Persevera y triunfarás

No se trata siempre de ganar o perder, la victoria tiene muchos padres y la derrota es huérfana. Por eso, quien persevera tiene siempre más posibilidades de lograr sus objetivos.

Quebró su empresa, perdió a su mujer y la relación con sus hijos. Sin esperanzas fue a ver al sabio de la montaña quien escuchó su relato y murmuró: “Todo pasa”. El hombre pensó: “Tanto viaje para escuchar esto”. Pasó el tiempo, abrió un pequeño negocio que convirtió en gran empresa; volvió a enamorarse y reconquistó a sus hijos. Entonces regresó a la montaña e hizo partícipe al sabio de las buenas nuevas. Lo encontró igual que aquella vez, escuchó sin inmutarse el relato y, luego se limitó a repetir: “Todo pasa”. Nada en la vida es para siempre.

El atributo es la perseverancia…

Y el problema es la inconstancia. Es comenzar y abandonar, elaborar un proyecto y dejarlo a mitad de camino, formar una pareja y separarse pronto. La perseverancia conduce al éxito. Para eso es necesario desarrollar al genio interior con el que  nacemos. No basta con arrancar con fuerza porque la batería se descarga. El entusiasmo no es el del que dice cuenta conmigo para lo que necesites y luego es el primero en darte la espalda.

JK. Rowling habló de los “beneficios inesperados del fracaso“. Siete años después de su graduación, a los 30 años, la autora de Harry Potter, había “fracasado estrepitosamente”. Su breve matrimonio no había funcionado, era madre soltera y sin trabajo. Pero su mayor temor se había cumplido y sin embargo seguía viva, y tenía una hija que adoraba, y una máquina de escribir vieja y una gran idea. Tras tocar fondo, ese fondo se convirtió en la base. ¿Por qué hablo de los beneficios del fracaso? Porque el fracaso la obligó a prescindir de lo superfluo. Dejó de engañarse y concentró su energía en lo único que en verdad le importaba. Tras recibir el rechazo de 12 editoriales, el primer libro del joven mago se publicó en 1997 y se convirtió en un clásico de la literatura juvenil, traducido a más de 80 idiomas. Tocó fondo, dejó de fingir, se desprendió de los mandatos y se abrazó a su propio sueño. Ella sacó fuerzas de la derrota. Pero su fracaso tiene glamour porque lo miramos en perspectiva y desde la orilla del éxito. ¿Qué pasa con los que fracasan aunque perseveran? ¿Acaso no tiene valor la entrega, productiva incluso, que no alcanza a trascender y permanece anónima?

¿Qué es la inteligencia?

Hasta hace poco se creía que la inteligencia se medía por el coeficiente intelectual. En el siglo pasado Goleman  popularizó la inteligencia emocional que reconoce los sentimientos propios y ajenos, y  los administra para motivar, lograr confianza, creatividad, perseverancia y control de los impulsos. La voluntad ordena y moviliza a sostener un proyecto personal, que le dé sentido a la vida en torno al amor, el trabajo, la cultura y la amistad. En este amplio espectro de lo que se considera ser inteligente algunos miden el pensamiento abstracto y otros la habilidad para aprender. Gardner llamó inteligencias múltiples a las que difieren de la “inteligencia general”. Humor, sensibilidad, ironía y creatividad no integraban el concepto clásico. Se puede ser  inteligente sin educación formal. La “inteligencia fluida” es la capacidad de resolver problemas, con independencia del saber o “inteligencia cristalizada”.

La sociedad de consumo

Ofrece un radar para imitar a ricos y famosos ¿Será la felicidad tener un auto nuevo o ganar más dinero? La brújula interior brinda el “conócete a ti mismo”. La espiritualidad se relaciona con saber lo que uno quiere y crear las condiciones para alcanzarlo. Es un atajo que implica un cambio de visión y de actitud. En esta época de competencia, individualismo y consumismo, muchos salen  a buscar lo trascendente, su potencial de realización y un espacio de libertad. Si la integridad, el  cumplir las promesas y la voz interior, dirigen la conducta, se generan cambios favorables y la actitud perseverante.

Con un mundo desprovisto de virtudes, se intenta hoy volver a lo que es natural para el alma. La crisis actual no es sólo económica y social, sino de falta de proyectos vitales. Hay un intento de retomar las riendas  y sortear la presencia de obstáculos con la búsqueda de soluciones creativas.

Ser espiritual

Es vivir en concordancia con  lo que se siente y con lo que piensa; respetar a los demás y a las leyes naturales. Más que religiosidad, la gente está buscando espiritualidad.

Creen en la superación personal, en aprender a identificar y regular las ideas, las emociones y conductas, administrar las energías, capacidades y talentos, sin negar el sentido de realidad que ofrece el contexto. Hacerse responsable de lo que se hace o no se hace, de lo que se emprende o no se emprende, de transformarse en protagonista, y no en una hoja arrastrada por el viento.

