Saber es poder

Las tecnologías blandas no se enseñan en la escuela pero son las luces que iluminan la vida social. Por eso, el saber es esencial

El deterioro de la escuela argentina hizo que seamos un país que atrasa. En el examen PISA que realiza la OCDE (la organización de comercio internacional) los chicos argentinos ocupan el puesto 58 entre 65 países. La medición que realizan intenta mostrar la correlación que existe entre la educación y los indicadores económicos de riqueza o de pobreza. Finlandia era un país pobre que hizo de la educación su política de estado. Lograron que todos los niños, ya sea que provengan de familias ricas o pobres, reciban una educación de excelencia. Hoy, después de 20 años de aplicar en forma sistemática esta estrategia de desarrollo, en Finlandia no hay más pobres y las estrellas de la sociedad son los maestros y no los ricos y famosos como sucede aquí. Para llegar a ser maestro hay que cursar antes una carrera universitaria. Para medir la riqueza de un país no basta con sumar sus recursos naturales, se debe agregar el capital humano y el social.

Tecnologías genéricas

La primera tecnología creada por el hombre fue la lectura, es la que nos brindó la capacidad de comunicación que ninguna otra especie posee.  Jorge Luis Borges dijo: “somos lo que somos por lo que leemos” e Isaac Newton había reconocido también herencias: “no soy un genio, estoy parado sobre las espaldas de gigantes”.

El poder del hombre se relaciona con la historia de la lectura

Hoy la ecuación del hombre con el tiempo ya no cierra. El crecimiento exponencial de la información supera sus destrezas lectoras. Como el  tiempo no se puede modificar la solución es trabajar sobre uno mismo, perfeccionando la mecánica de la lectura. El hombre no es tan fuerte cómo los animales poderosos que lo precedieron, no nada bajo el agua como el pez, no vuela como el pájaro, ni puede cambiar de colores como el camaleón, necesita de sus padres para sobrevivir; y sin embargo se convirtió en  el conquistador del planeta. Ese gran poder lo obtuvo gracias a su capacidad de comunicarse de una forma en la cual ninguna otra especie pudo imitar. Mediante la invención del lenguaje verbal logró compartir ideas, teorías, conocimientos, miedos y esperanzas. El hombre es el único ser que pudo grabar el alfabeto en su cerebro (nunca se pudo entrenar a un animal para que lea).

Hace millones de años transferimos la locomoción a las piernas. Las manos se liberaron para ejecutar las decisiones del cerebro. El rostro se aplanó y el ojo se convirtió en el órgano intelectual. Hace cinco mil años tallamos el alfabeto y en el siglo XV difundimos el saber a través de la imprenta.

Según la ley 80/20 de Pareto, hay un 20% vital que produce el 80% de los resultados restantes. La lectura es ese 20% tan valioso. Haciendo palanca sobre ella se potencian el intelecto y el rendimiento. La lectoescritura fue la primera tecnología genérica creada por el hombre y es indispensable para acceder a las tecnologías modernas.

En el siglo XVII un sabio podía manejar todo el saber de la época. Con el crecimiento exponencial de la información ya no hay sabios sino especialistas que no pueden leer, ni siquiera, lo que se publica sobre su disciplina por falta de tiempo.

El lector común desconoce cuál es su velocidad de lectura. Sabe cuándo empieza a leer un libro pero no cuándo lo terminará. No posee un pensamiento estratégico para alcanzar sus objetivos en tiempo y forma. Hay fórmulas y tests que miden la velocidad. Evaluarla es la clave ya que lo que no se mide no se puede mejorar.

El método tradicional de lectura obliga a realizar excesivas pausas y detenciones porque se lee como se escucha. Al interpretar la palabra escrita por su sonido, se la comprende recién al terminar de leerla. La lectura silábica es tubular porque enfoca el texto como si miráramos el mundo por un tubo: no entenderíamos nada.

Hay técnicas para aprender a usar el campo visual central más reducido y nítido, y el periférico, más amplio pero difuso. Se enseña a leer por unidades de pensamiento en cada golpe de vista, es decir por frases con sentido propio. Entrenando la visión, se triplica la velocidad de lectura, la comprensión y la concentración. Saber leer es la clave … pues leer cualquiera sabe.

Tecnologías blandas y duras

Las tecnologías blandas no son tangibles como las duras. Son como el “software” y el “hardware” o la “mente” y el “cerebro”. Psi (Ψ), es el signo de la psicología -la primera ciencia blanda-. La educación parece blanda, pero es la industria dura y pesada de cualquier Nación, ya  que fabrica los ciudadanos del futuro.

El crecimiento explosivo del saber impide incorporarlo a tiempo y como no se enseña a aprender, el estudiante usa la fuerza bruta que lo lleva a la mediocridad. Desconoce las habilidades blandas y si finalmente se gradúa puede convertirse en un incompetente social bien preparado.

Las 4 A de la educación según UNESCO son: “Aprender a ser, a aprender, a hacer y a convivir”.

