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Mi hobby es muy rentable…

A finales de la década de 1990, Julie Aigner-Clark era una mujer embarazada sin demasiadas ganas de volver a su trabajo. Julie, amante del Arte y las Humanidades, comenzó a producir vídeos sobre arte y música casera como una forma cotidiana de educar a sus hijos en lo que a ella más le gustaba. Ése fue el germen de Baby Einstein Company, una empresa que, cinco años después de su creación y con la ayuda de su marido Bill, generaba unos ingresos de 20 millones de dólares anuales. El hobby de Julie se convirtió en empresa, y la empresa en un gran éxito, y rentable, pero la fundadora de Baby Einstein se dio cuenta un día de que para pasar a una nueva fase necesitaba una gestión profesional, entrar en operaciones muy complejas y nuevos recursos financieros. En noviembre de 2001, Baby Einstein pasó a formar parte de The Walt Disney Company, convirtiéndose en un líder de los productos audiovisuales de educación infantil, entre los que se contaban DVD, vídeos, música, libros y juguetes.

La felicidad y satisfacción que puede reportar el convertir nuestro hobby en un negocio con el que podamos ganarnos la vida, o incluso convertirnos en millonarios, se resume en el libro de Mihalyi Csikzentmihalyi –Flow–, que viene a decir que todos somos superdotados en algo. Todos hacemos algo mejor que el resto, y eso que sabemos hacer mejor fluye de manera natural y no cuesta casi trabajo. Hay que encontrar qué nos apasiona y agarrarnos a ello apasionadamente.

Realidad empresarial
Los expertos más pegados al terreno de la realidad empresarial advierten sin embargo que la sola pasión no convierte a nadie en magnate. De manera muy básica, conviene tener un plan de negocio que detalle cada aspecto de todo lo que se pretendemos conseguir. Conviene asimismo calcular los objetivos a uno, dos y cinco años vista, estimando los costes y la forma de financiar el supuesto negocio; y hay que buscar consejo, y no está de más formarse acerca de determinadas cuestiones que implica la creación de un nuevo negocio (impuestos, aspectos legales y fiscales, etcétera).

Aprender sobre el uso de Internet como canal de venta, márketing y también como herramienta para competir tampoco viene mal a cualquier emprendedor que pretende transformar su hobby en una actividad verdaderamente rentable. Las posibilidades que ofrece la red brindan un gran potencial para captar a mucha más gente de lo que antes se lograba con medios tradicionales.

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Roberto Saint-Maló, socio gestor de Adara –una firma que invierte en empresas tecnológicas de nueva creación–, explica que "para el capital riesgo, el ingrediente número uno es el emprendedor. Se trata del principal factor que lleva a apoyar un proyecto. Cuando se habla de un emprendedor, lo ideal es que se trate de un empresario con potencial. Es mucho mejor encontrar esto que una idea perfecta".

De todas formas, no hay emprendedores ideales. Crear compañías es más un arte que una ciencia e implica mucho trabajo. Saint-Maló habla de un fenómeno –la curva J– que se refiere básicamente a que "las cosas malas salen antes que las buenas, y esto requiere mucha perspectiva".

El socio gestor de Adara cita determinadas características que el capital riesgo busca en un emprendedor: "Para empezar, el compromiso total con lo que está haciendo. A esto se añade el que ese emprendedor tenga un magnetismo especial, que siempre es necesario para atraer recursos financieros, inversores ángel, consejeros o gente valiosa. Pero, por descontado, si no hay compromiso, jamás puede existir ese magnetismo".

Otra de las peculiaridades que el capital riesgo busca en los emprendedores es que éstos sean capaces de generar la mejor dinámica de equipo. Desde un punto de vista inmediato, esto se refiere a la capacidad para saber formar un buen grupo, para buscar personas que sean complementarias y para ser consciente de lo que uno puede hacer y lo que no. Pero si además se logra poner en marcha un proyecto ambicioso, éste suele atraer a inversores. Y en este punto resulta necesario saber hacer equipo con estos inversores, en una relación en la que todos deben ganar.

Jaime Hernández Soto, socio de MCH –una firma de capital riesgo que invierte en empresas no cotizadas de diversos sectores– explica que "no sólo se valora la idea de un individuo, sino también el equipo que apoya en distintos aspectos a la compañía que se quiere montar".

Saint-Maló añade que también se tiene muy en cuenta el hecho de que los emprendedores hayan estado anteriormente en la situación de liderar un proyecto. "No quiere decir que haya salido todo bien. Algunas veces invertimos en proyectos que no han salido perfectos". El socio gestor de Adara afirma además que no todos los emprendedores funcionan de igual manera en las primeras fases de un proyecto que en las sucesivas. Para perdurar como motor de éste resulta fundamental contar con un equipo humano y tener capacidad para manejar situaciones difíciles. Y también saber mantener la confianza, haciendo reales las expectativas: un buen emprendedor que mantiene la confianza no ofrece excusas, sino resultados.

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Apasionados por el negocio
El hobby es un factor favorable que genera compromiso, pero estos proyectos tienen además un aspecto empresarial que resulta básico. Si ese hobby coincide con una necesidad clara, esa pasión puede ser muy valiosa (Google con la obsesión por las búsquedas o Amazon por facilitar que el público encuentre de todo a golpe de click). Jaime Hernández Soto asegura que "debe existir siempre un cierto grado de pasión, que se crea en el proyecto. Al final, cualquier empresario la tiene, porque el creador de una empresa es una persona optimista, pero no debe alejarse nunca de la realidad de las cosas". El socio de MCH añade que "siempre se hace necesario llevar a la práctica económica las ideas, y que éstas sean rentables; que se vean las ventajas competitivas y se haya estudiado el mercado". Hernández Soto explica además que "uno de los pecados de las empresas de Internet –y un error recurrente– ha sido que los proyectos no contaban con los fondos suficientes para hacer el desarrollo de la empresa".

Saint-Maló recuerda que el proyecto en el que se fija el capital riesgo ha de tener un gran potencial de crecimiento, tanto en España como fuera de nuestras fronteras; debe estar en condiciones de competir en un mercado grande, y "en tres o cinco años, debería multiplicarse por diez". Hernández Soto cree que "un inversor no se mete en un proyecto para ganar un 2% ó 3%. Se buscan rentabilidades que estén de acuerdo con la prima de riesgo que se asume". El socio gestor de Adara concluye que "más que de hobbies, hablamos de una visión por cierto producto", una idea en la que coincide Jaime Hernández Soto, que señala como un punto fundamental para confiar en un emprendedor el hecho de que la idea sea original y clara; que el inversor pueda entender bien cuál es el negocio.

Fuente: Expansión y Empleo

4pasos.com

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