El costado social de la inteligencia

La inteligencia social es un complemento de la inteligencia personal que parte del concepto de que el hombre asociado es mucho más que el sujeto aislado.

En el imaginario colectivo la envidia es un rasgo negativo asociado al color verde ya que provocaría bilis, cuyo color estaría presente en la piel del envidioso. Desde el lado social de la inteligencia la envidia puede ser un sentimiento útil para el mejoramiento personal, para lograr mayor rendimiento, creatividad, superación, y hasta para contribuir al bien común. La diferencia entre la mala y la sana envidia depende de cómo se procesan las situaciones de desventaja con otras personas.

La admiración está bien vista y aparece como algo noble. Así como hay un estrés bueno y malo, la envidia es una emoción compleja  que funciona según cómo se la active.

Se envidia lo que se desea y se puede medir o comparar con lo que se es o se tiene. Para envidiar se elige gente cercana, la clave es pensarse en su lugar (imaginar estar ahí y todavía hacerlo mejor).

La sana envidia estimula la competencia y la superación. Puede aumentar  habilidad para prestar atención, memorizar, ponderar detalles y otras facultades cognitivas. Aquellos que aprendieron que, con trabajo duro es posible mejorar, experimentan una envidia buena que los moviliza. Los que creen que los logros son innatos o debidos a la buena suerte, tienden a esforzarse menos. La envidia benigna se parece a la admiración, pero mientras ésta genera bienestar, la otra trae incomodidad. Pero cuanto más se percibe la mediocridad interior, más se motiva uno para cambiar.

Un bien social 

La envidia puede ayudar a moldear comunidades fuertes y altamente cooperativas. La teoría del “gen egoísta” plantea que no existe el altruismo ya que todo lo que hacemos tiene una cuota de interés personal. Se trata de conciliar las pulsiones más bajas (envidia, codicia) con las emociones más nobles (altruismo, generosidad). Los sentimientos humanos son de una gran complejidad y nadie está exento de sentimientos negativos y positivos. Hay que ver cómo se entrelazan para que sean útiles al interés personal y al colectivo. En el hombre coexisten emociones encontradas. Nadie puede existir si no es en relación con otros.

Legitimar el poder hablar mal de otros, permitió en la antigüedad relativizar sus logros, que no se endiosara a los cazadores más habilidosos, promover la humildad y la generosidad al compartir recursos. La envidia era la “mano invisible” que regía la economía social, es la que hoy genera cierto placer en ver a los poderosos caer, que se respete la humildad, que se eduque a los niños para que sepan compartir, y explica la incomodidad ante la ostentación.

El narcisismo y el interés general pueden oponerse pero también potenciarse creativamente, intentando diferenciar lo que se siente de lo que se actúa. Sentir envidia es humano pero también lo es la capacidad de vivir en sociedad, integrando para eso los sentimientos negativos y positivos en beneficio común. Entendiendo ese sentimiento y de dónde proviene, podamos potenciarnos con él.

Se puede mejorar lo que se puede medir

Los griegos afirmaron la importancia de conocer las fortalezas y debilidades, de aprovechar las oportunidades y detectar las amenazas. El estratega sabe dónde estuvo ayer, dónde está hoy, dónde quiere estar mañana y qué hará para conseguirlo.

Benchmarking

La mayoría de las personas no advierten sus fallas. Una forma de mejorar es compararse con  modelos de excelencia. El benchmarking es confrontar con las mejores prácticas:

¿Qué puedo mejorar? ¿Quién será mi modelo? ¿Qué diferencias nos separan?  ¿Cómo cerrar la brecha? Elegir bien el blanco es crucial, luego hay que seleccionar la ruta

El envidioso no tiene el deseo de mejorar, quiere ver al otro destruido. Admitir la superioridad de alguien permite tomarlo como modelo. La admiración es una fuerza psicológica potente.

PNL, Programación neurolingüística

La admiración se hace emulación  y deseo de igualar al modelo.  La PNL enseña a ver cómo organizamos el mundo en nuestra mente. Usa la comunicación para crecer, conocer mejor a los demás y conocerse a sí mismo.

Casi todo se aprende por imitación. Aprender es modificar la memoria incorporando lo nuevo y adquirir así la capacidad para enfrentar los desafíos que presenta la vida.

