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El largo camino del apego al desapego

Son términos polivalentes, a veces apego se considera una virtud y desapego una muestra de frialdad indiferente, en otras, el significado cambia. El bebé que se amamanta calma el hambre y la incertidumbre que le provoca una dependencia  que le permite sobrevivir.

El animal nace completo, el niño indefenso y sobrevive gracias el amor de sus padres.

El cerebro produce oxitocina, la hormona del amor, que sella el pacto entre las partes del vínculo primario. Según como sea el encuentro entre las necesidades del niño y la respuesta materna, así será el vínculo: seguro, resistente, ambivalente u ordenado. Esto condicionará su camino a la independencia, el pasaje de la libertad “de” a la libertad “para”.

La oxitocina es el pegamento social. Así como nos apegamos al álbum familiar, hay que saber decir adiós, más allá del dolor de la despedida. El mejor final  es el final feliz.

Nos apegamos a personas u objetos que deseamos. Depende de la goma de pegar que se use el no quedar atrapado y el saber alejarse a tiempo. Hay un lazo entre un bebé y la madre, pero el apego también puede darse con quien ofrezca protección, seguridad y alimento.

Desde la primera infancia se crea una instancia psíquica llamada “ego” que se reconoce como “yo”, y se afianza a nivel inconsciente a medida que se adquieren creencias, conocimientos, hábitos y sentimientos. El sujeto cree que es eso que hace y que siente.

Muchos se creen diferentes a como se los ve.  No se escuchan y están convencidos de eso. El que no se anota en ese club es porque la autocrítica pudo más que la autoestima. El que se acepta como es suele ser aceptado. El espejo no se debe ignorar ni vivir pendiente de él.

Para Buda el mundo está lleno de sufrimiento y su raíz es el apego. Para suprimir el sufrir hay que eliminarlo. Si observas bien, verás que eso que te hace infeliz no es la causa, porque si esto se  te soluciona siempre aparecen nuevos problemas que te seguirían haciendo sufrir. Es que la infelicidad se lleva adentro y no se puede escapar de uno mismo. Son las creencias que parecen lógicas las que te tiranizan y esclavizan.

Darse cuenta que existe ese yo mental y emocional impuesto por el medio, es un primer paso hacia la toma conciencia. Así un yo observador puede mirar de otro modo. Hasta entonces se sentía más o menos sano o feliz, pero la conciencia nota la presencia de lo que uno es. Entonces la mente se conecta con su fuente y puede elegir su destino.

Aprender a ser es un aprendizaje duro que pocos realizan, la educación no prioriza el autoconocimiento, y va a contramano de la teoría de las inteligencias múltiples.

Las patologías de la personalidad atan el yo al ego e impiden saber lo que uno quiere y lo que uno es. El ego no es la persona real. La creencia falsa que crea al ego impide potenciar ese yo que se podría ser. El sujeto se identifica con un fragmento de sí mismo y desconoce la dependencia a que fue sometido, hasta que un día despierta. El riesgo de no descubrir el genio interior es quedar atado a roles no alineados con el centro espiritual. Esta falla hace que en la sociedad nadie parezca muy contento con el trabajo que realiza.

No se puede vivir sin identidad. El creador del ego es la mente. Si no la gobierna la conciencia se fragmenta. La mente es dirigida por una sociedad de consumo que ofrece siempre algo nuevo y genera el miedo a perderlo. Así se rebaja la energía, la paz y la felicidad. Un cuerpo sin mente sería un vegetal que no podría sentir, pensar ni actuar.

Una mente sin conciencia tiene un ego frágil. Se aprende a ser en contextos sociales, pero sólo se logra llegando a ese origen que las emociones manifiestan. Cuando la mente se alinea con la conciencia optimiza su capacidad.

La mente dividida. Un cuerpo que calla o contiene las emociones, provoca daños y perjuicios a la salud.  Definitivamente somos lo que pensamos:

El camino a la felicidad no es recto, hay curvas llamadas EQUIVOCACIONES,  semáforos llamados AMIGOS, luces llamadas FAMILIA, una llanta de repuesto llamada DECISION, un motor llamado AMOR, un seguro llamado FE, un combustible llamado PACIENCIA, pero sobre todo un conductor llamado CREADOR o como lo quieras llamar.

