Una camisa usada es una prenda "nueva" en potencia, por lo menos para cuatro jóvenes egresados del Tecnológico de Monterrey.
Ellos aplican en la ropa aquellas frase de la física de “Nada se destruye, todo se transforma”. Si bien el fenómeno no es nuevo, los jóvenes de hoy se interesan más por el aprovechamiento y reutilización de los recursos. Y las prendas de vestir se prestan por completo a practicar la “cultura verde”, sobre todo cuando hay creatividad de por medio.
Según varios profesionales de la moda, el guardarropa reciclado interesa a cada vez más clientes, amantes del vintage (ropa usada, pero rescatada por su valor de moda de antaño), deseosos unos de poseer piezas únicas y otros de contar con materializaciones de la crítica a la sociedad de consumo.
Obrera y Lady in Pink, hacen de la ropa usada su materia prima para realizar colecciones enteras, muy ecológicas.
¡Ropa vieja que reciclen…!
José Torres, tiene 25 años de edad y es Licenciado en Mercadotecnia. Se inició en reciclaje de la moda por una convicción personal: ‘ir ligero por la vida’.
"Creo que acumular es empezar a cargar cosas en la vida. Mientras más lo haces vas generando más basura, no sólo en un nivel ecológico sino en un nivel personal ", expresa.
Y en ello concuerda Josselin Sanromán, su compañera de fórmula. También Licenciada en Mercadotecnia, con un año más que José, quería hacer de su hábito de comprar ropa algo más productivo. “Pensé que no quería comprar ropa para después regalarla; creo que a veces nos dejamos llevar por el consumismo y hay formas de hacerlo a un lado”.
José y Josselin, se encontraron en diciembre del 2008 y viendo la similitud de sus intereses, decidieron darle cauce. "Compramos una paca de ropa usada y pensamos en experimentar con ella para definir nuestro estilo, porque el diseño era algo que ninguno de los dos habíamos hecho para otras personas”, relata José.
El proyecto llamó la atención de sus familiares y amigos, quienes se unieron a la causa donándoles ropa que ya no utilizaban. Ahora ya no compran pacas y tienen una pequeña fábrica, Obrera, ubicada en la colonia con el mismo nombre, en Monterrey, donde ya cuentan con suficientes prendas listas para ser renovadas.
"Mucha gente tiene necesidad de deshacerse de las cosas y al mismo tiempo sentir que no está dañando al medio ambiente; nosotros somos, de cierta manera, su válvula de escape", señala Josselin, quien también produce documentales.
"Hemos estado experimentando con técnicas diferentes; mezclamos telas, trabajamos con bordados, con dibujos hechos a manos, con cloro a manera de esténcil".
Crean de manera artesanal y única, entre 20 y 30 prendas por semana, y en ocasiones, organizan fiestas para presentar sus últimos diseños, que van desde los 80 hasta los 350 pesos.
Verde que se convirtió en rosa
La ropa vieja no merece ir al basurero. Eso piensan Diana Díaz y Alejandra González, quienes con su marca ‘Lady in Pink’, dan a las prendas usadas un toque actual, sin dejar su aire retro.
Alejandra -de 27 años de edad, Licenciada en Ciencia Política- señala que el sistema de producción a gran escala lleva al consumidor a entrar en un juego en el que, por ‘estar a la moda’, compra constantemente.
"Creemos que nuestras prendas son atemporales; que no van a pasar de moda: por la tela, el diseño y el arreglo que usamos", agrega. Junto a su amiga Diana, que estudió Licenciada en Relaciones Internacionales, y desde que eran estudiantes en el Tecnológico de Monterrey, comenzaron a comprar ropa ‘vintage’ y con sus máquinas de coser la intervenían para utilizarla.
De eso hace tres años. Motivadas por los buenos comentarios que recibían, crearon “Lady in Pink”. Ahora trabajan de 10 a 15 prendas a la semana, que ofrecen desde los 250 pesos hasta los mil.
"Rediseñamos la prenda. Pueden ser cambios mínimos como un corte de bastilla hasta una intervención más amplia como agregar a un vestido una crinolina".
Alejandra ha notado que muchas personas se resisten a comprar ropa reciclada, pero hacerlo, puede ayudar en sus bolsillos y a evitar el consumismo. "Ojalá que la gente empiece a convertir el reciclaje en una actividad para todo. La ropa es un comienzo; pueden lograrse atuendos auténticos, lindos, con historia y además ecológicos”.
Fuente: Tecnológico de Monterrey