El drama no es copiar sino imitar malos ejemplos, no saber usar el conocimiento ni modificarlo, o tener un radar para captar lo que quieren los demás en vez de hallar la brújula del autoconocimiento para alumbrar el propio camino. La PNL permite copiar a los ganadores y la destrucción creativa mejorar eliminando los defectos. Lo más importante es pasar de la imitación a la  innovación y a la invención. Es la diferencia entre creatividad bohemia e innovación aplicada.

Japón, después de la 2da guerra mundial, copió los productos que fabricaba EEUU, los mejoró, rebajó su costo y luego se los exportó a EEUU. Así se convirtió  en potencia mundial.

Aceptar al diferente

Existe un movimiento hacia la neurodiversidad, que propone que los que tienen síndrome de Asperger poseen una manera distinta de percibir, pensar, actuar y de estar en el mundo. Es una manera de ser y no una patología que hay que tratar de curar. Observando con los lentes de la neurodiversidad, es más fácil ser amables y aceptarlos.

Esa persona no necesita ser tratada sino aceptada y muchas veces las que deben ser tratados son las personas de su entorno. Por ejemplo se necesita ayudar al docente que lo rechaza, para que sepa educarlo. Muchas veces precisa tan solo una mirada amable y conductas inclusivas. Hans Asperger creía profundamente en la potencialidad de estos niños. El mundo necesita todo tipo de mentes.

La teoría de las inteligencias múltiples

Esta teoría cambió la forma de medir la inteligencia -el IQ o coeficiente intelectual. Afirma que se puede ser inteligente de diferentes maneras. El enfoque clásico no hacía foco en la vocación como la inteligencia principal. Pero como dijo Séneca: no hay vientos favorables si no sabes a dónde quieres llegar.

Tenemos un poder interior que el mundo conoce como empowerment y se convierte en poder inteligente (smart power) cuando conjuga el querer con la eficacia. Acceder al querer implica armonizar la vocación, el talento y el mercado laboral.

No alcanza con saber lo que se quiere; sin conseguirlo el deseo se frustra. Lo mismo ocurre si la carrera se elige por imposición de la familia o de la sociedad de consumo, la que brinda un radar para imitar a ricos y famosos pero no la brújula del autoconocimiento.

La inteligencia se bloquea también por carencias metodológicas. El filósofo Nietzche sugirió que los métodos son la mayor riqueza del hombre.

Un primer desajuste es la desinteligencia emocional, la falta de correspondencia entre la vocación y las emociones que se experimentan en la actividad diaria. También se bloquea el querer por falta de imaginación, o la bohemia: calentar la pava pero no tomar el mate.

El bloqueo estratégico consiste en no saber fijar metas; el que falla al planear planea fracasar. Otro error es no saber ejecutar el plan. Son destrezas que a entrenar (aprender a aprender y a emprender).

Una virtud clave es la inteligencia social: implica elegir bien a los que nos acompañarán en la ruta de la vida. El capital social es la sumatoria de las relaciones productivas. Podemos seguir enumerando inteligencias múltiples pero conviene saber que el verdadero “desarrollo” no es lo que tenemos sino lo que hacemos con eso, para convertir el espíritu en materia.

Para que el genio interior no quede encerrado en la lámpara de Aladino, debemos poder crear ideas y llevarlas la práctica. Para lograrlo se necesita un coach que facilite concretar la vocación. Por eso, la educación debe ser la industria pesada del país porque es la que fabrica los argentinos del futuro.

Tirarse a la pileta y arriesgar

Por lo general se idolatra a los Bill Gates o a los Steve Jobs porque se animaron a abandonar su educación formal, y desde un garaje, en bancarrota, construyeron sus imperios a partir de una visión y superando todos los obstáculos. Sin embargo el que siente aversión al riesgo y duda de sus ideas, es más probable que construya modelos preparados para durar. Quien es un apostador compulsivo que toma riesgos excesivos, será mucho más frágil.

Hay visionarios famosos reacios al riesgo: tras inventar la Apple 1 en 1976, Steve Wozniak se mantuvo en su puesto de ingeniero en Hewlett Packard. Larry Page y Sergei Brin se les ocurrió mejoraron las búsquedas en Internet, pero no dejaron sus estudios hasta Stanford hasta 1998. En 1997, preocupados por eso, quisieron vender Google por US$2 millones en efectivo y acciones. Por suerte para ellos, el potencial comprador desistió y la operación no se concretó.