Tomar las riendas. La mente que no abreva en el espíritu carece de señales que la orienten, vaga errante y las emociones no se alienan. Cualquier éxito es fugaz y los traumas se consolidan. Pero cuando se anclan al espíritu brindan la sensación de unidad, amor y paz. La mente es un software que puede brindar libertad o un ego dividido, cuando el programa está infectado por los virus del contexto. Así se fabrica una prisión sin que se advierta.

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El mundo es un espejo. Navegar en una falsa realidad hace que el ego sea su presa. Los virus se propagan y someten a la impotencia. El ego no conoce otro mundo. La mente lo hace adicto a la identidad que lo esclaviza y lo aleja de su verdadero ser.

Una moral basada en premios y castigos impulsa a crear identidades para desenvolverse en sociedad, aunque se sienta que es mentira y se note la ausencia del amor.

Es difícil rebelarse ante el orden establecido. El ególatra es un autómata doliente, cuya mente busca en el desván de su cabeza pensamientos viejos que nunca se detienen.

El radar o la brújula. Hay que dejar de valorarse desde afuera, evitar ese radar que lleva a imitar a la moda o a ricos y famosos. Antes de cambiar todo eso estaba afuera y desde allí se regulaba la existencia. Ni siquiera se sospechaba que existía el centro vital.

Al perder la conciencia, se actúa en piloto automático. Esto genera seres vulnerables, dependientes,  reactivos,  adictos, que se frustran, se tensionan y se atemorizan. Seres que se irritan si no sucede lo que desean. La brújula interior es la fórmula del cambio.

El ego lleva a la desdicha. Cautiva con promesas que a la larga defrauda. Distorsiona y causa el sufrimiento por identificarse con creencias falsas. El ego hace sufrir con excelentes argumentos. Su frase preferida es: “el día que tengas esto o aquello serás feliz”. Sólo aprendiendo a elegir y a dejar de lado la desdicha, se deja de ser esclavo de la mente.

La batería del auto usada para iluminarlo se arruina, pero conectada con el encendido del motor se recarga. Del mismo modo hay que conectar los recursos con los valores.

Al ego hay que conocerlo y aceptarlo, pero toda pelea desgasta.  Hay que agradecerle: ha sido útil. Ha puesto energía y dedicación. Hay que entender para qué sirvió y para qué no. En qué facilitó las cosas y en qué las trabó. Hay que saber cambiarlo, pasar del ego al yo es una verdadera construcción. El ego fue una construcción inconsciente y automática.

El comienzo es importante. Se necesita enfocar la atención en el ahora, ver que las cosas no son como parecen, retirar la cáscara y detectar la presencia de la ausencia necesaria. Descubrir la falsedad es el principio. La mejor forma es que caiga como las hojas secas, sin hacer nada más que advertir  su presencia. A las hojas secas se las lleva el viento.

El ego era la causa de las desdichas y se desvanece al dejar de alimentarlo. El ego deja de gobernar, se convierten en súbdito de la conciencia y la presencia pasa a ser el centro. Presencia del Ser, sin máscaras. Sólo consciencia y sentimiento puestos en el presente.

Conócete a ti mismo. Libertad es tener conciencia pero la racionalidad es siempre limitada y cada observador puede ver una realidad distinta. Existen el pluralismo y la relatividad. Construir la identidad consume energías pero es peor asumir como propios planes ajenos, eludir compromisos, diferir crisis y caer en la parálisis por exceso de análisis.

Para que la identidad no sea un sueño y para evitar que como dijo Rousseau: el hombre nazca libre y sin embargo por todas partes se lo encuentre encadenado, hay que convertirse en el arquitecto diseñador de su propio destino. El creador innovador es el mejor imitador de dios en la tierra, es el que aprendió a convertir su espíritu en materia.

