La mente del supersticioso

La superstición surge de la idea de que se pueden predecir sucesos y buscar en el entorno recursos que ayuden a lograrlos. Te contamos como funciona la mente del supersticioso.

Karin Shea (unsplash)

Steve Jobs fue una víctima del irracionalismo, de la superstición y de la pseudociencia.  El cáncer de páncreas suele ser fatal salvo en la fase temprana, cuando los tumores son tratables. Al detectar el tumor es habitual que esté muy expandido y resulta imposible su extirpación. El tumor de Jobs, descubierto 2003 era operable. Sin embargo, en vez de confiar en la medicina, lo hizo en la pseudomedicina y perdió un tiempo precioso. El mortal error del hombre que revolucionó la informática como director de Apple, fue recurrir a medicinas alternativas, con la esperanza de evitar la operación mediante una dieta. Acabó en el quirófano en el 2004, cuando la batalla estaba perdida. El peligro de creer sin dudar, suspende el uso de la razón y se entrega a la estupidez, por eso es necesario desmontar la industria de la superstición.

Los que rechazan el tratamiento médico porque se van a salvar por la  fe, como los testigos de Jehová, que no pueden recibir transfusiones de sangre, se condenan a morir, si son hemofílicos.

Una persona es más supersticiosa cuando siente amenazada su seguridad y su tranquilidad.

Pero un ser inteligente puede al mismo tiempo tener manías.  Es un fenómeno universal que proviene del fondo de la historia y cada cultura tiene las propias. Por ejemplo, en la cultura china cortarse las uñas por la noche implica mala suerte ya que puede atraer a los fantasmas.

¿Qué es una superstición?

Es creer que un hecho influye sobre otro aunque no exista relación directa entre ellos. Es creer que la buena suerte depende de hallar un trébol de 4 hojas, tocar madera, cruzar los dedos, arrojar monedas a una fuente o pedir un deseo al soplar una vela.

La mala suerte sería el efecto de pasar debajo de una escalera, cruzar un gato negro, derramar sal, romper un espejo, abrir un paraguas en un cuarto, o que el día sea un martes 13.

La superstición surge de la idea de que se pueden predecir sucesos y buscar en el entorno recursos que ayuden a lograrlos. Ante la percepción de que algo malo ocurrirá, intentará protegerse. El bienestar psicológico es la ilusión de control, que genera una sensación de alivio.

Este mecanismo de defensa para enfrentar un temor apela a esa creencia, en la superstición está implícita la idea de que ciertos comportamientos pueden generar o evitar eventos.

Las persona insegura necesita verdades categóricas, es ansioso, obsesivo o fóbico y es  propenso a las supersticiones. Cree que ciertas acciones producen consecuencias: así, si pronuncia la palabra cáncer,  esa será la causa de la consecuencia y por lo tanto no hay que decirla.

Las personas supersticiosas

Son las que pretenden controlar situaciones inciertas, o atenuar su inseguridad o impotencia, para no no tener que aprender a enfrentar lo que temen. El riesgo es que generan creencias peligrosas que les dan la falsa sensación de que puede controlar lo incontrolable. Un ejemplo es cuando se termina sustituyendo un tratamiento médico que demostró eficacia por otro tipo de recursos que en realidad ponen en peligro la salud y la vida.

Nada es verdad o mentira

Como en el poema de Campoamor todo es según el cristal con que se mire. Lo que vemos no resulta de la evidencia, sino que está basado en prejuicios y suposiciones, aunque los datos objetivos contradigan la visión previa. Se trata de un conflicto cognitivo donde lo que se pone en juego no es la verdad, sino la propia identidad.

Datos y creencias

La disonancia cognitiva se refiere a la tensión incómoda que resulta de sostener actitudes u opiniones contradictorias entre sí. Se siente al confrontar evidencias que amenazan las creencias y se tiende a reforzarlas y a estar más convencidos de su verdad.

Para eso se manipulan los hechos para disminuir la incomodidad. Este razonamiento motivado selecciona datos coincidentes y rechaza los contrarios. Esto lleva a interpretar la información ilógicamente, a emitir juicios irracionales y a tomar decisiones erróneas.  Al reducir la disonancia cognitiva se logra un equilibrio mental entre las decisiones y las acciones.

El sesgo de confirmación es buscar información que apoye las creencias, al elegir diarios o programas que coincidan con tal visión de la realidad, o seguir en las redes sociales a quienes opinan igual. Por otro lado son los mejores en aprendizaje selectivo, es decir para aprender y recordar lo que coincide con su forma de ver o descalificar evidencias contrarias como débiles.

El sesgo de causalidad, consiste en forzar relaciones de causa y efecto inexistentes.

