Sociedades participativas

Sociedades participativas

Las sociedades participativas aceptan y estimulan al diferente y canalizan sus destrezas como fuente de energía social; el rol técnico no ahoga al esencial. Un equipo de iguales no sirve.

La triple ciudadanía es una filosofía en la que los equipos son el cable a tierra del sueño ético de repartir con justicia la riqueza, transformando a los ciudadanos en socios innovadores en una triple ciudadanía, junto a las empresas y la sociedad. Las relaciones se instrumentan con equipos en alianzas y no como relaciones jefe-empleado, comprometidos con el resultado y no con la tarea, asumiendo un liderazgo compartido basado en valores comunes y no esperando que alguien resuelva los problemas.

Los equipos de trabajo

Sobresalen hoy porque las estructuras grandes son lentas. Los equipos de trabajo necesitan calidad de gestión y amalgamar a la gente. ¿Por qué fracasan  tanto los equipos? Porque no ven lo que va mal, no poseen una potente visión del futuro o no conocen el camino a la meta. La energía nace de la tensión creativa entre la situación actual y la deseada. Para eso los equipos de trabajo deben aprender a trabajar en equipo, como las neuronas de la inteligencia social.

La maldición de los recursos naturales

Argentina los tiene pero falla al gestionarlos, el 50% de la gente es pobre, porque gobiernos populistas los dilapidan. Las decisiones no se basan en el conocimiento y la memoria institucional es pobre porque los funcionarios cambian después de los comicios. No hay funcionarios bien remunerados y comprometidos con el interés nacional, se eligen por amiguismo. Eso reduce la capacidad de acción del gobierno ante las crisis recurrentes. Un equipo profesional no minimiza la política, le otorga capacidad de gestión. El argentino descree del gobierno, evade impuestos y envía sus ahorros al exterior. La deuda externa argentina es igual al dinero que tienen afuera.

La economía de la inteligencia

Desarrollo no es lo que se tiene sino lo que se produce con lo que se tiene. El falso dilema es dar pescado (planes sociales) o enseñar a pescar, pero si la caña es importada la inteligencia es ajena. Una nación innovadora y moderna, centra su estrategia en su gente, y los ciudadanos se sienten integrados.

Hay que invertir en educar, en dar espacio al potencial creador con canales de participación: la inteligencia país se construye desde abajo. Se pierde cuando los profesionales se van, las economías desarrolladas ganan cuando la reciben. El desafío pasa por educar, no en brindar información sino enseñar una forma de ser, de crear y de hacer.

Un ejemplo para imitar

En la isla Fogo de Canadá sus habitantes son socios en proyectos comunitarios con un modelo participativo que impulsó Zita Cobb. Ella y sus hermanos varones partieron a Toronto donde estudiaron, se independizaron y cada uno creó su propio negocio. 

Mientras el camino del éxito alumbraba a los hermanos, Fogo agonizaba. Con la llegada de las pesqueras noruegas, la actividad tradicional feneció y la migración dejó moribunda a la isla.

Zita decidió vender su empresa y volver a su isla. Tenía un gran respeto por las formas humanas del saber y de las relaciones respetuosas con la naturaleza, la cultura y la comunidad. 

Regresó a Fogo Island en el 2000  con sus hermanos Anthony y Alan, y fundó Shorefast, que reunió en una sociedad participativa a los habitantes, que son dueños de cuotas partes idénticas de todos los desarrollos que realiza la entidad, y cuyas ganancias son reinvertidas en la isla.

Un shorefast se usa para sujetar una trampa de bacalao a la orilla y simboliza la importancia de aferrarse al poder de las conexiones auténticas entre personas, comunidades, cultura y lugar.

Las ideas implementadas lograron recuperar la arquitectura de la isla; poner en valor las casas de pesca sobre la costa, las jaulas de captura artesanal con botes; reenfocar el estilo de pesca, generar un canal de comercialización sostenible y reestructurar la vida civil.

La filosofía

Expresa la relación con el todo: todo el planeta, toda la humanidad, toda la existencia y encontrar formas de pertenecer al todo manteniendo la especificidad local.

Así concibieron la idea de crear empresas comunitarias. Los negocios son un instrumento social y económico que se utiliza para apoyar el lugar y dar forma a las relaciones humanas.

Si se hace bien, los negocios permiten aportar la capacidad individual y colectiva a la sociedad. Cuando hablan de pescado, se trata de bacalao y el de ellos es el mejor del mundo.

