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El futuro ya no es lo que era

¡Juventud, divino tesoro, te fuiste para no volver! Hay frases hechas que intentan explicar la vida, con sus edades, tropiezos, logros, alegrías y tristezas. De niños nos decían que esa es la mejor época de la vida, con todo por delante y que estudiando llegaríamos a ser como ellos. Pero ¿qué son ellos? Si son pobres, desean ser ricos, y si son ricos, viven con miedo a perderlo todo. Hartos de la rutina si tienen trabajo y desesperados si no lo tienen. El niño que no es tonto, no ve claro si le conviene llegar a la depresión, la ansiedad o el estrés.

Y él tampoco la pasa bien en la escuela. De adolescente va de la euforia a la depresión y cree que el mundo está en su contra, que los mayores lo atacan, mientras añoran sus tiempos mozos. Y un día toman conciencia que el tiempo pasó, que quisieran volver tener veinte años, que la mejor edad se fue tan rápido que no la supieron aprovechar.

Otro día valoramos la experiencia y las ventajas de ser maduros, creemos que conservamos veinte años en un rincón del corazón y decimos a los más chicos que no saben vivir.  ¡Qué saben ustedes de la vida!, mientras vamos gambeteando a la vejez que se aproxima.

El tiempo vuela y llega el momento en el que nada nos viene bien. Decimos que el mundo moderno resultó una porquería, que valores eran los de antes y que el fin de la humanidad llegó junto con los jinetes del apocalipsis, queriendo ignorar que fuimos parte del problema.

Elliot se preguntó una vez: ¿dónde está el conocimiento que perdimos con la información? y ¿dónde está la sabiduría que perdimos con el conocimiento?

Cuando nos vamos haciendo sabios llegamos a  conclusión de que cuanto más se vive más se puede aprovechar lo malo y lo bueno para cambiar lo que ha sido perjudicial y defender lo que hayamos hecho bien en cada edad, en cada etapa, de nuestro paso por el mundo.

En este caso podemos ser parte de la biblioteca nacional y no uno más en el geriátrico.

Es importante no creérsela y pensar que uno es más de lo que es. El  hombre es un fin en sí mismo, decía Kant,  y no todos llegan a cumplir con sus sueños. Pero el que la peleó,  la sensación que guarde deberá ser de satisfacción y no de amargura. Toda edad es buena para el milagro. Las neurociencias descubrieron en la década del 90 del siglo XX, la neuroplasticidad, según la cual el cerebro aprende hasta el último día con la condición de hacer cosas distintas. Así nunca está dicha la última palabra y mientras hay vida hay esperanza. El niño, el joven, el maduro y el viejo forman una cadena de valor complementaria donde todos son importantes. Deberíamos vivir bien en cada etapa.

Cuando le preguntaron a Giuseppe Verdi sobre el secreto de su longevidad creativa, afirmó:

“Toda la vida busqué la perfección, pero todavía no la pude encontrar”.

La computación en la nube. En inglés cloud computing, es un paradigma que permite ofrecer servicios de computación a través de Internet. El crecimiento del Cloud Computing plantea esquemas de trabajo basados en la interacción virtual.

Esta tendencia se alinea con la nueva Generación Z, de chicos capaces de hacer varias tareas a la vez, por una fuerte estimulación visual y la influencia de la web.

Cloud computing les ofrece que puedan acceder a servicios informáticos sin ser expertos en la gestión esos recursos. La información se almacena  en servidores de Internet y se envía a cachés temporales de cliente, lo que incluye equipos de escritorio o portátiles. Esto les da posibilidades para el teletrabajo, una estrategia para equilibrar la vida personal y laboral.

La Generación Z es la mejor amiga de Internet. A los ejecutivos de antes, que aún están tratando de entender a la generación Y, se les presenta el desafío de entenderla.

Los miembros Generación “Y” nacidos en 1982 están más comprometidos con su aprendizaje que con su empleador y no dudan en cambiar de empleo si sus expectativas no se cumplen. Para la mitad el progreso profesional es el principal atractivo y el 95% considera que el balance entre lo laboral y lo personal es importante. Las empresas buscan fórmulas para atraer y retener talentos, enriqueciendo su propuesta de valor, explorando compensaciones que satisfagan  sus expectativas con los recursos que disponen.

