Microclústeres: vocación de innovación

Este artículo trata de una forma original de emprendeduría, de atracción de talento, de la utilización inteligente del dinero público, de creación de nuevo tejido industrial, de la mejora de la ocupación, y de la contribución de las universidades al desarrollo. Es posible que al lector ya no le interese seguir; sin embargo, le advierto que se perderá una buena historia.

Todo empieza a principios de los años ochenta. En aquellos tiempos la universidad era una institución de lo más clásico y de lo más previsible. Una suma de asignaturas y de facultades. La producción científica era una actividad solitaria y practicada por una minoría del profesorado. Pero de pronto el número de alumnos aumenta y, con ellos, el número de profesores y también el dinero para la investigación.

Entre aquellos profesores los había emprendedores, y, sin que nadie se lo pidiera, estos empiezan a crear grupos de investigación asegurando, a todo el que se apuntara a la aventura de la ciencia, publicaciones, promoción, mejores condiciones de trabajo y, a veces, gracias a los contratos de transferencia, un pequeño sobresueldo.

Pasa el tiempo y los grupos de investigación incipientes, superando toda clase de dificultades, aumentan de tamaño y adquieren autonomía. Los grupos ya no sólo publican y transfieren, sino que también patentan y crean empresas, y, lo mas significativo, atraen doctorandos de otros países, atraen alumnos extranjeros a sus másters dispuestos a trabajar en sus laboratorios, e incluso atraen departamentos de I+D de empresas significadas y grupos de investigación de otras instituciones.

A estos conglomerados los llamamos microclústeres. Los microclústeres han nacido con vocación de crecer y necesitan un ecosistema que se lo permita, y los parques científicos y de la innovación son los encargados de proporcionárselo. Sus dirigentes, aquellos jóvenes profesores emprendedores, son hoy gente capaz y respetada y que, de la nada, ha creado nuestro sistema científico, un sistema creador de riqueza.

No hay truco, se trata de la vieja receta de poner recursos a disposición de gente emprendedora, exigirle rigor, darle libertad de acción y entender que la creación de un sistema ciencia y tecnología vinculado a la innovación exige tiempo, recursos, libertad emprendedora y estabilidad.

fuente: La Vanguardia

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