Antecedentes

La sobrepesca industrial había copado las 11 ciudades de Fogo hasta agotar los cardúmenes y matar la forma de vida de la isla. Pero 1992 se decretó el cese de la pesca y los emprendimientos internacionales abandonaron la isla y el bacalao inició su renacimiento.
La pesca está ligada a la vida familiar, cultura y economía, y el método preferido por los pescadores locales para la captura siempre ha sido el tradicional anzuelo y la caña de pescar

Fundaron Fogo Island Fish

Para proporcionar el mejor producto se aumentó el precio que se paga a los pescadores por su captura. Fue la primera la empresa social. El bacalao se pesca  en otoño, cuando está en su máximo desarrollo. El modelo artesanal no provoca daños colaterales ni en la población ni en el medioambiente. Preservan el trabajo local en una cooperativa de propiedad comunitaria y garantizan la máxima frescura del producto. La falta de intermediarios y la calidad permiten pagar a los pescadores por encima de la tarifa de mercado.

Crearon un hotel de lujo

Involucrado con el paisaje, sustentable y sostenible, con capacidad para dar trabajo a la mano de obra artesanal de la madera y de la gastronomía. La tradición de anfitriones de los isleños debía resolverse con recursos propios. En el  Hotel Fogo Island Inn no hay inversores ni ganancia privada y fue llevado a cabo bajo un diseño audaz, y humanista.
Lograron nuevas formas con las cosas viejas e intentaron preservar y estimular la cultura.

Se reactivó el conocimiento de la isla con jóvenes involucrados en el medioambiente, el turismo y la vuelta a las raíces. Los interiores del hotel respetaron el legado artesanal local y fueron hechos a mano. Se fortaleció la cultura y la economía, 33 nuevos hospedajes crecen a su lado.

Turismo

Se lograron turistas con el programa de residencias artísticas y académicas. Junto a la Memorial University de Newfoundland, crearon en 2016 un programa para becarios que participan en la investigación, interactúan con la comunidad y comparten sus conocimientos.

Un programa de arte se suma al conjunto holístico de iniciativas. Invitaron a artistas emergentes para que se instalen en la isla y lleven adelante un proyecto  que dieron a conocer al mundo.  

La inteligencia de esta acción activó conocimiento de la isla por los que se interesan en medio ambiente, sustentabilidad, fauna y flora, volver las raíces y al turismo y vida sustentables. Se convirtió en el trampolín de difusión de Fogo en el exterior. La tasa de retornos supera el 60%”.

Nuevos emprendimientos

Hay nuevas ideas que emergieron en la última década. La Nueva Ética Oceánica incluye conferencias en asociación con la Universidad Simon Fraser y la implementación de cultivos revolucionarios, una forma sostenible de pesca que tiene un impacto ambiental mínimo, y que genera un producto de calidad superior: el “bacalao-bacalao”.

Fogo es uno de los pocos lugares en el mundo donde se puede observar la totalidad de una cámara de magma. Prominentes geólogos llegan a Fogo, realizan investigaciones, dirigen caminatas geológicas y hacen presentaciones públicas, con mapas de aprendizaje interactivos.

Microcréditos

Siguiendo el modelo del Grameen Bank, el Shorefast Business Assistance Fund ofrece microcréditos a quienes buscan iniciar negocios en la isla. En este marco, The Woodshop  (El taller de carpintería) es el resultado de un proceso de colaboración innovador entre artistas y diseñadores foráneos y hábiles artesanos rurales. La colección encarna un lujo que valora la artesanía y la narración, para conectarse con los objetos con los que se comparte la vida.

Recuperación económica

El empleo de fabricantes y artesanos locales contribuye a la promoción de la economía. La etiqueta social es otro de los hallazgos del negocio: enumera cada materia y valor agregado con su costo detallado, incluido el margen de ganancia, lo que permite trasparentar los precios y comprender el precio de lo que pagan los huéspedes de la posada que no pueden irse sin llevarse alguna de las piezas exclusivas con las que conviven.

Las habilidades necesarias para fabricar botes y barcos ha sido una parte esencial del tejido social y económico en las zonas rurales. Las técnicas de construcción se han transmitido a través de generaciones, pero con la muerte de la pesca, se había perdido. Hoy han sido recuperadas.

Un programa escolar con maestros constructores de barcos fomenta el aprendizaje.
El éxito inaudito de esta comunidad autodirigida que comercializa su favor, cuidándose hombro a hombro y sin fisuras, ha inspirado a otras comunas, apadrinadas para su propia recuperación.

Un empleado le hace ganar a Disney

La carrera de Andy Mooney  lo llevó desde Escocia a trabajar con gigantes del comercio internacional. Como ejecutivo de Disney estaba en la cola de una pista de patinaje de Arizona cuando se le presentó un momento eureka que genera US$ 3.000 millones al año. Mientras trabajaba para ponerse al día fue a ver una producción de «Disney on Ice», en la que patinadores artísticos profesionales interpretan personajes.