Signos de buena salud

La conciencia es propensa a la neurosis, a la presencia de una ansiedad que impide conectarse con uno mismo y con el afuera. Eso provoca sufrimiento psíquico, no deja pensar creativamente, hace reaccionar  con la necesidad de reeditar el pasado o de crear un futuro improbable. La inseguridad, pone a la defensiva, sin poder alinearse con el ahora, de donde surgen las respuestas en un espacio propio. Lo que sucede en el espíritu repercute en el cuerpo. De la conciencia de sí mismo surgen sentimientos que van de adentro hacia afuera. Si se los ignora, se maneja la vida desde pensamientos que generan juicios, castigos y disociación.

La práctica espiritual mejora la salud física, mental y emocional, el sistema nervioso autónomo, la presión arterial, el colesterol, las arritmias y cefaleas, la regulación del sistema endócrino e inmune. La espiritualidad es una variable independiente de la salud. Pocos dejarían librada su enfermedad a la fe; pero la actitud espiritual evita enfermar o bien recuperarse con mayor facilidad. Es a partir de sentirse acongojado que se busca otra realidad que le otorgue sentido. Eso permite recuperar  el coraje para hacer cosas que ni se soñaba que uno era capaz de emprender, evocando emociones positivas y actividades que desarrollen la personalidad.

La espiritualidad y la autoestima son el sistema inmune de un ser consciente.

El hábito de la meditación

Meditar es conectarse con la conciencia y permanecer en la esencia, en lo profundo, en lo que perdura.  Lo opuesto a meditar es estar distraído y pensar aferrado a lo que pasó o asustado por lo que va a pasar. Las angustias se superan creando una energía pacífica, sin  escapar de la realidad sino al vivirla de otro modo. Es un cambio de actitud, que  permite escuchar y conectar la mente y el cuerpo, lo que ayuda a vivir mejor.

La zona espiritual

Los que meditan cambian su estructura cerebral. A mayor materia gris, mayor posibilidad de desplegar las tres inteligencias: intelectual, emocional, espiritual. La fe es una certeza que se entiende y construye desde la experiencia, no se puede poner en palabras pero se siente. Cada quien sabe cuál es su verdad, su sentir y su camino y tiene la libertad de dar un golpe de timón para cambiar de ruta. La espiritualidad es una elección y una responsabilidad.

Queremos escapar del desorden, del caos, del apego, de la superficie frívola. Debemos conectarnos con lo que somos, lo que no está en el escenario. El sufrimiento existe, pero hay un camino a la “iluminación”. Es el darse cuenta de que uno tiene luz interior, que somos el reflejo de una propia creación y que podemos transformar el mundo exterior. Freud tuvo un gran hallazgo: la asociación libre de las ideas y meditar es escucharse, soltar los pensamientos y estar atentos a la base, a la conciencia que escucha al pensamiento. Escucharnos es terapéutico.

Gerente de mi futuro

El objetivo de muchos es retirarse para estar más en familia o hacer lo que les gusta, para tener mejor calidad de vida. El Don dinero puede impedir hacer el deporte deseado, estar con amigos, soportar un ambiente incómodo o una tarea que no desafía.

Es respetable la decisión de retomar proyectos postergados ya que el tiempo de vida es escaso y único, y las personas debieran intentar realizar lo que les dé sentido a su vida. El peligro es que el retiro anticipado no haya sido analizado estratégicamente. La frustración es proporcional a las expectativas insatisfechas. Mantener un nivel de actividad pleno y estimulante protege del envejecimiento cognitivo. Lo ideal es que un trabajo atractivo se alinee con los proyectos. Entonces, lejos de jubilarse, se persevera en el trabajo o se lo cambia, pero sin abandonarlo.

Los círculos de atención

La dupla meditación-atención se activa alterando los estados conciencia para construir mapas mentales creativos sobre cualquier tema. Sincronizar con el destino requiere preparar el proceso creador. Las creencias lo traban, porque impiden imaginar. La lógica lleva de A hasta B, pero la imaginación nos lleva a cualquier parte. La meditación rompe la rutina, abre la mente. No se puede vivir con el corazón cerrado ni con un pensamiento insensible. Las ideas no se pueden programar pero se pueden inducir. Convertir la resiliencia en estrategia combina el desafío cognitivo de eliminar la negación y la arrogancia, el estratégico de crear experimentos tácticos, el político de ubicar los recursos donde crean mayor retorno y el ideológico de entender que la renovación importa tanto como la optimización.