Educación emocional

Los sesgos cognitivos son responsables de las creencias distorsionadas e imprecisas y de las decisiones desacertadas, pero persisten porque es la forma de decidir del cerebro para darle sentido a un mundo tan ambiguo. Para eso necesita tomar atajos que ayuden a procesar la información y dar respuesta rápida a situaciones inciertas. Entonces no se procesa la información de modo lógico y racional, porque le demandaría más tiempo y recursos cognitivos, En términos evolutivos, para nuestros antepasados la cuestión era sobrevivir y no tanto conocer la verdad. El cerebro conserva esa capacidad y se apresura a tomar la información a partir de patrones sistemáticos, que no siempre son correctos, pero que permiten interpretar velozmente los hechos nuevos en concordancia con las creencias y liberar recursos cognitivos para otras tareas, como cuando es indispensable pensar porque no se tiene una respuesta premoldeada o porque se necesita entender mejor algo. Ahí el cerebro usa mecanismos para un análisis más riguroso y completo de la información, lo que supone un mayor esfuerzo intelectual.

Esta situación ha llevado a la “posverdad”, donde los hechos objetivos son secundarios en relación con la apelación a las emociones y a las creencias, fortalecidas con las nuevas tecnologías en tanto buscan evidencias a favor de cualquier cosa que se quiera creer y en contra de lo que no. Los algoritmos sugieren propuestas alineadas con lo que se piensa.

Saber que existen y reflexionar sobre eso es dar el primer paso para saber qué hacer en esas circunstancias. Luego es necesario cuestionarlos aunque se crea lo contrario.

Para ello, hay que desarrollar el pensamiento crítico y el razonamiento científico, observar a través de diferentes perspectivas y abordar ideas más creativas. Del mismo modo, hay que intentar comprender a los demás, sobre todo a aquellos que no piensan de la misma manera.

Es imprescindible hacer el esfuerzo cognitivo para entender que la evidencia no perturba la identidad, escuchar al otro y respetarlo, reconocer que existen cristales desde los cuales se mira, asimilar y tener empatía para lograr, más allá de las diferencias sobre el pasado y el presente, formas de ponerse de acuerdo en políticas que lleven a un futuro de desarrollo y equidad.

Ser optimista es ser realista

Pese a los pronósticos agoreros,  la humanidad mejoró sus estándares. El progreso da la certeza de que el mundo del presente es mejor que el del pasado. La razón, la ciencia, el humanismo, la educación, el respeto por la ley, la cooperación internacional, la democracia, son el camino para seguir construyendo bienestar, lo que  se viene consiguiendo, de a poco, desde hace siglos.

Ser optimista es una buena decisión cuando se basa en datos objetivos, en ciencia, en amor por el prójimo más allá de los de la propia tribu, en política pública efectiva fundada a partir de eso.

Los mejores ángeles  de la gente requieren instituciones correctas que hagan surgir lo mejor de la naturaleza humana. Mucha gente ignora los desarrollos positivos que han tenido lugar en el mundo. Por eso ser optimista es pedir que se esté consciente de los hechos.

La mayoría cree que la extrema pobreza permanece igual, pero en realidad decreció.

Saberlo es tener una mirada basada en hechos y en evidencia y no en supuestos. Con relación al futuro no hay bases para decir que todo mejorará automáticamente, depende de las elecciones y las políticas que se adopten. Algunas cosas están empeorando, hay países que están en guerra y otros, en paz. Pero observando las medidas de bienestar global, las tendencias son positivas.

Se calcula que en 2050, 10 millones de personas morirán al año por enfermedades resistentes a los antibióticos. No hay que  tratar de pronosticar lo que pasará en 2050, sería un ejercicio de adivinanza, sino de comparar el mundo de hoy con en el pasado.  En términos de lo que pasará hay un peo r escenario posible si la ciencia biomédica quedara congelada, pero el peor escenario no es inevitable. Hay programas para desarrollar nuevos antibióticos. Es tan posible imaginar un resultado terrible como resultados positivos. Para eso último es imprescindible que la razón y el conocimiento se pongan en juego.  El conocimiento y la razón puestos al servicio del humanismo forman parte del objetivo: lograr que los seres humanos estén mejor.

Hay muchos elementos del sistema político que no son razonables. La gente  busca argumentos a favor de sus propias ideologías, en lugar de mirar la evidencia de lo que beneficia a la gente. La ciencia también es atacada por intelectuales humanistas y por muchos críticos culturales.

Están los defensores de la ciencia y la tecnología, por un lado y, por el otro lado, la cultura de las artes y las humanidades. Habría que alentar su integración y acuerdo. Pero hay una clase de intelectuales que se oponen a la idea de progreso, porque parece reivindicar el sistema que es controlado por los factores culturales rivales: por la ciencia, la tecnología, los políticos, el comercio, el gobierno, que están separados de la cultura de los intelectuales.

Se trata de una competencia entre élites. La élite asociada con los intelectuales literarios y críticos culturales se concibe a sí misma en competencia con los otros centros de poder. El control de ciertas enfermedades, del crimen, estos desarrollos positivos no dependen de los departamentos de literatura y humanidades, por eso hay ciertos celos.