Mientras hacía la fila advirtió que muchas chicas y  madres vestían trajes genéricos de princesas para verse como como Blancanieves, Cenicienta y Aurora o la Bella Durmiente.

Disney no vendía ese tipo de vestidos, pero Mooney se dio cuenta de la oportunidad de negocio. Corrió a (las oficinas centrales en Los Ángeles y lanzaron las series de (trajes) Princesa Disney a toda velocidad. Mooney y su equipo no sólo introdujeron vestidos sino que establecieron una línea de productos que va desde libros hasta, muñecas, revistas, juegos de PC, pijamas e incluso llegaron a acuerdos con productores de alimentos. En 2001, las ventas de la línea Princesas eran de unos US$3000 millones y hoy es de más de US$6.000 millones al año. Esta historia no era la que Mooney pudo soñar. Hijo de un minero, abandonó la escuela a los 16 años para trabajar.

Equipos de trabajo o trabajar en equipo

La palabra mágica es: “nosotros” pero en la práctica la magia se esfuma: el  placer se hace rutina, la cooperación competición, las normas imposiciones, el juego obligación, lo espontáneo plan. La energía se potencia con entusiasmo, participación y compromiso. Para eso deben cambiar los paradigmas de jerarquía y  coordinación por los de cooperación y reciprocidad. Para asimilar a los equipos de trabajo con el trabajo en equipo se requiere coherencia: que los premios no sean individuales, que las decisiones no lleguen desde arriba y que no se despida a la gente ante el menor problema.

Equipos ganadores

Tienen metas realistas y positivas. Los perdedores siguen fines imposibles o difusos y se preocupan más por no fracasar que por ganar. Los ganadores planean, están bien equipados, se concentran, administran el tiempo, las prioridades y aprenden en forma continua. Los perdedores viven apagando incendios, se paralizan y caen en la inacción o la ignorancia. Fallar al planear es planear fracasar. Los equipos ganadores comparten una visión, hacen todo lo que sea necesario, armonizan diferencias, saben escuchar. Existe un líder que señala la visión y ayuda a concretarla. Propone etapas fáciles de alcanzar, crea un círculo virtuoso de pequeñas victorias. Instala algún anclaje emocional como el de los 3 mosqueteros: Todos para uno y uno para todos. Los equipos perdedores son primero yo, tienen agendas ocultas y miden cada aporte.

Amiguismo o mérito

Los equipos perdedores se reúnen por amistad, familia o recomendación. No equilibran los roles técnicos con los que apuntan a las relaciones y a asociar los tipos psicológicos: el creador, el analítico, el hacedor y el conector social que coordina.

Potenciar el valor de la diversidad

Integrando diversidades en un todo sistémico, holístico, ecológico y estratégico; se obtiene la palanca de Arquímedes del equipo competitivo.
Su modelo mental es la mente social ante el síndrome del especialista que tiene un martillo y piensa que  todo es un clavo. El que focaliza en exceso su atención, desvaloriza a los demás, agrede, domina, presume, molesta o deserta, es un enemigo a sueldo del equipo.

La cultura asociativa

Es la que acepta y estimula al diferente y canaliza sus destrezas como fuente de energía social; el rol técnico no ahoga al esencial. Un equipo de iguales no sirve.

Si todos son creativos nadie hace el trabajo, calientan la pava pero no toman el mate. Deben coexistir creativos con ideas, analíticos que elijan las mejores, ejecutivos que las lleven a la práctica y  socializadores que vendan lo que el grupo produce. Cada ser es único  y tiene su misión. Como solos no podemos, aprendamos a convivir en equipos facilitadores de la acción.

Proyecto país y sociedad participativa

Casi todos los pueblos incurrieron en desmesuras en su historia, exacerbaron vicios que los condujeron a fracasos, pero después tomaron nota e hicieron lo contrario. Aquí no, porque el fracaso se argumenta como que es del otro. Bastaba, con removerlo, quitarlo del medio y bajar un cambio. Por eso, una nación que puede ser una potencia económica aparece condenada a la mediocridad.

En 1945 Samuelson creyó que Argentina sería la próxima potencia. No sabía que Perón aplicaría la receta: “A país rico gobierno populista”.  Por eso no somos la Noruega latinoamericana. Siendo el 58 entre 65 países en educación es previsible nuestro futuro. La solución argentina es dejar de creer en políticos y empezar a creer en la POLÍTICA que hizo grandes a países como Finlandia donde la estrella es el maestro. Debemos crear un proyecto país administrado por señores honestos que nadie conoce y que no se hacen ricos de la noche a la mañana. Como dijo Vargas Llosa: “Un pueblo educado no puede ser engañado”. La ignorancia es la noche de  la mente, una noche triste y sin estrellas. 

Dr. Horacio Krell Director de Ilvem, horaciokrell@ilvem.com
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