Inteligencias complementarias

La inteligencia espiritual es la fuente que nutre a las demás, pero su complementación es la que permite convertir el espíritu en materia. El CI -coeficiente intelectual- mide la capacidad de resolver problemas, el CE, emocional, la posibilidad de automotivarse y motivar, el CES -coeficiente de inteligencia espiritual- cómo nos relacionamos con el todo y tiene la fortaleza del porqué, el CI y el CCR -coeficiente de creatividad- sugieren qué hacer, la visión. El cómo hacer, implica la disciplina del CEJ – coeficiente de ejecución-, el CE es el Quantum de la pasión. La inteligencia espiritual orienta a todas las demás.

Ser agradecido

Contribuye a perseverar. Hay que advertir lo bueno que tenemos. Recibir genera una deuda que se salda capitalizando lo recibido para avanzar y para ayudar a otros.

Fijar metas claras

La misión personal en la vida es vital, pero establecer metas incrementa la perseverancia. Quien sólo piensa en el presente se estanca en el ahora. Debemos pensar también en el mañana en lograr un futuro mejor. El sueño es un imán que nos empuja persistir.

Que no sea fácil renunciar

Hay que saber renunciar a lo pequeño para alcanzar lo grande. El día tiene 24 horas y el tiempo no alcanza para todo. Esta actitud trae beneficios a largo plazo. No se trata de una renuncia melancólica, sino de una renuncia serena en pos de lo mejor. En toda decisión algo se gana y algo se pierde. Y en eso consiste la renuncia, en dejar de lado una satisfacción inmediata por una mayor a largo plazo. Es como sacrificar una pieza en ajedrez para obtener una posición mejor. Porque querer todo es parecido a no querer nada.

Inteligencia social

Apoyarse en los demás aumenta la perseverancia porque si se abandona se afecta al grupo. Por eso la gente que corre o se ejercita en grupo. El otro nos potencia. Somos seres sociales: copiamos, contagiamos y nos contagian las emociones. Somos seres emocionales con razón. Entonces, conviene rodearse de gente perseverante, que motive, que aliente, que recuerde que a pesar del presente difícil, se han podido superar con éxito muchas pruebas.

Dar el máximo

Dejar todo en la cancha, sin guardarse nada. La energía que llevamos en nuestro interior es como un generador eléctrico que nosotros mismos activamos sumándole fuerza a lo que hacemos. Es obtener los recursos de una batería interna que se recarga con cada experiencia. Al dar el máximo, aunque no se gane el premio, se gana con uno mismo, porque se dio todo, se está en paz consigo mismo, y se siente ganador. A media máquina, aun ganando se puede perder, porque internamente se siente que no se usó el potencial.

Como escribió Almafuerte: No te des por vencido, ni aun vencido, no te sientas esclavo, ni aun esclavo; trémulo de pavor, piénsate bravo, y arremete feroz, ya mal herido. Ten el tesón del clavo enmohecido que ya viejo y ruin, vuelve a ser clavo; no la cobarde intrepidez del pavo
que amaina su plumaje al menor ruido. Procede como Dios que nunca llora;o como Lucifer, que nunca reza; o como el robledal, cuya grandeza necesita del agua y no la implora…

Que muerda y vocifere vengadora,ya rodando en el polvo, tu cabeza!

El triunfo mayor es la persistencia, el triunfo moral y la contracara es la derrota. Fracasa el soberbio, el intransigente; el obcecado que no quiere aprender de su derrota y sólo la niega, el inflexible. El que solo se avergüenza de la puesta al desnudo de su error o su indigencia. Fracasa quien presume ser el señor de las palabras. El prepotente, el intolerante. Fracaso es no haber dejado huella. Todo lo demás puede ser fama, acumulación material, goce banal.

El verdadero fracaso es el vacío existencial, y hay muchos exitosos que lo padecen. La noción de éxito o fracaso es personal y cultural. Si lo ideal es tener una misión en la vida, un fracaso es un obstáculo no sorteado en el camino. Pero ese fracaso no siempre es negativo. Se habla de errores de replicación del ADN. Sin embargo, cuando esos errores no se corrigen se convierten en mutaciones. Y las mutaciones son la clave de la evolución. Sin esos errores de replicación no existiríamos. Somos el resultado de una sucesión de fracasos.

El primer paso que un curso acelerado de perseverancia estratégica incluye es tener in mente el objetivo. El segundo es trazar el plan y controlar si se aleja del objetivo. El tercer punto es tener creatividad y flexibilidad para variar el plan cuando la realidad nos muestra que algo falla.

El poder inteligente es querer con eficacia, es el que le brinda inteligencia a la pasión. El poder inteligente –smart power- reúne el poder duro –hard power-  que predomina en el hemisferio izquierdo del cerebro y el soft power que caracteriza al hemisferio derecho.

No se trata siempre de ganar o perder, la victoria tiene muchos padres y la derrota es huérfana.

Dr. Horacio Krell Director de Ilvem, horaciokrell@ilvem.com

 

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