
Hoy voy a comenzar con la propuesta de L. G. del IAE Business School: La Inteligencia Emocional.
Primero quisiera decir que no voy a realizar un abordaje en el sentido tradicional. Más bien voy a generar mi propia interpretación del fenómeno inteligencia emocional. Tomaré pequeños retazos y veré hasta donde puedo vestir el tema. Para un abordaje estrictamente conceptual recomiento ver la obra de Daniel Goleman: » La inteligencia emocional» (1995).
Goleman estima que la inteligencia emocional se puede manejar en cinco capacidades: conocer las emociones y sentimientos propios, manejarlos, reconocerlos, crear la propia motivación y gestionar las relaciones.
Respecto de esto último (gestionar las relaciones) se me ocurre pensar en aquellas personas que, creyendo hacer uso de una inteligencia emocional adecuada, adaptan su personalidad, sus emociones (y sus reacciones) dependiendo siempre de la calidad de los interlocutores o situaciones. Y esa disociación la aprecio de manera muy palpable en vida laboral-vida personal. Espantosa dicotomía. Somos una persona en el trabajo y somos otra totalmente diferente en nuestra vida familiar, personal. Si bien puede ser «inteligente» permítanme dudar de si también puede considerarse «sano». Creo (insisto: creo) que no deja de ser una herramienta «traumáticamente inteligente» al invalidarnos la posibilidad de ser nosotros mismos. Es obligarnos a rotar máscaras y disfraces según las circunstancias. Es una pérdida de individualidad. Es cercernar el derecho a ser nosotros mismos. Con nuestros defectos y virtudes. Pero nosotros mismos al fin.
Condenarnos a NO SER durante ocho horas diarias (o más) no tiene sentido. Esperar el regreso a casa para SER es un atropello a la propia dignidad.
Es cierto que hemos sido formados en un sistema harto-academicista. Fórmulas, textos, conceptos, teorías. Poco de autoconocimiento, de automotivación, de regulación de las emociones, de empatía. Y ahí es donde juega un papel excluyente la inteligencia emocional. Adviertan estos datos: La investigación realizada a nivel mundial por The Consortium for Research on Emotional Intelligence in Organizations, arrojó un resultado sorprendente y vinculado a nuestro Cociente de Éxito: el mismo se debe un 23% a nuestras capacidades intelectuales, y un 77% a nuestras aptitudes emocionales.
Dejenme asociar éxito como sinónimo de realización, plenitud y felicidad. Michael Douglas en el film «Tras el corazón verde» dijo: «Yo no soy barato, pero me puedes comprar». Me quedo con aquellos que pregonan un : «No soy caro, pero no puedes comprarme».
Entonces, ¡ no hay excusas !. Si el ámbito académico no fue capaz de proveer esas herramientas se impone un deber indelegable. Asir una de las más hermosas poleas de perfeccionamiento personal: la autodidaxia emocional. Descubrir que nos motiva, que nos encoleriza, que nos apasiona, con quienes nos sentimos complacidos.
Me permito una pequeña declaración: » inteligencia emocional NO para la productividad alienante SI para la felicidad productiva; NO para la manipulación SI para la sana vinculación; NO para la competencia salvaje SI para la coopetencia leal; NO para la comprensión utilitaria del otro SI para la «comprensión comprensiva»; NO para llegar a lo que conviene ser SI para llegar a lo que queremos ser, siendo nosotros mismos».
Me despido con una invitación que aborda con extrema profundidad y sostenida pasión el tema que nos ocupa: las personas. Si te interesa las relaciones humanas en la empresa, te propongo leer «Empresas más Humanas» de Alejandro Melamed. Alejandro es Director de Recursos Humanos para Latinoamérica Sur de una exitosa empresa internacional de consumo masivo. Focaliza su visión en que tendremos mejores empresas en la medida que desarrollemos mejores personas. Alejandro es una persona sencilla, sensible, capaz y conceptualmente muy profunda. Asumo que te va a seducir su enfoque.