sus colaboradores afganos están en el jardín de la firma mientras realizan entrevistas telefónicas para un proyecto sanitario financiado por Estados Unidos.
Altai Consulting es un nombre muy conocido entre casi todos los expatriados en Kabul, sobre todo por la velocidad con que Dinechin y sus socios Rodolphe Baudeau y Eric David han creado la mayor firma de publicidad del país y la única empresa de consultoría del sector privado. Sin embargo, también se debe al estilo de estos emprendedores franceses.
El trío se conoció en una ruta en el Tíbet: “No había muchos viajeros en Lasa en 1999, así que todo empezó con “tú eres francés, yo también, vamos a tomar una cerveza”, cuenta Dinechin. Baudeau y Davin llegaron a Kabul en diciembre de 2001 para crear AINA, una organización benéfica para formar periodistas afganos. Dinechin, que siempre sintió fascinación por Afganistán, oyó hablar de AINA, y entonces reconoció los nombres de sus amigos del Tíbet y se unió a ellos en 2002. Los tres dejaron AINA en 2003 y, buscando una oportunidad para quedarse en el país, detectaron un nicho en el mercado de la publicidad. Baudeau había trabajado en márketing para L’Oreal, mientras que Dinechin era consultor de Monitor, una firma global, y Davin trabajaba para Himalaya, una agencia de diseño de webs.
“Había compañías que venían en busca de firmas de comunicación pero no había nada. El campo estaba completamente abierto”, dice Dinechin. Su primer cliente fue Roshan, la mayor compañía telefónica de Afganistán. Con un capital inicial de sólo 60.000 dólares, que utilizaron para alquilar una oficina y comprar ordenadores e impresoras, tomaron prestado el nombre de Altai de una cordillera asiática y lanzaron el negocio. Los ingresos han crecido de 3,3 millones de dólares en 2005 a 4,1 millones de dólares en 2005 y la compañía prevé un crecimiento este año del 7 al 10 por ciento.
Los tres franceses contrataron a otros dos expatriados y diez afganos para empezar a trabajar en la publicidad y comunicaciones de Roshan y ahora tienen 25 empleados expatriados y 150 afganos. También tienen una red de investigadores freelance del país en campos tan diversos como la medicina y la educación, que movilizan para sondeos y trabajo de consultoría.Desde que se convirtieron en socios locales de JWT, la agencia internacional de publicidad, en abril de 2004, la firma también tiene una presencia internacional que le ha permitido añadir multinacionales como Nestlé y Western Union a su cartera de clientes.
El negocio de consultoría de Altai creció en tandem con sus trabajos publicitarios; el primer proyecto se inició en 2004 para Unicef. La escasez de yodo en las tierras más remotas de Afganistán ha producido muchos enfermedades y malformaciones, por lo que Unicef encargó a Altai un sondeo de las fábricas de sal del sector privado para buscar socios y crear sociedades privadas para la fabricación de sal yodada.
Afganistán no tiene otras firmas de consultoría privadas; existen otras dos de comunicación y publicidad, pero ninguna con los recursos de un socio internacional como JWT. “Podemos subcontratar trabajo en sus oficinas de Pakistán cuando tenemos demasiado y contar con los servicios de fotógrafos que han trabajado para clientes como Pepsi y Diesel para realizar campañas en Afganistán”, dice Baudeau.
Reconoce que existen dificultades para los emprendedores, desde las malas infraestructuras hasta la creciente preocupación por la seguridad, pero insiste en que es un entorno operativo más fácil que Francia para los emprendedores con un poco de flexibilidad e imaginación. “Es un pequeño paraíso para nosotros. Hay mucho negocio. Cinco de nuestros empleados se han ido para crear su propia empresa, lo que es mucho para una compañía tan pequeña”.
El éxito de Altai se basa en el compromiso de ofrecer un estándar internacional de investigación y publicidad en un país donde muy poca gente apunta tan alto. “Este país necesita investigaciones estratégicas y consultoría de calidad ahora, no dentro de veinte años”, añade. El glamour del negocio ha permitido contratar a licenciados de Harvard con experiencia en McKinsey: “Hemos fichado a cinco personas con mejor currículum que nosotros”, dice Dinechin. Admite que hace dos años, muy pocos se preocupaban por la situación del país, ya que el interés de los medios de comunicación se centraba en la reconstrucción y el desarrollo. Hoy, cuando la violencia ha vuelto a los titulares, tiene que contestar más preguntas de los futuros candidatos y la firma ha dejado de enviar personal internacional para realizar investigaciones en el sur del país.
Fuente: Expansión & Empleo ( Rachel Morarjee/Financial Times.)








