Provocación creativa (PO)

Edward del Bono creó el término PO para amortiguar el predominio  del pensamiento secuencial o lógico, al que llamó vertical. Abrió el juego para que surja el pensamiento lateral, una forma de pensar que evita el desenlace obligado al que conducen la rigidez y la costumbre.

Diciendo PO  se puede pensar sin restricciones. De este modo se conectan conceptos que parecen contradictorios, se los libera de las ataduras a los que los somete el lenguaje y se generan ideas nuevas. La provocación se convierte así en una acción operativa.

Supongamos que se analiza la contaminación de los ríos. “Po”, la fábrica está aguas abajo de sí misma. Es una provocación porque parece imposible ¿Cómo podría estar una fábrica en dos sitios al mismo tiempo?  “Po” indica que la frase es una provocación y no una sugerencia para analizar la entrada y salida del agua a la fábrica. Lo normal sería tomar el agua río arriba y evacuarla río abajo. La provocación es hacerlo al revés porque, la fábrica sería la primera en padecer la contaminación que provoca y, en consecuencia, se preocuparía por disminuirla.

En la antigua Polinesia y en lengua maorí, “PO” representa el caos original a partir del cual se formó todo lo que existe. Existen diferentes formas de presentar provocaciones y aplicar luego métodos sistemáticos de movimiento para avanzar desde la provocación hasta la idea nueva.

Huir de lo conocido. Consiste en escoger algo que se dé por supuesto y huir de ello usando “PO” para moverse en otra dirección. Los participantes anotan en tiras de papel lo que dan por supuesto, se colocan en una bolsa y toman una sin mirar, tratando de huir de este supuesto.

Palabras al azar. Es una simple técnica creativa muy poderosa aunque parece ilógica. Se elige una palabra al azar sin relación con el problema y se tiran ideas. El cerebro es tan eficiente para conectar cables sueltos que, aunque sea remota, la asociará con el foco del problema.

En la historia hay muchos casos en los que un suceso casual desencadenó una idea salvadora. Abra un diccionario en una página al azar y seleccione una palabra cualquiera. Debe pensar cosas que asocien la palabra al problema, forzar conexiones y genere una lista con las ideas.

Piedras en el camino. El concepto es exagerar, distorsionar o modificar de cualquier forma una entidad del entorno del problema (generalmente es muy útil suponer que cierta entidad es tal cual como se desea que fuese, no como es en realidad).

Analogías. Las analogías son comparaciones que incrementan la velocidad para crear ideas.

Alejarse de estereotipos marcados, no encasillarse, buscar diferentes opciones por más excéntricas que parezcan. Las analogías pueden resultar confusas en un principio pero con un certero proceso de pensamiento se pueden desarrollar.

El método de inversión. En la inversión se altera el sentido del problema para ver cuál es su contrario y cómo se puede solucionar al girarlo para llegar a un resultado favorable. No se planea la solución sino invertirlo para acercarse a ella. Se trata de evitar la cárcel de ideas, la cerrazón y abrir la mente. Ver al problema desde distintos puntos de vista, no fijarse sólo en uno, tener distintos ángulos de visión que permitan clarificarlo y no verlo superficialmente.

División. El objetivo de fraccionar es romper la sólida unidad de ciertos modelos, pero sin poner el acento en los componentes, sino en crear nuevas partes no consideradas hasta ahora. Así, al dividir el modelo, se obtiene material para reestructurarlo y formar un nuevo orden al evitar los efectos inhibitorios de los modelos fijos. Lo obvio obstruye la visión de una mejor opción. Una vez estructurada la información es difícil transformarla en otra cosa, de modo que la respuesta al problema traba la necesidad de buscar otra que la supere.

Optimistas y pesimistas. En la misma situación actúan de distinto modo. El pesimista elige lo negativo, el optimista el lado positivo. En las crisis el pesimista ve la amenaza y el optimista la oportunidad. Si la botella está por la mitad uno dice: está medio llena, el otro está medio vacía.

Henry Ford dijo “Siempre tenemos razón, cuando pensamos que nos irá bien o mal”. Pensar en una dirección aumenta su viabilidad, el que cree en algo lo hace más posible. La mente posee una capacidad  auto-sugestiva que le permite transformar en acto todo lo que decide  aceptar.

Se puede educar la mente para aprovechar las actitudes primarias. El “Yo” queda protegido porque se dramatiza un rol sin ejercerlo. El ego sale de vacaciones sin reprimir al pensador.

Se dirige la atención para pensar según el sombrero que cada uno lleva puesto:

El sombrero blanco. El actor  busca los hechos objetivos y se pregunta: ¿qué tengo?, ¿lo puedo verificar? No busca encajar los datos, asume la neutralidad.