Estos jóvenes aspiran a contar con un “ecosistema tecnológico” que incluya redes sociales, mensajería instantánea, videos, blogs y wikis. El 41% prefiere comunicarse así antes que hacerlo cara a cara, o por teléfono, y  creen que la tecnología los hace más eficientes. Ante este escenario, algunas compañías  hacen foco en el uso laboral de las redes sociales.

En cuanto a la cultura empresarial, para el 59% es muy importante sentirse orgullosos de la organización donde se desempeñan y que evitarían trabajar en un sector con mala imagen El 71% de los jóvenes de la Generación Y quiere vivir la experiencia de trabajar en el exterior durante su carrera, y si bien los destinos preferidos son países desarrollados -como EEUU, Inglaterra y Australia-, el 53% aceptaría uno emergente si sirve para su crecimiento.

El dinamismo que caracteriza a la sociedad actual interviene en la metodología de trabajo de este grupo. El 51% afirma que le gusta recibir feedback en su trabajo,  prefiere aprender de su propia experiencia, aunque aprecian la guía de un mentor experimentado. Son el 25% del capital laboral en EEUU y para 2020 constituirán el 50%.  Las empresas deben conocer sus aspiraciones, actitudes laborales y conocimientos sobre nuevas tecnologías, para atraer a los mejores talentos, un factor clave para el futuro distinto de las compañías.

Después de la Y la Z. Esta generación la tiene menos clara, no obstante, tiene fuertes opiniones y sugerencias. Para la generación Y, el énfasis siempre ha sido profesional y de estudios, mientras que la generación Z le da menos importancia a los estudios formales.

En su vida personal puede haber falta de comunicación, y debido a eso pueden no ser muy eficaces para la educación de las generaciones futuras. Debido a ello, en el momento en que la Generación Z empiece a trabajar puede llegar a haber gran escasez de profesionales. Está integrada por jóvenes nacidos entre 1995 y comenzarán sus primeras experiencias profesionales en 2024 e irrumpirán con reglas y códigos propios. Los “Z” profundizarán los cambios. Tienen un profundo vínculo con la tecnología; nacieron y crecieron con Internet. Por este motivo, buscan agilidad, practicidad, practican la cultura de lo inmediato y el espacio virtual es, en buena medida, su mundo social. Este es el modo que ellos conocen en relaciones humanas. Son capaces de hacer grandes comunidades y colaborar por Internet sin conocer a nadie personalmente. Es su modo de concebir las relaciones profesionales. Las empresas tienen que esforzarse por atraer a un grupo reacio a la comunicación y a los vínculos personales. Las herramientas tecnológicas de colaboración e interacción serán recursos clave para impulsar el acercamiento a este grupo de jóvenes.

La velocidad es el rasgo que define a esta generación. El mundo gira cada vez más rápido.

 La radio, como dispositivo rupturista, tardó 38 años en llegar a 50 millones de usuarios. A la TV le bastaron 13. La Web estuvo al alcance de 50 millones  en 4 años, mientras que el iPod lo hizo en 3, y Facebook, en 2. Los saltos innovadores son cada vez más cortos; las tecnologías son más accesibles, eso hace que la conexión entre las generaciones cercanas sea más sólida y de contrastes, más borrosos. Por otro lado, fenómenos como el terrorismo global o las catástrofes naturales, han creado un mundo menos estable o más líquido, y han hecho que la adaptación al cambio se convierta en la norma.

Si se decía que los X y los Y fueron criados por la televisión, la generación Z está siendo criada por Internet y el celular. En los hogares de la generación Z, ambos padres trabajan, y muchos son monoparentales donde la madre es jefa de hogar y trabaja todo el día. Muchos  han sido criados por sus abuelos, empleadas, o pasan buena parte del tiempo solos. La TV e Internet son una gran compañía, y también el teléfono celular, que les da independencia, pero también los mantiene dependientes de sus padres hasta más allá de la adolescencia.

El pensamiento lineal está siendo desplazado por una configuración mental que necesita y desea recibir y diseminar información en estallidos cortos, descoordinados y veloces. Un estudio de la Universidad de Florida sobre los efectos de Internet en la generación Web, dice que ya no leen necesariamente una página de arriba hacia abajo ni de izquierda a derecha, sino que escanean y saltan las páginas, buscando palabras clave.

