por Dr. Horacio Krell*
La entropía mental se relaciona con la incertidumbre e indica la capacidad cerebral para procesar estímulos, modelar y predecir resultados y resolver desafíos en situaciones imprevistas.
No hay nada que sea 100% predecible, salvo el cambio, algo que nos negamos a aceptar. Solemos apostar por lo familiar, como lo expresa la frase “más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer”. Ante el desorden hay que tratar de adaptarse para salir adelante.
El caos es irrefutable, siempre surgen cosas inesperadas, supeditadas al azar, a lo incierto y eso genera ansiedad. Conviene aceptar ese componente caótico y aprender a tolerar lo que se escapa de control, para lograr un equilibrio psicológico y buscar el término medio.
Hundirse en la entropía psicológica del caos e intentar combatirla terminan dañando.
Hay que adecuarse a lo inevitable, tolerar la incertidumbre, no intentar tener todo bajo control.
Buscar la homeostasis o equilibrio para mantener la vida bajo control y evitar sorpresas. Habitamos contextos en constante cambio lo que propicia el malestar y el miedo, y si se mantiene durante un tiempo prolongado se generan enfermedades mentales.
Conviene aprender a vivir con eso.
Es un fenómeno natural que no se puede erradicar, ya que es inherente a la mente, a la naturaleza y al universo. Siempre existirá el estrés, lo que muestra la necesidad de adoptar la entropía como parte de la vida sin intentar combatirla ni evitarla.
La estabilidad existe hasta cierto punto, pero el cambio siempre estará presente y será inevitable, por lo que debemos aprender a desarrollar métodos que posibiliten una mejor adaptación.
La teoría del caos
Las sociedades no cambian continuamente. La vida privada predomina sobre la pública salvo cuando aparecen las convulsiones. Son parecidas a un fenómeno natural analizado por el Premio Nobel Ilya Prigogine en su teoría del caos. Se trata de partículas que permanecen indiferentes mientras el sistema se encuentra en equilibrio. Tan pronto se desajusta despiertan e interactúan entre ellas y con el medio externo. Comparando ciudadanos con partículas, cuando el sistema social sale del equilibrio, ellos se lanzan a la acción colectiva.
Cuando los sistemas cambian abruptamente, sus partes se tornan activas y generan comportamientos novedosos. Pasan del orden al caos pero generan un nuevo orden innovador. Los intelectuales perciben las señales pero a la gente no le llegan por el intelecto sino por sus sensaciones de malestar o bienestar. Los intelectuales se impacientan ante una sociedad lenta, que cuando reacciona suele elegir una dirección inesperada.
Einstein era determinista y lo expresó en la frase “Dios no juega a los dados”. Para Prigogine el aletear de una mariposa en África puede provocar un maremoto en San Francisco. Para él el universo es creativo y provocador. Muchos éxitos surgen de fracasos que revelan contradicciones y desórdenes, pero que crean estructuras que se rehacen continuamente.
Sesgos cognitivos
El cerebro usa mecanismos con las que se engaña y engaña. La realidad está ahí, es objetiva, pero cuando se privilegia un modo de ver se aleja de la verdad. Su racionalidad es limitada y su respuesta está condicionada por eso. Puede errar pero también acertar.
Un sesgo cognitivo es un desvío que lleva al error de juicio, a la interpretación ilógica o a la conducta irracional. El cerebro es impreciso para calcular, ve patrones inexistentes, atribuye significado divino a las coincidencias y afirma la causalidad donde hay casualidad.
Como cree que puede orientar los hechos, valora la oración, la plegaria y los ritos. El sesgo retrospectivo modifica el recuerdo al conocer el resultado. (Y cree que sabía lo que iba a ocurrir). “Con el diario del lunes” se habla con el resultado puesto. El sesgo de correspondencia sobrevalora la motivación personal para explicar la conducta, sin considerar el contexto. (Lo hizo porque le convenía).
El sesgo de confirmación busca o acepta información concordante con lo que se cree. (Esto tenía que pasar). El sesgo egoísta se atribuye los éxitos y culpa a otros del fracaso. El sesgo del falso consenso le hace creer que piensa como todos. (Todos están de acuerdo). El sesgo de memoria altera el recuerdo de los hechos.
Lo viejo conocido
El cerebro se esfuerza menos si usa solo lo que sabe. Pero un problema es nuevo y precisa ideas, no se resuelve de memoria. Confunde pensamiento con memoria “estuve pensando en vos” o con creencia en: “yo pienso de esta manera”. La escuela propone automatismos. Respuesta viene de responso, el rezo a los difuntos. Lo habitual es etiquetar en categorías separadas, congelar el pensamiento. Pero así no surgen conceptos nuevos.