El conocimiento cambia, las habilidades blandas son estables y responden a lo que se sale del manual. La memoria no sirve cuando se la aplica parar soluciona problemas, porque son nuevos por definición,  y por lo tanto no se les puede aplicar las viejas receta.

Para combinar lo duro y con lo blando hay que gestionar el saber, descubrir lo valioso y desaprender lo que ya no sirve. No se progresa recitando de memoria sino aprendiendo a crear, a innovar, a aplicar, a hacer y a prestar atención (mindfulnes).

El poder inteligente – smart power – combina el poder duro – hard power – y el poder blando –softpower -. El poder duro es racional, opera con palabras y conceptos. El poder blando es emocional, usa metáforas e imágenes. El poder duro es estratégico, apunta al objetivo, el poder blando es intuitivo, las ideas llegan de golpe.

El ajedrez no es un deporte

El objetivo es que brinde distintas formas de desarrollar el talento. Que los chicos aprendan a pensar, a desarrollar la creatividad y hábitos de pensamiento para lidiar con problemas diferentes y escenarios cambiantes. Con el ajedrez se entrena la toma de decisiones, hacer una pausa entre el deseo y la ejecución, analizar alternativas, proyectar el futuro, tomar conciencia de las consecuencias de los actos. El niño que juega al ajedrez desarrolla la inteligencia intrapersonal e interpersonal, debe conocerse y estudiarse, tanto a él como a su rival. Que aprendan tan bien y rápido motiva a investigar qué es lo que la enseñanza del ajedrez puede ofrecerle a la educación de la mente:

Da placer: Divertirse mientras aprende. Es concreto: acompaña el proceso de construcción del pensamiento lógico abstracto desde el lógico concreto. Lo imprevisible: problemas abiertos con reglas estrictas y espacio reducido, ofrece un territorio infinito para desplegar la imaginación con más de una solución válida. Integración del saber: el niño tiene que utilizar todo lo que sabe en cada jugada, no trabaja con conocimientos compartimentados. El poder: les damos poder a los niños para crearles problemas a otros niños y corregírselos. La oportunidad: el niño que pierde no recibe un juicio condenatorio, sino que tiene revancha y eso lo motiva a aprender de sus errores y mejorar. El niño docente: en poco tiempo empieza a enseñarles a sus compañeros porque aprende a disfrutar de superar situaciones cada vez más difíciles.

Inteligencias múltiples

El ajedrez no da lo que no se tiene, pero potencia las facultades innatas y el desarrollo de la personalidad. De las 8 inteligencias: lingüística, lógico-matemática, espacial, interpersonal, intrapersonal, musical, corporal y naturalista; el ajedrez estimula 6: la inteligencia lógico-matemática, la espacial, cuando proyecta su jugada sin mover las piezas en el tablero, la intrapersonal e interpersonal, porque necesariamente debe conocerse y estudiarse, tanto a él como a su rival, la imaginación, la inteligencia lingüística, que resulta extraña en un juego en el que los adversarios no se hablan, pero se relaciona con la escritura de las jugadas que debe anotar en su planilla; por ejemplo, “peón cuatro rey” representado en P4R o e4. Así, el chico decodifica el significado de letras y piezas, comprende y analiza lo que ejecutó. Efectúa el mismo proceso que cuando lee, une letras y palabras. Los niños después de jugar ajedrez mejoran un 15% su capacidad lectora.

El juego, en su reducido ámbito de 64 casillas, se mide con patrones muy estrictos; un error es causal de una derrota y un acierto de una victoria; el chico aprende que es responsable de sus actos. Sin distinción de sexo, ideologías o edades, todos pueden jugar al ajedrez. Quienes estudiaron los beneficios de su práctica sostienen que se rige por dos premisas esenciales: la paciencia, para el ejercicio de la reflexión, una antítesis ante los tiempos modernos de inmediatez que propagan Internet, los videojuegos y el zapping, y el respeto hacia el rival, de quien hay que esperar la respuesta para ejecutar el siguiente movimiento. El ajedrez enseña a pensar de manera lúdica, entretenida y va más allá del tablero.

Aprender a programar

Es como aprender a leer. Algunos la consideran por error, como al ajedrez, como reliquia. Mientras creen que la mayor competitividad se alcanza con las destrezas técnicas, la competitividad mayor sigue estando en las competencias genéricas y en las blandas. Suponen que apretando una tecla se obtiene cualquier dato. Se desconoce la importancia de motivar el querer y el para qué del querer. La programación introduce a los chicos y a los grandes en la lógica del descubrimiento. Es necesario enseñar a pensar y a resolver problemas.

Empowerment es el poder interior. La energía se bloquea por no saber lo que se quiere o no dominar las inteligencias complementarias -emocional, creativa, estratégica, ejecutiva, social y digital-. El poder inteligente es un querer con eficacia.

Los métodos blandos facilitan aprender los conocimientos duros de la ciencia. Se complementan, como un ciego y un paralítico perdidos en el bosque. Las tecnologías blandas no se enseñan en la escuela pero son las luces que iluminan la vida social.

Dr. Horacio Krell, director de Ilvem, horaciokrell@ilvem.com

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