
Y es que el plato donde se deja la taza es el reproductor. Así uno se puede llevar la música donde quiera.
Es más, y para colmo de la modernidad, os diremos que la propia taza hace de control de volumen de la música. Sólo hay que girarla sobre el plato y la canción sonará más alta o más baja.
Sin duda, un gran adelanto. Ahora bien: falta que el CD pueda mojarse en el café como una galleta después de haberlo escuchado. Eso ya sería el sería el desayuno perfecto.
fuente: No puedo creer