Modelos mentales: el mapa no es el territorio

Habrás escuchado decir que los humanos somos seres sociales, nacemos inmersos en estructuras que determinan desde el principio nuestros valores y creencias.

En cada institución por la que pasamos esa visión se va completando y complejizando, dando como resultado la actitud que elegiremos tener en relación al mundo. Este conjunto de verdades, conocido como modelos mentales, actúa como filtro frente a la realidad construyendo nuestra personalidad.

¿Qué son los modelos mentales?

Los refranes son un ejemplo bastante claro. Alguna vez te preguntaste ¿por qué Dios ayudaría al que madruga? O ¿por qué vale más un pájaro en mano? Eso precisamente es un modelo mental, algo que repetimos sin cuestionar su veracidad.

Son imágenes, supuestos e historias acerca de nosotros y los demás. No conocemos la realidad tal cual es, sino que accedemos a ella a través de nuestra experiencia. Son como un cristal que distorsiona sutilmente nuestra visión.

¿Cómo influyen en tu empresa?

Las estructuras mentales determinan el rol que los empleados deciden tomar frente a las decisiones, existen dos bien diferenciadas: proactiva y reactiva. ¿Cómo identificarlas? Analicemos cada una de ellas en particular.

Proactividad: Hacer que las cosas sucedan 

Lo que caracteriza a un empleado proactivo es su actitud ante los estímulos, tienen la capacidad de parar la pelota y elegir qué tipo de respuesta van a dar. Son responsables de su accionar, no se dejan afectar por condiciones del entorno; manejan su propio estado de ánimo y no permiten que las situaciones difíciles los superen.

Alguien proactivo plantea diferentes posibilidades de acción: veamos otras las alternativas; busquemos un enfoque distinto; elaboraremos nuevas soluciones; etc.

Reactividad: Yo no fui 

Los empleados que se rigen por el modelo reactivo actúan impulsivamente ante los estímulos ya que sienten que no tienen libertad de elección. Buscan siempre la forma de trasladar al otro la responsabilidad de sus acciones. El foco de atención está en la conducta de los demás y responsabiliza al ambiente y otras circunstancias externas por su desempeño.

Estas personas utilizan respuestas automáticas que los absuelvan: yo soy así; no es parte de mi tarea; me dijeron; no tengo tiempo; etc.

Ayudalos a ayudarse

El psicoanalista Fritz Perls, escribió una ley que dice:

  • El 40% de las cosas que nos preocupan nunca llegan a ocurrir;
  • El 30% ha ocurrido ya, por lo que no tiene sentido seguir preocupándose;
  • El 12% están relacionadas con problemas de salud de otros;
  • El 10% es un poco confuso y sus efectos se anulan entre sí;
  • Sólo el 8% merece nuestra atención. (Y sólo tenemos influencia en la mitad de este último).

Cuando analizamos las preocupaciones de los empleados descubrimos que son temas sobre los que ellos no tienen ningún grado de control: los paros; los impuestos; la economía; la impuntualidad de otro. Si detectás que la mayoría de tu gente ha tomado una actitud reactiva no te desesperes, cualquier tipo de conducta puede ser modificada si se le dedica tiempo y trabajo: 

  • Una forma de ir cambiando la actitud reactiva es correr del foco a las preocupaciones para que puedan centrarse en lo productivo. Por ejemplo, si los afecta un paro de transporte o el tráfico en hora pico, pensá en si podés darles la opción de que trabajen eventualmente desde su casa.
  • Mejorar las dinámicas de equipo también provoca un cambio de conducta. Seleccioná para posiciones de liderazgo a personas con actitud proactiva que puedan contagiar su forma de trabajo a su grupo.
  • Desarrollá actividades en las que los empleados tengan un rol central para que sientan que son una parte relevante en los resultados de la empresa. Dándoles protagonismo lograrás que sean más proactivos.
  • Generá un espacio de comunicación para que tu gente pueda contarte cuáles son las cuestiones que los inquietan y para que sepan que la empresa los escucha y se ocupa de sus necesidades.

Ser conscientes de que los modelos mentales condicionan los comportamientos es el puntapié inicial para entender que existen muchas perspectivas. Como líder te es muy útil identificar una postura y otra, para potenciar a aquellos miembros que aportan al crecimiento de tu empresa y mejoran tu competitividad. El camino del desarrollo comienza a recorrerse de adentro hacia afuera.

Florencia Chiesa – Santander Rio

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