La televisión sigue ocupando un lugar central en la vida de estos chicos que cuentan con múltiples opciones dirigidas a ellos. La oferta es extensa. La mayoría dice que sus padres fijan horarios aunque confiesan que en su casa el aparato está encendido todo el día.

Los adolescentes también manifiestan aburrirse en muchas clases. E imaginan que en la facultad podrán aprender con un mix entre libros, casos reales y tecnología, y que aquello que estudien será interesante porque estará vinculado a lo que les gusta.

Para la mayoría el éxito no es trabajar en una empresa, sino ser independiente. Cuando ingresen al mundo laboral,  se habrán afianzado algunos cambios que hoy se esbozan. Habrá profesiones, vinculadas a la economía digital y el trabajo móvil será la regla.

El mercado laboral sufrirá cambios radicales.  La gestión de personas en 2020 plantea tres escenarios. El escenario azul, con corporaciones cada vez más grandes que ofrecerán a sus empleados un plan de carrera en una misma compañía. Un mundo naranja, en el que las empresas tenderán a escindirse para trabajar en redes de colaboración. Por último, estará el mundo verde, de aquellas empresas sociales que apuntarán tanto a la generación de valor económico como al valor social y el cuidado ambiental.

Las generaciones anteriores no cuentan en su genética con la capacidad de recibir y retener información realmente rápida, procesar en paralelo o trabajar en múltiples tareas a la vez, al menos no del modo natural en que lo hacen los nativos digitales.

La Generación Z prefiere ver gráficos antes que textos que los explican y no al revés. Acceden a la información azarosamente, “googleando” y no por medio de lecturas tradicionales o búsquedas sistemáticas en libros, enciclopedias o diccionarios. Son individuos que funcionan mejor cuando trabajan en red y responden al estímulo de la gratificación instantánea y las recompensas frecuentes.

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La clave está en aprovechar el “fenómeno Z”, concientizando a los mayores, para que el choque generacional, uno de los más disruptivos de la historia, sea manejado de la manera más eficiente posible, logrando integrar los intereses de las personas y las organizaciones.

Un rasgo esencial de la generación Z es que ha crecido y jugado con las tecnologías que sus padres utilizan para trabajar: teléfonos móviles, computadoras y tablets. Al ingresar al mundo laboral la generación Z tendrá una ventaja de capacitación y entrenamiento que otras generaciones no tuvieron. Sin embargo, cabe preguntarse si no se estará criando una generación tecnodependiente, incapaz de vivir desconectada.

¿Generación SI-SI o generación NI-NI? El término NI-NI se refiere al sector de la población que no está trabajando ni estudiando (Ni estudia, ni trabaja). Los principales detonantes del problema son: falta de empleo, deserción escolar y baja calidad educativa.

Si existiera un  proyecto país sólido los chicos se pondrían los pantalones largos y elegirían a los ejecutantes. No existen vientos favorables para los pueblos que no saben a dónde quieren ir. La visión magnética del futuro cambia el presente y produce los cambios. Finlandia lo hizo. Como país inteligente apostó por educación gratuita e igualdad de oportunidades. Detecta la inteligencia especial de cada niño y la introduce en los programas de estudio. El alumno es el protagonista de su aprendizaje. La educación refleja la sociedad donde se vive. Es una sociedad sin pobreza ni corrupción. Finlandia lidera en tecnología y educación. Compatibiliza valores republicanos con los individuales de honestidad, lealtad, confianza. Es una sociedad en la cual se puede ser sí mismo y respetar al otro. Las estrellas son los maestros y no los ricos y famosos. Su juventud es SI-SI. Sí estudia y Sí trabaja.

¿Cómo hicieron algunos países para estar 1ros en el mundo según el estudio Pisa de Ocde que mide el rendimiento de los estudiantes de 15 años en ciencia, matemática y lectura y ¿cómo hizo Argentina para estar entre los últimos? Y en economía ¿cómo hicieron los países sin recursos naturales para convertirse en potencias y cómo hizo la Argentina potencia de los años 20 del siglo XX para convertirse en una fábrica de pobres?

Finlandia hace 10 años cambió de rumbo haciendo de la educación su política de estado. Ahora para ser maestro hay que tener título universitario, para estudiar no hay que ser rico, todos tienen igualdad de oportunidades. La segunda respuesta la dio Japón. Destruido después de la 2da guerra mundial estudió cómo se fabricaban los productos en el mundo, los mejoraban y reducían sus costos. Así transformaron una isla sin recursos en la factoría de productos elaborados más grande del mundo.

