República Dominicana está situada como el quinto país en actividad emprendedora, de un total de 42 que incluyó un estudio realizado por la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra, sin embargo, la mayoría de los proyectos no llegan al tercer año, porque no se basan en innovación ni en conocimientos
El país cuenta ya con la primera incubadora física, posiblemente la única del área del Caribe que servirá para brindar apoyo y alojamiento a nuevos proyectos de negocios, bajo la sombrilla del Centro de Desarrollo y Competitividad Industrial (Proindustria).
Se trata de una nave facilitada por la Secretaría de Agricultura, ubicada en la autopista 6 de noviembre, que cuenta con 2 mil metros cuadrados para alojar pequeñas empresas que estén comenzando.
La infraestructura dará los servicios de consultoría, gestión contable y de recepción, para evitarle al empresario que está arrancando o “poniendo a caminar una idea” tener que crear una estructura organizativa para atender todas esas áreas.
A menudo las ideas que se forman en la mente de muchos seres humanos caen en el terreno de lo inalcanzable o irrealizable. Esa inconsistencia para las realizaciones está muy vinculada a la falta de un pie de amigo o soporte, esencialmente falta de fortaleza económica.
La coordinadora general del Programa Nacional de Incubación de Empresas (Proincube), Tamara Mera, se interesó en hacer saber al público que tiene hacia donde dirigirse para hacer realidad sus sueños y sus negocios.
En una entrevista con El Caribe esbozó ampliamente los propósitos y la razón de ser del órgano que dirige, una dependencia de Proindustria, antigua Corporación de Fomento Industrial.
“El fondo de garantía existente para apoyar las iniciativas es de RD$20 millones (aportados mitad y mitad por el Banco Agrícola y Proindustria).
Pero con la Ley 392-07 de Proindustria se crea otro fondo para apoyo de todo el sector industrial, con un monto que todavía no está disponible, porque se está trabajando.
Cuando se concluya pondrá a disposición de los emprendedores una mayor cantidad de recursos que los existentes hasta ahora”, planteó.
En un período de tres años Proincube ha evaluados 200 proyectos de todo tipo, presentados esencialmente por jóvenes con intenciones de “echar para adelante”.
También, ha brindado asesoría sin costo a emprendedores o empresarios que están en fase de inicio en los negocios (desde el surgimiento de la idea en el caso de unos, hasta aquellos que ya están operando en el mercado, pero de manera informal).
Sin embargo, aclaró que “tanto los calificados como los que vengan” deben reunir un perfil caracterizado por la innovación, y sin que se trate de “más de lo mismo que tiene el mercado”.
Asimismo, se exige para ofrecer respaldo, que tengan un nuevo canal de distribución, un mercado potencial; que contribuyan a sustituir la importación; que posean ventaja competitiva frente a lo existentes, y que contribuyan a crear valor agregado.
Dijo que la aspiración de Proincube es seguir replicando proyectos como el de la nave ubicada en la 6 de Noviembre y apoyar los que sean pertinentes a cada una de las regiones del país.
Y como ejemplo citó el caso de los oficios artesanales, en cuyo sector se ejerce una actividad distinta a otras áreas. “Hay algunos de ellos que trabajan cajitas de madera, que trabajan con piedras existentes solo en este país.
Otros trabajan en la parte de cueros (…), sostuvo. Como se ve no tienen que ser empresas basadas solo en tecnología a las que brindamos apoyo, porque estamos abiertos a todo el rango de los sectores productivos, pero tienen que tener una diferenciación, valor agregado e innovación”, reiteró con interés en ese punto.
Dada la debilidad en República Dominicana, expresada cuando de los egresados de las universidades apenas el uno por ciento se convierte en emprendedores, mientras la mayoría sigue estudio de postgrado o se convierte en empleado, Proincube se ha visto obligada a acercarse a las academias para que procuren hacer un reenfoque y apoyarlas.
El apoyo e interés cobrado
El respaldo para las iniciativas incubadas puede ir desde 50 mil hasta un millón de pesos, con una tasa mensual de un 8 por ciento y tres meses de gracia.
El monto siempre dependerá del tipo del proyecto que se trate.
Para determinar los montos se elabora un plan de negocio que indica la inversión que requieren las posibles empresas para caminar bien y el mercado hacia donde estarían dirigidos los negocios.
“Creo que en el mercado somos el único producto financiero que realmente apoya de ese modo a los nuevos emprendedores.
Hay que decir que aunque exigimos garantía somos mucho más flexibles.
Hay muchos muchachos a los cuales son sus padres quienes les sirven como garantes”, apuntó Mena.
El plan de negocios al que hizo referencia toma en cuenta el lugar donde puede ser colocado un establecimiento o negocio que aspire a conseguir el éxito.
“Si tenemos por ejemplo, un restaurante de comida light, necesariamente tiene que colocarse aquí en la ciudad, donde pueda captar los clientes que tienen ese tipo de consumo”, sostuvo.
Actualmente Incube trabaja con la Cooperativa Zafarraya, que tiene un proyecto para comercializar ají morrónes cultivados en invernaderos de la zona del Cibao.
La cooperativa será la comercializadora y la entidad estatal ofrecerá respaldo facilitándole una nave propiedad de Proindustria ubicada en la zona franca de La Vega y que actualmente no se está usando.