Otra de las cosas que se vio influenciada por la experiencia de los Andes fue mi confianza personal. He podido tomar decisiones de una forma relativamente fácil en muchos aspectos de la vida y del trabajo, debido a algo que ocurrió en las montañas. Cuando me encontraba en la cima de un pico de 18.000 metros de altura con Roberto Canessa, observando el vasto escenario de cimas nevadas que nos rodeaba, sabíamos que íbamos a morir. No había absolutamente ninguna forma de salir. Entonces decidimos cómo moriríamos: caminaríamos hacia el sol, al oeste. Era mejor que congelarnos. Esta decisión nos llevó escasamente treinta segundos. Otras decisiones que he tomado más tarde en la vida no parecen más difíciles que decidir sobre mi propia muerte. He logrado confianza en mí mismo, una tranquilidad silenciosa que me ha dado una mejor percepción del mundo que me rodea. Tomar decisiones se me hizo más fácil debido a que yo sabía que lo peor que me podría suceder sería estar equivocado. Comparado con lo que había experimentado, era nada.
* Fernando Parrado. Uruguayo. Sobreviviente de la tragedia de los Andes en 1972