La cultura del ejemplo. No hay mejor escuela: si todos progresan, si aprenden a aprender, con un proyecto país que los guía, si eligen a los mejores gobernantes, si la transparencia suplanta a la corrupción; se instala en la sociedad un círculo virtuoso de desarrollo con capital social. Desarrollo no es lo que tenemos sino lo que hacemos con lo que tenemos.

La mayoría de los padres ven la adolescencia con miedo. Creen que es una etapa de temer, sufrir y esperar a que pase. Olvidan que ofrece oportunidades y que los padres tienen un papel clave. Cuando un joven consume alcohol lo hace para llamar la atención porque necesita sentirse reconocido y atendido. No basta con que los padres le digan que lo quieren. Lo importante es que él se sienta querido.

La juventud se caracteriza por el entusiasmo y las ganas de experimentar. Los padres se preocupan de la seguridad: -que llegue pronto a casa, que no se meta en líos, de los estudios-. No les preguntan cómo les va con sus amigos, qué piensan, qué sienten. La apatía no es inherente a la juventud, que se caracteriza por el entusiasmo. Si un joven se muestra desencantado es producto de la educación y valores que ha recibido de su familia.

Los medios muestran una imagen nefasta de la juventud que se contagia y que hace creer que sólo se interesan por la tele, el ordenador o la previa. Necesitan que los mayores les den alternativas y les hagan caso. Los padres deben plantearse cuestiones como: ¿hablo lo suficiente?, ¿participo en sus iniciativas?, ¿les planteo planes más allá de ir al cine?, ¿los hacemos juntos? Con solo responder a estas cuestiones, descubren sus carencias. Por eso, el dedo que señala a la generación NI-NI se vuelve hacia ellos mismos.

Búsqueda de alternativas. Si los padres plantean a sus hijos actividades para que las realicen en su tiempo de ocio, no las realizarán. Lo mismo ocurrirá si se trata de actividades que suponen un esfuerzo a largo plazo, como aprender un idioma o a tocar el piano.

Debe ser una alternativa que sustituya a otra que les guste menos para que se sientan motivados e integrados. Tampoco hay que olvidar que deben reconocerles su esfuerzo. Por cosas buenas de sus hijos dicen que está en cuarto de Primaria, que juega bien al fútbol… Pero no valoran tanto que detrás de todo eso está su esfuerzo, dedicación y talento.

Para motivarlos los padres deben empezar por convencerles con hechos y que piensen que sus hijos son inteligentes y buenos. Si un joven cree que es muy hábil e inteligente y está convencido de que su padre así lo considera, no se refugiará en el videojuego, porque sabrá que tiene otras muchas posibilidades. Los padres que no demuestran a sus hijos que hay otros campos y que se limitan a decir ¿por qué no haces otra cosa que estar tirado en el sofá? no tendrán hijos motivados. Los progenitores que reconozcan las habilidades y aptitudes de su hijo y que confíen en él, pueden hacer que todo cambie.

También es importante estimularles y preguntar su opinión para que sientan que su versión importa. Si apreciamos su opinión, valoramos su inteligencia. Es la moneda del éxito social y se la tienen que dar los padres, y es lo que lo hará sentirse motivado. Imitan lo que hay en casa. Si no ven inquietudes, preferirán estar más tiempo afuera.

Pasar a la acción. Hay infinidad de acciones: de voluntariado, de acompañamiento a personas mayores. Con ellas se sienten útiles y comprometidos. Lo importante es cambiar el discurso, y no decirles deja ya el ordenador y sí ¿qué te parece si vamos a la biblioteca?, o alternativas siempre en concordancia con los gustos e intereses del joven.

Los jóvenes quieren ser perfectos y si se les anima con mensajes positivos y se sienten valorados e integrados en la estructura familiar, no tendrán tanto miedo al fracaso, porque irán con todas sus fuerzas, lo que les facilitará conseguir sus metas.

La herencia. Además de los bienes físicos, heredamos genética, creencias, mandatos, prejuicios. Por  el ADN familiar  no podemos hacer reclamos ni pedir cambios. El cuerpo y su forma, el color de ojos, ser altos o bajos es lo que recibimos y debemos aceptarlo. Para bien o para mal, somos como somos y lo que  podemos llegar a ser, según sea ese legado

Aprendimos que debemos dejar a nuestros hijos lo mucho o poco que podamos ofrecerles.

