Jugar a hacer

Jugar a hacer te ayudará a construir tu futuro y tu propio cerebro.

Hay juegos que se siguen jugando por generaciones. “Dígalo con mímica”, apunta a la capacidad expresiva, la “búsqueda del tesoro” a sortear obstáculos. Otros apelan a la solidaridad como potenciadora de la inteligencia.  La especialización de la vida moderna produce mentes dispersas y en conflicto, llena de dudas y temores. Abandonarse sin vueltas a la certeza de la meta, sentirse “otro” por un rato, solucionar problemas; genera adrenalina, hormona estimulante que muchos prefieren sobre las endorfinas. Llevar el espíritu lúdico a la vida diaria oxigena la existencia.

Nunca olvidamos las primeras cosas

Cortázar lo soñó en “Final del juego”, donde a la hora de la siesta, en ese espacio que era su reino secreto junto a las vías del tren, tres niñas juegan a reproducir actitudes y sentimientos tan solo con gestos o ayudadas por un trapo, una pelota o la rama de un sauce, y también a hacer estatuas para sorpresa y maravilla de los viajeros, que admiran ese espectáculos hasta que un pasajero se enamora de una de ellas. Orson Welles cuenta la historia de un magnate de la prensa que lo tuvo todo. Segundos antes de morir pronuncia una palabra: Rosebud. Es el nombre del trineo con el que jugaba en la infancia, la edad de la inocencia a la que regresamos, una y otra vez

La “ciudad leonardiana”

Un equipo de la Universidad de San Martín (Unsam) replicó el laboratorio del genio del Renacimiento sobre conceptos de manejo de aguas limpias y de distribución de tránsito de personas y cosas. Leonardo se consideraba mucho más que un artista plástico, daba más referencias de sus habilidades como ingeniero que como pintor y escultor. Entre los prototipos logrados, se destacan dos bombas hidráulicas (una para subir agua, y otra para achicar inundaciones en zonas subterráneas) y un sistema de catapultas protegidas por un muro con dos escaleras retráctiles para arrojar al vacío al enemigo. Convirtieron en realidad bocetos del personaje más adelantado de su época (Italia 1452-Francia 1519).

Nostalgia por los juegos infantiles

Usábamos la cabeza y las manos: apilando cubos, haciendo castillos de arena, moldeando plastilina. La curiosidad nos empujaba a explorar el mundo y a enriquecerlo con nuevos objetos o dibujos. Pero esa disposición lúdica de construir se fue perdiendo. Hoy, a lo sumo, cambiamos una lamparita de luz o agujereamos la pared con un taladro para colgar un cuadro.

Con el avance de la sociedad industrial, la fabricación en masa fue desplazando a la labor artesanal. Con el avance tecnológico, se usó más la cabeza que las manos. Dejamos de crear objetos para convertirnos en consumidores. Hay quienes intentan dar una vuelta de tuerca: el movimiento de hacedores reivindica las máquinas de fabricación digital para recuperar la capacidad individual de producir objetos por nuestros propios medios.

El desafío es animarse a volver a jugar aprovechando las nuevas alternativas disponibles y más avanzadas: impresoras 3D, cortadoras láser, CNC (devastadoras) o placas controladoras; que abren la puerta a que podamos fabricar cualquier cosa. Y a falta de imaginación, Internet ofrece instrucciones para producir. Son máquinas caras pero hay quienes las alquilan por hora, pagando una membresía como en un gimnasio y dan cursos sobre su manejo. La tecnología que nos alejó del uso de las manos y nos convirtió en consumidores pasivos, abre la puerta a recuperar la capacidad de jugar, de crear y convertir en realidad  las ideas. La comunidad de los hacedores es receptiva. El desafío es animarse a ser un hacedor.

El juego ciencia

El ajedrez enseña a pensar, transmite valores, estimula facultades mentales y forja patrones de conducta. En 1995, la Unesco recomendó su inclusión en la escuela.  Hoy no se valora su importancia. Se discute la conveniencia del dictado como materia, si su enseñanza debe ser obligatoria, la edad del educando, el perfil del instructor, pero se dilata su incorporación a los programas escolares.

Una de las mentes más inteligentes del planeta, el ruso Garry Kasparov, opinó: “Quiero resaltar esto: el ajedrez en la escuela puede confundirse con la práctica de un deporte en los colegios, mientras que yo me refiero a su utilización como herramienta pedagógica, que enseña a pensar y transmite valores. Es decir, a una asignatura por sí misma o a un apoyo en la enseñanza de otras asignaturas”.