El sombrero rojo. Se legitima la expresión de la emoción sin tener que justificarla: me huele mal ¿no me pregunten por qué? Aflora la intuición sin ocultar el sentimiento.

El  sombrero negro. El intérprete es pesimista. Actúa como el abogado del diablo. Critica  lo que está mal sin temor a destruir, porque esa es su función.

El sombrero amarillo. En oposición al negro, busca el lado positivo para lograr que  las cosas ocurran. Aplica mejor las viejas ideas, es constructivo.

El sombrero verde.  Es la esperanza, la prima hermana del optimismo, busca promover la novedad generando el movimiento.

El sombrero azul.  Coordina, dirige, afina y escucha valorando los aportes que sintetiza en función de la  prioridad. Define la agenda: ¿cómo encaja esto en la estrategia global?

Actitud, reflexión y acción. Estimulando opciones se evita el automatismo perceptivo. El sombrero negro señala un peligro y se lo acepta pero aportando una solución. Como es más fácil destruir que crear, una  idea nueva encaja con el sombrero amarillo. Para comprender es mejor el blanco que  informa y el rojo que aporta la emoción. Para analizar el blanco, para evaluar el negro, para generar el verde, para decidir o planear, el rojo y el blanco y para dirigir el azul.

En la vida práctica …  Al optimista se lo ve como ingenuo y el ceño tosco del pesimista aparenta sabiduría. El pesimismo brota de la duda, de la desconfianza, es como la certeza que se cierra a la experiencia, evitando el cotejo con lo real. Mientras que el pesimismo es fácil, el optimismo demanda esfuerzo. La alegría no tiene autoridad de la tristeza que goza de un gran respeto. Churchil dijo: “un optimista ve una oportunidad en cada calamidad y el pesimista una calamidad en cada oportunidad”. La mejor guía es el pensamiento positivo

El entusiasmo. Hay personas que amanecen con una energía incontenible, otras apenas pueden levantarse. Esa virtud misteriosa es como el poder transformador del viento, invisible pero efectivo y ante el cual hasta las hierbas se inclinan Su libertad es plena, y la potencia no la da el intelecto, sino la fuente de la cual se nutre. Y el optimismo como el entusiasmo se contagia.

Se puede entrenar al cerebro para que desafíe pensamientos destructivos y caminos trillados, un cerebro “PO” que genere alternativas. No se progresa haciendo lo mismo, resistiendo al cambio  y conviviendo con problemas. Einstein lo dijo: “mi cerebro es mi laboratorio”.

El pensamiento lateral lo hace de otro modo. Elude la cárcel de las ideas dominantes y al pensamiento vertical que marca la cancha. Hay que  transgredir rompiendo reglas. Para Freud “la herejía de una época es la ortodoxia de la otra”. Un loco es un loco hasta que tiene éxito,  entonces es un genio. Una vez generada la idea parece increíble no haberla pensado antes, pues ahora es muy simple. El pensamiento lateral no sigue  patrones lógicos, avanza sobre nuevos territorios saltando por encima del círculo de comodidad y aceptando desafíos.

“No pienses en un elefante” lo trae a la mente de inmediato. Necesitamos inventar mentes creativas, desarrollando al cerebro, ese gigante dormido que sólo funciona al 10% de su capacidad. El verdadero sentido de educar es desarrollar el potencial que traemos al nacer.

Técnicas de observación. Una cosa es la realidad y otra la percepción, el cerebro recrea lo que ve. Si lo hacemos actuar como pensador se convierte en pensador. No hay que dejar el proceso librado al azar sino contar con instrumentos y para tener una herramienta hay que crearla.

Hay un tipo de observación  reactiva al suceso que actúa sólo ante un problema y otra  proactiva que  busca problemas para obligarse a resolverlos y para eso mira de otra manera para generar una apertura. El pensamiento lógico selecciona su camino por el sí o por el no y cuando llega a la solución se detiene. El pensamiento creativo  provoca el cambio:

La idea trampolín. Es un catalizador o puente hacia otra cosa, sin detenerse a analizar su valor. Avanza con un concepto borroso o con un concepto abanico que abra diferentes opciones.

El despegue.  Analiza lo que se hace para estudiar cómo hacerlo de otra manera.

Estas técnicas de observación se basan en intentar ver algo que no está pero que puede ser.

La estimulación por el azar. Elige una palabra del diccionario y la conecta con el problema.

Análisis de la situación.  Señala lo positivo, lo negativo y lo interesante.

Lista completa. Considera todos los factores.

Estas técnicas de observación parten de la situación pero la analizan o sintetizan de varias formas. Si hay dos líneas toma la tercera: abren más alternativas, posibilidades o elecciones.

Negociación: a) ponerse en distintos puntos de vista para pensar desde ese lugar. b) señalar en un mapa las áreas de acuerdo, desacuerdo, neutrales. c) Considerar las  opiniones de terceros.