Tomar conciencia
El hombre choca dos veces con la misma piedra. Tiende a generalizar desde un hecho particular, a ver todo como bueno o malo, sin matices intermedios. La solución es hacer conscientes los prejuicios y observarlos para que no queden ocultos. Tener un interés particular lleva a creer que es mejor lo que no es, a elegir la información que concuerda con su deseo a pesar de la evidencia en contrario o ante los fracasos. La capacidad de aprender está relacionada con su aptitud para cambiar. El cerebro no es menos creativo por la edad. La juventud lo hace más inocente. Si genera desafíos se seguirá siendo joven toda la vida.
Parálisis por exceso de análisis o decisión apresurada
La percepción hace creer que es el sol el que se mueve y no la tierra. El pensamiento natural va directo a la acción, está bien para elegir la corbata, pero también lleva al error. Se aprecia más al intuitivo que al analítico. El mundo es resultadista. La clave es ser flexible y cambiar según sean los resultados.
La victoria tiene muchos padres
La sociedad de consumo ofrece un radar para imitar a ricos y famosos. Para decidir mejor hay que contar con la brújula interior que permite conocerse a sí mismo. La materia gris solo florece con educación. Sin ella se prueba con la ignorancia.
El sentido común
Ante tantas anomalías se pierde el sentido de la realidad. La sociedad fábrica asesinos y la universidad profesionales que ven con un solo ojo. Mueren más personas en accidentes de tránsito que por asesinatos. El cerebro conspira contra las precauciones. La ilusión de control es sobreestimar la sensación de seguridad por el hecho de que es uno el que maneja.
Lo que no se mide no se puede mejorar
Dar visibilidad a una variable y recibir el feedback modifica la conducta. Tener un sensor y saber que una maniobra será detectada, mejora la prevención. Y una app en el celular hace tomar conciencia y volver a la buena senda. Si algo se pudo prevenir, no fue un accidente, sino una excusa. La tecnología no compensa el manejo temerario. Medir ayuda a advertir que uno es parte problema y no de la solución.
Información, conocimiento y sabiduría
Elliot se preguntó: ¿dónde está el conocimiento que se perdió con la información? y ¿dónde está la sabiduría que se perdió con el conocimiento? Hay que aprender a ver más allá, a mirar la vida en su conjunto y en su diversidad, y no atender a un único punto de vista. El especialista tiene un martillo y sólo puede ver el clavo, sabe más sobre menos y sabe todo sobre nada. El conocimiento se incorpora con la experiencia. Se puede conocer mucho y saber poco. Sabiduría es hacer algo mejor aprovechando la experiencia.
El experimento suma conocimientos pero no permite elegir con seguridad las alternativas.
La evolución nos dotó de un catálogo para sobrevivir con una racionalidad mecánica. Pero hay atajos para elaborar estimaciones en lugar de buscar resultados exactos. Ante la probabilidad de que una serpiente lo muerda, ponerse a analizar las opciones aumenta el riesgo. A las fallas naturales hay que sumar el cambio acelerado del contexto, para el que no se viene preparado.
Momentos semilla
Un episodio traumático puede hacer germinar una semilla. Son eventos que, vistos en retrospectiva, generaron una transformación en la vida.
Martin Luther King dijo: “Yo tengo un sueño” y era la visión de país que la mayoría tenía.
Cambio o transformación
El cambio viene desde afuera, es el choque de fuerzas que luchan y está ligado a los “debería”: reducir gastos; dejar de fumar; correr por la mañana.
Existe una necesidad (dejar la nicotina) y una resistencia (fumar es un placer).
La transformación es internalizar el cambio. No es alguien que lo impone sino decidir ser parte activa. Los innovadores son los primeros en aceptar el cambio. Una minoría se anima a probar la novedad. Le siguen los adoptadores tempranos y luego un % de la sociedad. Cuando se llega a ese %, se produce el giro. Pero, ¿Cuál es el propósito? Que se logren evitar las tragedias.
Metodología intelectual
El Sistema lógico posterga las sugerencias del emocional para resolver problemas complejos. Los errores no son vistos por la mente consciente, que está preparada para creer, no para dudar y tiene tanto miedo que salta a conclusiones precipitadas. Así se entiende el fanatismo y la seguridad con que se sustentan en la ignorancia, o en evidencia insuficiente, y por qué el escepticismo sigue siendo tan impopular. La racionalidad es la capacidad de amonestar a la parte vaga del cerebro. Ni un ser racional tiene una visión consistente del mundo. Como dijo Sócrates: “Una vida sin examinar no merece ser vivida.”
La ideología produce daño
Son ideas que condicionan al pensamiento, siendo previas a su confrontación con la realidad, no se doblegan ante la prueba. La debilidad a la que someten es la de impedir cambiar ante a la evidencia. No son metas personales, son objetivos destinados a que alguien los imponga. Y como la realidad se resiste a ser uniformada, la discordia es inevitable
Un nivel de incertidumbre nos rodea y tiende a desordenar o atraer el caos. Debemos adaptarnos al desorden. Son “tiempos inciertos”, de “incertidumbre laboral” y de “futuro incierto”. Al cerebro no le gusta la incertidumbre, necesita tener el control.