Fue la ex (URSS) la que hizo la primera evaluación sobre los beneficios del ajedrez. La investigación fue concluyente: Su práctica desarrolla habilidades de concentración, memoria, creatividad, planificación, pensamiento, autodominio. Sin embargo, no se incorporó a nivel escolar. Al momento de la desintegración del país, en 1989, contaba con 5 millones de ajedrecistas federados y 50 millones como aficionados. Entre 1948 y 2000, todos los campeones mundiales fueron soviéticos o rusos, salvo el norteamericano Bobby Fischer, en 1972.

España encabeza las aplicaciones sociales como evitar el envejecimiento cerebral, el Alzheimer, niños con trastornos por déficit de atención, autismo, rehabilitación de drogadictos. Hay al menos 300 colegios donde el ajedrez es asignatura obligatoria y más de mil donde es optativa.

No es un deporte

No se busca un crecimiento deportivo. El objetivo es que el ajedrez brinde formas de desarrollar el talento. Que aprendan a pensar, a desarrollar la creatividad y hábitos de pensamiento para lidiar con problemas diferentes y escenarios cambiantes. Con el ajedrez se entrena la toma de decisiones, hacer una pausa entre el deseo y la ejecución, analizar alternativas, proyectar el futuro, tomar conciencia de las consecuencias de los actos. El niño que juega al ajedrez desarrolla la inteligencia intrapersonal e interpersonal, debe conocerse y estudiarse, tanto a él como a su rival. Que aprendan tan bien y rápido motiva a investigar qué es lo que la enseñanza del ajedrez puede ofrecerle a la educación:

Da placer: Divertirse mientras aprende. Es concreto: acompaña el proceso de construcción del pensamiento lógico abstracto desde el lógico concreto. Lo imprevisible: problemas abiertos con reglas estrictas y espacio reducido, ofrece un territorio infinito para desplegar la imaginación con más de una solución válida. Integración del saber: el niño tiene que utilizar todo lo que sabe en cada jugada, no trabaja con conocimientos compartimentados. El poder: les damos poder a los niños para crearles problemas a otros niños y corregírselos. La oportunidad: el niño que pierde no recibe un juicio condenatorio, sino que tiene revancha y eso lo motiva a aprender de sus errores y mejorar. El niño docente: en poco tiempo empieza a enseñarles a sus compañeros porque aprende a disfrutar de superar situaciones cada vez más difíciles.

Inteligencias múltiples

El ajedrez no da lo que no se tiene, pero potencia las facultades innatas y el desarrollo de la personalidad. De las 8 inteligencias: lingüística, lógico-matemática, espacial, interpersonal, intrapersonal, musical, corporal y naturalista; el ajedrez estimula 5: la inteligencia lógico-matemática, la espacial, cuando proyecta su jugada sin mover las piezas en el tablero, y la intrapersonal e interpersonal, porque necesariamente debe conocerse y estudiarse, tanto a él como a su rival, y la inteligencia lingüística, que resulta extraña en un juego en el que los adversarios no se hablan, pero se relaciona con la escritura de las jugadas que debe anotar en su planilla; por ejemplo, “peón cuatro rey” representado en P4R o e4. Así, el chico decodifica el significado de letras y piezas, comprende y analiza lo que ejecutó. Efectúa el mismo proceso que cuando lee, une letras y palabras. Los niños después de jugar ajedrez mejoran un 15% su capacidad lectora.

El juego, en su reducido ámbito de 64 casillas, se mide con patrones muy estrictos; un error es causal de una derrota y un acierto de una victoria; el chico aprende que es responsable de sus actos. Sin distinción de sexo, ideologías o edades, todos pueden jugar al ajedrez. Quienes estudiaron los beneficios de su práctica sostienen que se rige por dos premisas esenciales: la paciencia, para el ejercicio de la reflexión, una antítesis ante los tiempos modernos de inmediatez que propagan Internet, los videojuegos y el zapping, y el respeto hacia el rival, de quien hay que esperar la respuesta para ejecutar el siguiente movimiento. El ajedrez enseña a pensar de manera lúdica, entretenida y va más allá del tablero.

Aprender a programar

Es como aprender a leer que fue la primera tecnología creada por el hombre. Algunos la consideran por error, como al ajedrez, que son reliquias. Mientras creen que la mayor competitividad se alcanza con las destrezas técnicas, la competitividad mayor sigue estando en las competencias genéricas. Suponen que apretando una tecla se obtiene cualquier dato. Se desconoce la importancia de motivar el querer y el para qué del querer. La programación introduce al niño en la lógica del descubrimiento. Es necesario enseñar a pensar y resolver problemas.