“Les dejo el trabajo de toda una vida”, “cuiden lo poco que puedo darles”, “repartamos en vida lo que le corresponde a cada uno”, “¿qué dirá en su testamento?”. No todos logramos considerar que, además es fundamental transmitir los otros valores, los virtuosos, las herramientas necesarias para que nuestros sucesores construyan una buena vida. Que sean lecciones de vida, flexibles, creativas, adaptadas a los tiempos y a sus posibilidades.

Muchas veces la herencia se convierte en una etiqueta sin honores que puede llegar a costarle el fracaso. He aquí revertir el curso de lo heredado, “lo que deberíamos terminar”, lo que es necesario atrevernos a soltar, sin ser desagradecido con lo que quiso dejarnos. Nada más saludable que hacerles una reverencia y salir a andar por la vida con valija propia. Hay legados, normas, reglas y costumbres que no son funcionales ni hacen a lo que deseamos  o a “lo mejor que nos puede pasar”. Hay que poder desaprender, saber desapegarse, aprender a perdonar, siempre agradecidos, pero fieles a nuestro proyecto.

¿Pero que es el ego? Es el yo consciente y racional que dirige a la experiencia ordinaria. Es la identidad oficial que se construye a lo largo de la vida con lo que se recibe y se adopta o se acepta como propio, rechazando otros aspectos que también son constituyentes y que funcionan como una sombra. El ego es una parte del yo pero, al no saberlo, pasa a ser el centro. Es el reflejo de los padres y de la cultura, que inculcaron la idea de lo que uno cree ser. Lo importante es comprender que uno no es su ego, sino que él es parte de uno, y cuya exploración sincera contribuye a iluminar el sentido de la existencia.

Así como no se saca el corazón por una cardiopatía, sino que se lo cuida, no hay que eliminar el ego alegando su inmadurez. Se trata de que madure, de que se desarrolle, para entender que uno es parte del universo sin creerse que es el centro.

Una pregunta atraviesa a todas las generaciones: ¿Qué carrera elegir al terminar la secundaria? Se la hacen todos los jóvenes  ante la tarea de decidir su futuro.  La crisis vocacional implica considerar las diversas perspectivas del problema.

Las elecciones y las reelecciones en la vida. Sócrates,  hijo de una partera, era  partero de almas. Su método consistía en preguntar: ¿Qué es la belleza? ¿Las cosas bellas son la belleza? ¿Qué hace que lo bello sea bello? El interrogado respondía hasta que reconocía finalmente su ignorancia. Sócrates dijo “sólo sé que no sé nada”, hacía parir ideas pero no podía dar a luz.  Cada uno lo hacía aplicando su principio clave: “conócete a ti mismo”. Era el momento en que nacía el saber. 

Elegir implica un haz de posibilidades en una tarea constante que implica acceder y renunciar al mismo tiempo. No se trata de una libertad absoluta porque las decisiones conscientes están condicionadas por razones que no acceden al plano de la conciencia.

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Quién elige. El cuestionamiento sobre la vocación aparece en la adolescencia.  Es la edad de “la tierra de nadie” que se atraviesa en la etapa en que dejan de ocuparse por elegir un juguete y pasan a preocuparse por elegir una profesión. Una traba es desconocer la vocación y las aptitudes. “Me gusta la sociología pero estudiaré arquitectura para obtener un mayor bienestar económico”.  Esta renuncia no siempre es congruente. Las profesiones no llevan etiquetas de su pobreza o riqueza ni una cédula de identidad que las defina como masculinas o femeninas, sino que el desempeño es lo que determinará el éxito económico.

“Quiero ser contador, mi padre y mi tío lo son. Mi papá me dijo que me dejará su cartera de clientes”. Un decisión de este tipo puede estar basada en la continuidad de una tradición familiar, por lo que, la aparente necesidad de asegurarse un futuro, sería en realidad un intento de mantener una relación de dependencia, que une al joven a la figura paterna, donde no puede separar sus propios deseos de los deseos de sus padres.

