
A lo que vamos: los padres runners se encuentran con el tremendo problema de que su hijo tarda unos años en poder seguirles el ritmo. La solución más sencilla sería sacrificarlo y esperar que los genes solucionaran ese problema en unas cuantas generaciones, pero hay gente a la que le parece una medida cruel (nunca han jugado una mazmorra del WoW con desconocidos: ahí se demuestra la crueldad).
Por suerte para ellos, a finales de año tendrán a su disposición el KidRunner, un cochecito de bebé que se sujeta a la cintura del progenitor y hace que el niño reciba la espalda durante varias horas al día; lo que se pierde en educación se gana en comodidad. Por supuesto, un padre runner aceptará cualquier reto que le imponga la vida porque es optimista, se ha realizado a sí mismo y lee a Coelho y a Bucay, así que permitirá que el niño crezca y se haga adulto sin abandonar el carricoche para añadir más peso a sus carreras diarias. No me extrañaría ver a treintañeros encaramados al carricoche, con látigo y una PS Vita siguiendo a sus padres hasta el fin del mundo. Una imagen idílica.
fuente: No Puedo Creer