Un número creciente de países enseña a los alumnos a escribir códigos, con el objetivo de formar a creadores y potenciar la creatividad y la mente lógica. “¡Hola chicos! Olviden su sueño de ser doctores, estrellas del fútbol o raperos. Aunque duden y se burlen de ustedes en el colegio, el futuro está en las computadoras”, advierte en un vídeo Bill Gates. El fundador de Microsoft comparte pantalla con Mark Zuckerberg.

Tienes una idea, piensas en los personajes, en la estructura y en cómo los introduces en la historia. La palabra programación asusta, pero resulta fácil. “Imaginan, programan y comparten historias, música, juegos y arte”. Dibujan personajes y añaden órdenes muy sencillas, estos monigotes empiezan a tener autonomía y movilidad. Cuando consiguen pintar un punto o hacer que el gato maúlle, se emocionan”. Scratch es un lenguaje en forma de juego que se puede usar desde los 6 años, así desarrollan una mente lógica que les va a venir bien para cualquier faceta de la vida. Algo poco usual es que convivan en el aula chicos de otras edades sin complejos y que durante unas horas se sientan entre iguales.

Es increíble su desparpajo. No les cuesta hacerlo, hay alumnos que lo primero que cuentan en público es su proyecto. Entienden algoritmos que nosotros desconocíamos. Matemática pura que ellos aplican naturalmente porque es más sencilla de lo que parece. Las posibilidades son infinitas.

Reinventar tu trabajo es inventar tu futuro

La educación es la industria pesada de un país si fabrica ciudadanos que aprendan a generar ideas y llevarlas a la práctica. Einstein decía que en épocas de crisis la imaginación es más importante que el conocimiento y definía la locura como querer progresar pero seguir haciendo lo mismo. Los estudiantes deberán aprender nuevos contenidos  porque el conocimiento cambia, pero ya de grandes no se les podrá enseñarl a pensar, a hacer las preguntas pertinentes ni a tomar la iniciativa. Antes la cosa era fácil, sólo había que encontrar un trabajo. Ahora los chicos tendrán que inventarlo y reinventarlo periódicamente. Al conocimiento habrá que sumarle habilidades y motivación.

Nick D’aloisio demostró que cualquier pibe puede crear maravillas. El programa summly, resume textos para móviles y lo desarrolló en 2011 cuando tenía 15 años. Tras el acuerdo, por el que recibirá 30 millones de dólares su empresa se unirá a Yahoo. Trabajará a tiempo completo y estudiará por las noches. “Mi motivación nunca fue el dinero”, dijo. ¿Cómo gastará sus millones? “Bueno, realmente no se puede tocar el dinero. Está en un fideicomiso a nombre de mis padres, así que va a estar manejando por ellos”. “Va a ser diferente estar en una compañía tan grande. Es mi primer trabajo, pero será divertido”, agregó. Sus modelos a seguir son Mark Zuckerberg  ya que es un director joven de una gran empresa y comenzó cuando tenía 19 años. Creo que Steve Jobs también es muy inspirador para mí, porque era muy persistente en hacer lo que quería hacer y ese es el motivo por el que Apple se convirtió en lo que es. 

El que se motiva desde adentro es curioso, persistente, dispuesto a correr riesgos y a incorporar conocimientos y habilidades. Es capaz de encontrar oportunidades o de crearlas, lo que será vital al desaparecer las  carreras tradicionales. La escuela debe ser capaz de descubrir al genio interior que habita en cada joven, para lograr así la motivación intrínseca: que es un coctel de juego, pasión y determinación.

La materia prima más importante es la materia gris  pero no crece como la lechuga. Descubrir el querer genera la pasión pero sin métodos genera frustración. Hablamos de  alcanzar el futuro anhelado. Como dijo Einstein la lógica te lleva de A hasta B, pero la imaginación te lleva a cualquier parte.  Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza y  le transfirió su poder creador, el mismo que le permitió crear el mundo en siete días.

El creador cuando es innovador es el mejor imitador de Dios en la tierra. Platón dijo que el comienzo es la parte más importante de cualquier trabajo. Ya nadie duda de las palabras de Confucio (551-478 a. C.): “Me lo contaron y lo olvidé; lo vi y lo entendí; lo hice y lo aprendí”.

La mejor forma de predecir el  futuro es inventarlo. Para lograrlo hay que arriesgar, ya sea jugando al póker o al ajedrez. Lo importante es estar preparado para cuando a la idea le llegue su oportunidad. Jugar a hacer te ayudará a construir tu futuro y tu propio cerebro.

Dr. Horacio Krell. CEO Ilvem.  horaciokrell@ilvem.com

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