La familia es otro factor que incide.  Además de los factores que genéticamente se heredan de los padres, estos tienen  influencia directa en las elecciones al crear ciertas condiciones que ellos mismos desconocen pero que tienen un fuerte impacto. La tendencia a elegir un oficio totalmente opuesto al de los padres pareciera ser un intento de diferenciarse, de separarse, pero también puede entrañar una forma indirecta de dependencia.

“Nene ¿qué te parece si seguís el Doctorado en Ciencias económicas? Yo sólo soy Contador y me gustaría …” En ese caso es el padre quien intenta impedir la independencia de su hijo, tratando de ver realizados sus proyectos  frustrados de su juventud.

Plantearse la elección de una carrera significa un cambio en su vida que lo ubica frente a una tarea que ya no es de otro, como cuando su mamá lo inscribía en la escuela.

El plan de carrera. Como dijo Nietzche, “el que tiene un por qué puede superar cualquier cómo”. Por eso es importante saber quién queremos ser, para que lo que somos o lo que creemos que somos no nos impida lograr lo que podemos y lo que queremos llegar a ser.

Para alcanzar una meta  se necesita un plan. Este criterio se contradice en la práctica. Así como nadie admitiría que un edificio se construya a ojo, en su vida  tampoco debería dejar todo librado al azar. Planificar no es un  don que se lleve en la sangre sino que requiere de un aprendizaje.  En este mundo cambiante hay que adelantarse a los hechos. La mejor forma de predecir el futuro es inventarlo, crear una  visión y hacer foco en ella.

Un plan exitoso define lo que se quiere, fija con precisión la meta y la describe por escrito. Un plan  tiene un cómo y un cuándo, el objetivo debe alcanzarse en tiempo y forma.

En 1726 en su viaje a Filadelfia, un joven marinero de 20 años escribía el plan de su vida.  Insatisfecho consigo mismo, listó las virtudes que quería convertir en hábitos. Este genial planificador fue Benjamín Franklin. La humanidad perfeccionó sus inventos  -como el pararrayos-  pero no pudo superarlo en: ¿cómo formular el plan de la vida?

La elección de carrera Es un complejo proceso que relaciona  opciones educativas y proyectos personales. El coach-orientador acompaña el proceso de descubrimiento y transformación, a través del diálogo y la escucha activa. Para eso elaboran juntos las 4 A de  su aprendizaje: aprender a ser, a aprender, a hacer y a  convivir; investigando cómo aprende  y logrando que perfeccione sus estrategias cognitivas.

La tarea de elegir es o deber ser, a pesar de los mayores, totalmente suya, ya que supone un esfuerzo que, aún con la orientación paterna, o la ayuda de un psicólogo, debe hacer por sí mismo, y pasar a ser el actor de sus propios deseos. Así deberá investigar en dos direcciones: hacia adentro de sí mismo: necesitará conocerse, descubrir sus aptitudes, separar lo que desea ser, de lo que los demás quieren que sea y hacia el mundo externo: deberá acercarse a la realidad, buscar información, consultar y conocer en profundidad el mundo ocupacional. De este modo podrá hacer una elección acorde con sus necesidades.

La función de la orientación  vocacional es optimizar las elecciones ante los cambios. Son decisiones capitales porque diseñan el futuro y definen la misión. Una mala elección provoca un  malestar que influye en el desempeño y rebaja la autoestima que es un capital intangible imprescindible para cualquier logro significativo.

Para navegar hacia el  autoconocimiento hay que administrar las vacilaciones que se presentan entre no saber lo que nos gusta, desconocer nuestras destrezas,  sentirnos mal  por el tránsito en varias carreras; hasta poder definir una propuesta del futuro ocupacional.

Herramientas apropiadas Hay que brindar llaves que abran puertas y den pistas  en la búsqueda vocacional-ocupacional, transitando por el propio camino y construyendo espacios de relación interpersonal y social altamente productivos.

El Coaching Vocacional y Profesional permite conocer las disposiciones, inclinaciones  y preferencias  personales y los aspectos ocupacionales o espectro laboral. Esta tarea, requiere mucho más que la buena voluntad de padres, docentes o amigos: implica contar con profesionales idóneos como participantes activos en los interrogantes  planteados por jóvenes  y adultos ansiosos por construir o reconstruir un proyecto de vida, sabiendo que los  sueños,  proyectos y condiciones,  son  claves en la conquista personal y colectiva.