El populismo ha surgido en parte porque demasiada gente está desinformada acerca de hechos relacionados con el bienestar. Trump planteó una plataforma errónea, con menciones a aumento de la pobreza, el crimen, las drogas, ignorando datos que muestran que han bajado en Estados Unidos. Intentar mejorar las cosas puede funcionar gradualmente; no es necesario tirarlas abajo y destruir lo anterior. La gente se confunde y cree que se trata una defensa del statu quo. Es exactamente lo opuesto. Deberíamos continuar descifrando el presente basados en lo que funcionó en el pasado. La mayoría desconoce que desde la imposición de regulaciones  medioambientales en los años 70 en Estados Unidos, la calidad del aire y el agua mejoró. Como no lo saben, pueden pensar que las regulaciones medioambientales son inútiles. Hoy la administración Trump está intentando recortarlas o eliminarlas y la respuesta natural es:

“No hacen ningún bien, terminemos con ellas porque frenan el crecimiento económico”.

La gente no está consciente de que con regulaciones inteligentes se pueden tener las dos cosas, crecimiento económico y protección medioambiental. Como las personas no saben que las reformas pueden funcionar, que podemos reducir el crimen, la polución, las guerras, no encuentran porque defender las instituciones actuales que el populismo trata de destruir.

En términos estadísticos, las tendencias de bienestar global resultan positivas pero hay que tener en cuenta que las cosas no están mejorando para todo el mundo al mismo tiempo. Eso no sería progreso, sería un milagro. Muchos países tienen problemas severos. El punto es que, analizando los problemas, intentando implementar las mejores soluciones, las más racionales e informadas, podemos obtener progresos. Pero no puede pasar en todos lados, en todos los casos. Por supuesto hay crisis en todo el mundo. Pero decir que hay un problema  que desafía la idea de progreso, identificar problemas particulares en países particulares, no es una refutación de la idea de progreso. La cuestión es cómo se encaran esos problemas.  Si un gobierno tiene éxito en suprimir información y datos, las cosas van a empeorar. El progreso depende de una prensa libre, de la libertad de expresión; depende de las fuerzas académicas, periodísticas, las organizaciones no gubernamentales desafiando al gobierno en esos casos. Las cosas pueden mejorar en la medida en que se implementen los ideales de la Ilustración, como la investigación.

La naturaleza del prejuicio

El cerebro hace trampas y engaña. Porque la realidad está ahí pero lo que vale es su percepción, que se aleja de la verdad. Hay seres que parecen normales pero son antisociales. Son lobos disfrazados de corderos, pero seductores, manipulan sin que se advierta. La trampa mental que generan se da por los miedos a la soledad, a la vejez y a la inseguridad.

La mente juega contra la razón de diversas formas. Es pésimo para calcular probabilidades. Cree encontrar patrones inexistentes y atribuirles un significado divino o cósmico. Supone que puede orientar los hechos al deseo. Muestra de ello es la importancia que atribuye al rezo por la salud y que hay relación de causa efecto entre rituales y resultados que son de naturaleza aleatoria.

Un prejuicio común es: Todos los judíos son una …… Son el 0,2% de la humanidad y tienen el 30% de los Nobel. Seríamos más pobres sin sus cerebros. Desde hace 2 siglos crean literatura que leemos, cine que vemos, ciencia que nos enriquece, medicina que nos cura, tecnología que nos cambia la vida y arte que nos deslumbra; acumulados en mil años de opresión. Luego de la revolución francesa en 2 siglos inundaron occidente con Marxs, Freuds y Einsteins. Un 40% de la gente los ataca y el 50% de los niños no querrían tenerlos en su aula aunque no sabrían reconocerlos. ¿Discrepan con la teoría de la relatividad?. Les enfurece el psicoanálisis. ¿Les disgusta Facebook de Mark Zuckerberg? ¿Odian a su país? Nadie se declara italianófobo o antirruso por Berlusconi o Putin. El prejuicio nace de defectos que proyectamos en el otro para negarlos. Sartre dijo que si el judío no existiese el antisemita lo hubiese inventado.

Todo lo que excluya a la gente se basa en mitos o supersticiones asentadas en mentes prejuiciosas que marginan a los otros por su pertenencia a una raza, etnia o grupo social y no por sus argumentos o creencias. Les resulta más fácil despreciar que discutir,  agredir que razonar, imponer que convencer.

La herramienta favorita del prejuicioso es lanzar afirmaciones sin pruebas para estigmatizar. Todos saben que existen los prejuicios pero pocos advierten que los tienen y practican. Mientras tanto la ciencia sigue alumbrando paradojas y desterrando prejuicios y supersticiones.

Dr. Horacio Krell Director de Ilvem, horaciokrell@ilvem.com

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