A estas alturas, ya no queda nadie que dude de que el fomento de la ‘emprendeduría’ y la innovación son claves para construir un modelo económico para España que no se base fundamentalmente en el ‘sol y ladrillo’.
En eso estamos los que nos dedicamos al Venture Capital. Invertimos en start ups innovadoras con el objetivo de convertirlas en negocios rentables que, además de generar riqueza para sus fundadores y accionistas, creen puestos de trabajo cualificados y ayuden a la globalización de la economía.
Es imprescindible fomentar la creación de empresas y, quizá todavía más importante, allanar el camino para que algunas de estas empresas triunfen y se conviertan a la larga en negocios sólidos, de alto crecimiento, innovadores, creadores de empleo y líderes internacionales en sus respectivos campos. El tipo de negocios que deben desarrollarse en España en el medio y largo plazo si queremos que la base económica e industrial de nuestro país dé un salto cualitativo.
Pueden tomarse una serie de medidas para ayudar a la creación de empresas y facilitar la financiación de aquéllas que, por su capacidad de innovación o su excelente ejecución, tengan el potencial de convertirse en negocios globales. Estas medidas deben ir encaminadas hacia dos objetivos fundamentales: el fomento de la cultura emprendedora y la atracción de capital privado a la inversión en Venture Capital.
Necesitamos reforzar la vocación emprendedora. Es obvio que cuántas más personas, sobre todo jóvenes, estén dispuestas a arriesgar en sus carreras profesionales y a invertir todo el tiempo y el esfuerzo necesarios para arrancar e impulsar un negocio, más y mejores empresas se crearán.
Éste es un esfuerzo a largo plazo, que tiene que ver con los valores que los ciudadanos van adquiriendo desde la infancia, con el prestigio social de los emprendedores (incluso el de los que de momento no han tenido éxito), con la notoriedad pública de los que sí lo han conseguido para que sean ejemplo y estímulo para las siguientes generaciones, etc.
Que un porcentaje elevado de jóvenes tengan el sueño de crear un negocio desde cero y hacerlo crecer hasta convertirlo en una empresa importante y que estén dispuestos a esforzarse y a arriesgar todo lo necesario para cumplirlo es un paso imprescindible hacia una economía de la innovación y el conocimiento.
Ya hay iniciativas en este sentido, pero éste debe convertirse en un tema prioritario en la educación. También los medios de comunicación pueden ayudar mucho a darle a la figura del emprendedor la importancia que tiene.
Por otro lado, es necesario que el Venture Capital pueda contar con un volumen de fondos suficientemente elevado para financiar todos aquéllos proyectos que demuestren un gran potencial. Las administraciones públicas han realizado en los últimos años un esfuerzo muy relevante para la financiación de start-ups innovadoras, pero para podernos equiparar a las economías en las que el Venture Capital se ha convertido en un motor de la economía y la industria hay que multiplicar entre 5 y 10 veces los aproximadamente 200 millones que se estima que actualmente se destinan en España a la inversión en Venture Capital. Esto sólo se conseguirá si conseguimos atraer a la inversión en Venture Capital un porcentaje del ahorro privado del país muy superior al actual.
Algunas medidas que podrían facilitar el camino son:
· Fondos de rentabilidad asimétrica: en algunos países europeos se están impulsando fondos de fondos mixtos, con dinero público y privado, para invertir en Venture Capital. El dinero público se ‘conforma’ con el retorno del dinero comprometido más el coste del dinero, dejando toda la rentabilidad adicional que, en su caso, se genere, exclusivamente para los inversores privados.
De esta manera, se dispara el potencial de rentabilidad para el dinero privado (que, a partir de que el fondo obtiene una rentabilidad equivalente al coste del dinero obtiene toda la rentabilidad extra: tanto la que le correspondería pro-rata como la que cede el dinero público).
El dinero público, por su parte, invierte en un instrumento que facilita la creación y el crecimiento de empresas innovadoras, consigue el retorno del dinero con un interés y, además, atrae ahorro privado a una inversión que es claramente positiva para la economía.
· Regulación para grandes inversores: en algunas legislaciones se han regulado los criterios de inversión de los grandes inversores (aseguradoras y planes de pensiones) para garantizar que un porcentaje de su cartera se invierte en instrumentos que faciliten la creación y la financiación de empresas.
Si una pequeña parte de estas carteras – entre un 2% y un 5% – se destinara a la financiación del Venture Capital, éste daría un salto espectacular, con todas las externalidades positivas que ello tendría para la economía. Y los gestores de grandes carteras descubrirían, como hicieron en su momento los gestores americanos, que es una excelente categoría para la diversificación y la rentabilidad de sus inversiones.
Obviamente, es una medida que debería pactarse con el sector asegurador, ofreciendo las garantías y los incentivos necesarios. El despegue del sector del Venture Capital en Estados Unidos se vio extremadamente favorecido en sus inicios por este tipo de regulación.
Estas no son las únicas medidas, pero serían muy importantes y, además, tienen la virtud de no requerir un gran volumen de gasto o inversión pública. Con voluntad política y un poco de creatividad en las medidas adoptadas, podemos dar un importante impulso a nuestro modelo económico, lo que no es poco en las actuales circunstancias.
Autor: Daniel Sánchez
Fuente: Expansión