¿Qué es el apego? Es un estado emocional de relaciones compulsivas con cosas o personas bajo la creencia de que sin ellos no se podría vivir. No eres feliz si  no te ama, sin un trabajo, si estás solo, si no vistes a la moda, si otros actúan de cierto modo. Tu mente se programó para mostrarte que no puedes. Tu percepción  te llena de miedos y culpas

Hay que descubrir que lo que te hace infeliz no es la situación, son tus pensamientos.

El lado positivo del apego es lo que sientes. Lo negativo es la sensación de amenaza y la tensión que te hace vulnerable. Al  instante de placer le sigue el temor a perderlo.

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Cambiar la programación. Primero hay que hacer una lista de los apegos y despedirse de ellos. Advertir que es un autoengaño y dejar también al otro en libertad.

Hay que liberar y liberarse con Amor. Ahora podrás amar a esa persona. ¿Por qué? Porque Amar, no es querer. Lo que quieres, quieres poseerlo. Cuando quieres a alguien para ti, le pones una cadena al cuello y te atas del otro lado.

El Amor existe en libertad. Hay que elegir entre apego y felicidad y borrar el que feliz me haces o esto me hace feliz. Revisando el pasado siempre se halla algo que era insustituible, pero que el tiempo demostró poco significativo, al extremo que se borró de la memoria.

Desprogramarse, soltarse. El programa se formó con datos que crearon tu cultura, tus creencias, tus miedos, tus apegos, tus hábitos, que son los muros de tu prisión. Tu cultura no es la única, hay personas que viven perfectamente sin ella. Sobre tus creencias:

¿Te asusta el fanatismo en otras personas? Eso nos hace sostener falsas creencias arraigadas que no permiten discutir opiniones diferentes. Si supieras que van a matarte, no podrías dejar de pensar en eso. Esto es lo que hacen tus miedos, fijan tu mente en ellos y todo lo ves desde el lado más oscuro. El miedo es la puerta de entrada de lo negativo. Si la energía sigue al pensamiento negativo, ¿cómo aparecería en tu vida la belleza? Atraes lo malo que temías, lo creaste con tu pensamiento. Como un avaro cuidando su dinero, sostienes tus apegos, pero como a nadie le gusta sufrir, trata de no darle poder a nada externo.

Tienes costumbres, cosas que se vuelven habituales y hasta lógicas. Es tu parte de robot, que sirve para realizar actos mecánicos, pero no para disfrutar la vida. El mundo con el que te relacionas y amas fue creado por tu mente y tiene  poco que ver con el mundo real.

La clave es comprender y tomar conciencia. Entonces lo que te esclaviza se desmorona, va perdiendo poder sobre tu creatividad  y remplazas al robot que antes eras. Sólo en la medida en que seas capaz de ver a alguien tal como es, aquí y ahora, no como es en tu deseo y en tu imaginación, sólo así podrás realmente amarla

Ningún valor que dependa de lo externo es absoluto. Los que han alcanzado la iluminación comprenden que un diamante es una piedra a la que la mente dio valor. Los reyes son lo grande o lo pequeño que tu mente decida que sean. La felicidad y la desdicha dependen de cómo afrontemos los acontecimientos, no de su naturaleza, dijo Anthony de Mello.

Redescubrirte  redescubre lo que puedes lograr, si eliminas la reja que tu mismo te pusiste.

La Nueva era requiere nuevos hombres que surjan del rencuentro con sí mismos, que llenen el abismo que los separa de la realidad, que surjan por la fuerza del amor, por el esfuerzo de integrarse a un Todo Mayor. Los que creen en cosas equivocadas, igual que los que apuestan por aquello que los limita, reivindican para ellos mismos la prisión espiritual.

El ego y el yo son íntimos amigos que viven en el mismo cuerpo. El ego come los frutos del árbol de la vida, mientras el yo observa con indiferencia. Cambiar el diálogo interior es la clave para dominar a la sabiduría de la incertidumbre. Ante los juegos del ego, sus dimes y diretes, habrá un yo desapegado que observa, reflexiona, medita y se decide a actuar.

Dr. Horacio Krell. CEO Ilvem. Dicta conferencias gratuitas sobre métodos para optimizar la inteligencia. Su mail de contacto es horaciokrell@ilvem.com

4pasos.com

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