Dinámica de la situación: Causas presentes, importantes, causas menores, ideas dominantes, factores siempre vinculados (hay que desvincularlos). Las técnicas de observación no tienen que ver con lo que se ve sino con lo que se jerarquiza, tener buena vista no es saber mirar.

Creencias. Las creencias condicionan la percepción. El que cree no puede mirar algo distinto porque sus anteojos lo hacen ver según el color del cristal con que perciben. Para limitarlas hay que estudiar cómo organizan la realidad. Su realidad es circular y tiende a repetirse, se encierran en sí mismas. Para evitar sus efectos se puede cuestionarlas con algunas técnicas:

Realidad pragmática. O el valor efectivo de algo, el dinero vale por lo que comprará.

Realidad de referencia: el valor de algo forma parte de una escala.

Realidad de equivalencia: es la ecuación matemática.

Realidad verificable: o verdad científica. A menudo las personas prefieren mantener una creencia que aceptar una evidencia.

Jerarquías: Discriminar intenciones, objetivos  y metas.

Redireccionar el pensamiento. Mientras que la lógica se basa en lo que se busca, el pensamiento lateral intenta pensar desde otras perspectivas,

Para tomar decisiones. Ante un problema se deben seleccionar alternativas y luego se puede elegir al azar, seguir el camino más fácil, justificar la alternativa elegida, elegir la menos criticada, construir la solución ideal y ver cuál es la que más se le acerca, investigar el mejor contexto para que una alternativa prospere, condicionar la alternativa con interrogantes, hacer un cuadro con las cualidades buscadas y como contribuyen las alternativas en curso, hacer otro cuadro donde se consideren los costos, los valores en juego , etc., encontrar la verdadera razón de la solución elegida: pereza, conveniencia, facilidad, miedo, avaricia, etc., analizar las consecuencias y la secuencia de la decisión elegida.

Los servidores de la curiosidad. La capacidad de observación depende de la curiosidad, esa actitud de sentir interés por todo y ver el mundo sin prejuicios. El método es la duda y el experimento. Los niños son sus maestros: exploran y preguntan, ven el mundo con ojos nuevos. Con los años decae pero sigue siendo el combustible de los científicos y artistas.  Seis honrados servidores me enseñaron cuanto sé, sus nombres son, Cómo, Cuándo, Dónde, Qué, Quién y Por qué, dijo  Rudyard Kipling. Por un lado está el conocimiento, por el otro la situación.

“Por Qué”  se refiere a las primeras decisiones. “Cómo” a la estrategia, a cómo llegar a la meta y a las acciones para alcanzarlas. “Cuándo”, a la planificación. “Dónde”, a dónde estamos, a dónde vamos, a dónde queremos ir. “Qué”, a fijar los objetivos y  metas. “Quién”, al equipo. Si los servidores armonizan  crean sinergia y el todo supera a la suma de las partes. El conductor es el sentido común – el  recurso más antiguo-, que, como todo lo valioso, es atemporal.

El azar y la buena suerte. El azar es un suceso imprevisible que puede ocurrir en el tiempo o en el espacio. La suerte es cómo se reacciona frente a él. Para Pasteur  “El azar sólo favorece a las mentes preparadas”. No hay suerte posible para el que no sabe bucear en el  mundo interior para conocerse a sí mismo. Concentrarse en metas u observaciones equivocadas hace contraer una deuda con el “banco interno”, que es el que presta la energía. Si el compromiso no se cumple la deuda se paga con estrés  y  se llama mala suerte. Conviene construir como queremos que las cosas sean, en vez ser como hojas arrastradas por el viento.

Qué es la inteligencia. Es la capacidad de resolver problemas: comprender la situación, inventar la solución y actuar en consecuencia. El pensamiento lógico es convergente. Informa dónde estamos, qué factores enfrentamos y cómo son las cosas hoy. No busca la solución sino la causa. El pensamiento divergente es provocativo. Usa la técnica “PO” para crear y explorar opciones. El pensamiento convergente debe ser la parte final del proceso decisorio.

No se puede elegir bien sin plantear alternativas. La calma de las aguas es una metáfora de la primera fase, precede a la turbulencia y agitación de la segunda y finaliza en una cascada.

Como en el río hay remolinos, son los retrocesos. El tiempo se abrevia en cada tramo. A veces con un buen análisis la solución brota mágicamente como una burbuja. De la isla del problema debemos llegar a la isla de la solución y para eso la idea debe cruzar el río con un plan de acción. En el juego de la vida se puede ser jugador o espectador, el ganador es el que una vez que decide logra que las cosas ocurran, elimina las excusas y toma la mejor decisión.

Dr. Horacio Krell. CEO de ILVEM. Mail de contacto horaciokrell@ilvem.com

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