Ser el arquitecto creador del propio destino. ¿Se trata de vocación o del bolsillo?, ¿de ocupación o de profesión?, ¿de trabajo o de empleo? Hay que reflexionar sobre sí mismo, sobre  la realidad y sobre los recursos que se poseen, para optimizarlos  y lograr la ansiada realización personal. La elección puede referirse a distintas  alternativas:

* Estudiar una carrera  de grado para  desarrollar una profesión.

* Estudiar una carrera corta.

* Elegir la  institución  dónde estudiar.

* Seleccionar una actividad/trabajo sin pasar por una instancia de educación formal.

* Estudiar y trabajar para costearse los estudios.

* Aprender técnicas de estudio para incrementar el rendimiento.

* Tener más tiempo  para reflexionar y decidir.

* Elegir actividades paralelas que sean complementarias.

* Poder organizar acciones para el tiempo libre.

* Conocer ofertas educativas en el exterior

* Obtener  información del mercado laboral.

La orientación vocacional y el coaching  convienen a los que tienen conflictos, dudas, deseos de cambiar  o han tenido fracasos previos. También es útil para empezar de nuevo como la mujer que se dedicó a la crianza de sus hijos y quiere volver al mundo del trabajo.

La motivación y la metodología  deben ir de la mano en el proceso de alcanzar los objetivos deseados. Porque quien falla al planear, planea fracasar

Poder inteligente. La orientación vocacional rápida es un parche para problemas que vienen de antes. La elección de la carrera no puede hacerse bajo el formato de un curso acelerado sino que debe resultar del autoconocimiento y del conocimiento de la realidad.

La etapa de saber lo que quiero es crucial porque cuando el deseo es muy grande el obstáculo se vuelve pequeño. Implica también conocer destrezas y debilidades.

Para eso hay que preguntarse: ¿Conozco la oferta de carreras y cursos? ¿Estoy informado sobre la carrera que voy a seguir? ¿Qué me imagino de la carrera, el oficio o la profesión que voy a seguir? ¿Es acertada la idea que tengo? ¿Conozco la salida laboral que tiene la carrera que elijo?  Al arte de preguntarse a sí mismo habría que sumarle al menos otras preguntas: ¿estoy preparado para seguir la carrera que me gusta? ¿Mi deseo coincide con mis aptitudes? Estas preguntas completan el test. Porque una cosa es querer y otra poder.

El poder inteligente es el desarrollo del empowerment, que es el poder interior.  Ese poder es el que genera la energía pero se bloquea cuando no se puede abrevar en la fuente que es la inteligencia espiritual. En ese caso el individuo no se puede empoderar a sí mismo. La otra dificultad puede surgir por carecer de una metodología intelectual que facilite conquistar el querer. El estudiante que se prepara para elegir está más consciente de lo que le espera y también de rectificar el rumbo cuando comete un error.

Ser joven no es una cuestión de edad cronológica sino espiritual. Por eso hay que abrir el camino de la reorientación profesional a cualquier edad. En épocas de cambios es común quedar perplejos y no saber qué hacer tanto a los 18 años como a los 60.

La cuestión del querer y del poder es un test gratuito y permanente que ofrece la vida. Querer es poder une las etapas del autoconocimiento y del conocimiento de la realidad, relaciona la pasión por el logro con el método para conseguirlo.

Descubrir el querer es el primer paso, el segundo es disponer de una metodología. Ambos deben ir de la mano. Vivimos en la época del pensamiento light, de la falta de un deseo profundo. Esa debilidad es un freno. Los estímulos  de la realidad compiten para captar el interés, pero un querer genuino define a qué atender, como un imán que atrapa la atención.

Sin el interés, el pensamiento no tiene conductor. La concentración materializa el triunfo de quien, conociendo su destino, crea la senda que lo conduce, porque posee la mayor de las riquezas, la riqueza de los métodos. Para él todo sirve, hasta las piedras en el camino. Como dijo Séneca no hay vientos favorables para el que no sabe a qué puerto quiere arribar.

Nadie elegirá por ti, eres tu quien deberá hacerlo. Ese será tu compromiso y tu tarea.

Dr. Horacio Krell CEO de Ilvem. Dicta conferencias gratuitas sobre métodos que optimizan la inteligencia horaciokrell@ilvem.com

4pasos.com

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