Según la teoría del caos hay un espacio para el azar o lo imprevisible y es imposible predecir qué puede suceder mañana. Pero ¿cuánta incertidumbre podemos aceptar?
Entropía psicológica
La palabra entropía procede del griego (ἐντροπία) y significa básicamente una entidad o dimensión que tiende a la evolución o la transformación, representa ese porcentaje de desorden o de caos que está presente en todo sistema. Esta idea supuso un cambio puesto que durante la historia se tenía una visión muy determinista.
Hoy sabemos que el caos existe, que nada es 100 % predecible, que la vida y todo sistema también están supeditados a lo incierto, al azar y a esa complejidad que tanto nos cuesta asumir.
Las personas intentamos mantener el equilibro y tener cada área de la vida bajo control. Sin embargo estamos supeditados a cambios constantes. Esas variaciones externas generan entropías psicológicas, la imprevisibilidad nos infunde caos, inestabilidad y miedo.
Este tipo de sensaciones mantenidas en el tiempo, acaban pasándonos facturas.
La entropía psíquica es tomar conciencia de la desorganización que puede existir en el universo psíquico con los miedos, la ansiedad, las obsesiones o las fobias que no podemos controlar.
La mente no es una máquina perfecta. El entorno siempre influye y nos lleva a la inestabilidad.
Aceptar la incertidumbre
Somos equilibrio y somos caos. Somos estabilidad y también cambio. Asumir este movimiento y esas fluctuaciones es la ley de vida. La vida es como ir en bicicleta; debes moverte para no caer. Situaciones nuevas que debemos afrontar, con cambios que debemos asumir, con pérdidas que debemos gestionar. Pero, ¿cómo afrontar los cambios?
Trabaja la aceptación
La vida está llena de experiencias y de obstáculos. Una etapa de cambios no debe ser negativa, puede ser una oportunidad e implica una reorganización. Es adaptarse, asumir las pérdidas y ser conscientes de que solo existe el momento presente.
Elegimos el camino de la sabiduría, ya no la queja sino la aceptación. Es una acogida al cambio: «está bien, acepto que esto sea así, no voy a oponer resistencia”.
En situaciones de cambio, es posible que exista una ganancia superior a la pérdida, aunque exista dolor es una etapa que terminó. Mirar hacia adelante ayuda a mirar con mayor serenidad y consciencia. El pasado no volverá, disponemos de un presente para construir nuestro futuro.
El futuro depende de lo que hagas hoy”. Tú eliges: 1) Resistir y quejarte; 2) Resignarte; 3) Aceptar y 4) Cambiar. La apuesta por el cambio es ir más allá de la queja o la resignación. Avanzamos cuando nos disponemos a cambiar lo que no gusta, interviniendo sobre lo que consideramos necesario. Es cierto que los cambios dejan poco margen para modificar el curso de los hechos pero podemos cambiar el punto de vista o a nosotros mismos.
Si un cambio viene, debemos encontrar como hacerlo positivo. Tomar conciencia de lo que pretendemos lograr, ser conscientes de las consecuencias de no cambiar, así como fijarnos en las oportunidades de la nueva realidad. El primer paso hacia el cambio es la conciencia.
El segundo paso es la aceptación
No hay una única manera de afrontar los cambios, cada persona debe encontrar la suya. Habrá cambios vitales importantes (casarse, emigrar, perder a un ser querido) y otros de menor repercusión (cambiar de gimnasio, tener un nuevo amigo).
Lo que importa es el valor que cada uno le dé y cómo afrontar la nueva realidad y disponer de herramientas que permitan escribir un nuevo comienzo cada día. Todo cambio es un constante fluir de pensamientos, sentimientos y emociones. Y en este devenir, ganamos cuando apostamos por una mirada flexible, consciente y abierta. Hay una fuerza primitiva y poderosa que tiene un rol activo para la supervivencia: es la entropía vista como necesidad de conservar la energía. Es tan poderosa que precisamos el descanso, caminar, mirar una película, leer un libro. Ponernos en piloto automático, para no gastar energía. Son instrucciones opuestas: el menor esfuerzo (entropía) y buscar lo nuevo (creatividad).
La trampa es que el estatus quo es más potente que el placer de descubrir, aunque nos sintamos tan bien cuando aparece. Hay mutaciones azarosas en los genes y luego la naturaleza elige los que poseen elementos favorables para sobrevivir, proceso conocido como selección natural. Esto sucede fuera del control consciente. La creatividad, por el contrario, genera cambios en los paradigmas culturales. Es el equivalente cultural del cambio genético. Ciertas mutaciones crean seres que pueden descubrir cosas nuevas, así al componente genético le suman lo aprendido y lo vivido desde la primera infancia.