Cómo tomar mejores decisiones

La hipótesis que sustenta la las decisiones bajo riesgo es la teoría de la utilidad. La teoría dice que la gente no decide para maximizar resultados, sino por la utilidad esperada (o placer). Cada decisión se piensa por separado y no necesariamente una persona propensa al riesgo en el juego lo es también en otros ámbitos, como familia y trabajo.

Hay sesgos mentales que impiden percibir el riesgo. El exceso de confianza impide ver con claridad los límites del conocimiento. La ilusión de control hace sobrestimar el grado las habilidades propias, sin advertir que el azar existe. La ley de los números pequeños hace que muchas veces se saquen conclusiones de un número muy limitado de hechos.

Siempre son más conocidas las iniciativas exitosas que los fracasos. Las personas no tienen una actitud estable frente al riesgo. Frente a un “shock” determinado, tendemos a “compensar” con una apuesta más arriesgada o más conservadora. A nivel de comportamiento hay un regulador del riesgo. Las personas con menos recursos compensan siendo más cautos.

Son más los peatones atropellados al cruzar la senda peatonal, supuestamente más segura, porque se descuidan y no miran a los costados. Del mismo modo la introducción de envases seguros para sustancias tóxicas en EE.UU. produjo más  envenenamiento de menores, por padres más relajados.

El secreto de la felicidad.  “Todos aspiran a la felicidad, quieren llegar a ser felices, no quieren dejar de serlo”, afirmaba Sigmund Freud, en 1930, en El malestar en la cultura. Para Aristóteles ser feliz implica lograr la autorrealización y las metas que uno se propone logrando así la plenitud y armonía del alma. Para otros la felicidad es poder valerse por sí mismo sin depender de nadie. Para los estoicos sólo se podía alcanzar la felicidad cuando se era ajeno a las comodidades materiales y se vivía imperturbable basándose en la razón y la virtud. Estos enfoques siguen teniendo vigencia y existe consenso sobre que no es un estado permanente sino de momentos específicos y transitorios.

Ed Diener y Micalea Chan (de las Universidades de Illinois y Texas, en Estados Unidos, respectivamente) realizaron una compilación de muchas investigaciones y dejaron en claro que:

1) Las personas que son pesimistas mueren antes que las optimistas.

2) Quienes menos se deprimen son más longevos.

3) Quienes sienten y expresan sentimientos más positivos, viven más tiempo.

Un buen estado de ánimo mejora el sistema inmunológico, favorece la recuperación cardíaca después de un esfuerzo, acelera los procesos de cicatrización, previene el desarrollo de la anorexia, los niveles altos de colesterol, el estrés, la depresión y los trastornos de sueño.

 “Una vida tranquila y humilde traerá más felicidad que la búsqueda del éxito y la inquietud constante que viene con eso” decía Albert Einstein.

Un modelo interactivo

La inteligencia social es un complemento de la inteligencia personal que parte del concepto de que el hombre asociado es mucho más que el sujeto aislado. El hombre se transformó en el dominador del planeta gracias a su capacidad social. Esta habilidad puede incrementarse mediante la inteligencia social.

Educación proviene de educcare que significa sacar de adentro. El informe de la UNESCO sobre la educación del siglo XXI  privilegia las 4 A del aprendizaje: Aprender a ser el individuo único que cada uno es, Aprender a aprender con  eficacia, Aprender a hacer para el trabajo,  Aprender a convivir con los desafíos de tipo social, para promover la cohesión social, la solidaridad y la construcción de las identidades, es decir aprender a vivir juntos o con los demás, lo que implica el descubrimiento gradual del otro, de lo que siente y piensa; y la capacidad de trabajar juntos, superando obstáculos para trabajar en proyectos comunes.

Cómo hizo el  hombre

No es tan fuerte cómo  el elefante, no nada bajo el agua como el pez, ni vuela como el pájaro, no cambia de colores como el camaleón, requiere de sus padres para sobrevivir, y sin embargo domina el planeta. Ese poder  lo obtuvo gracias a su capacidad de comunicación con los demás hombres que ninguna otra especie puede imitar. Lo logró por la invención del lenguaje, que le permitió compartir  ideas, teorías, miedos, conocimientos y esperanzas. El hombre es el único ser que puede grabar el alfabeto en su cerebro. La inteligencia social es el resultado de esta capacidad formidable.

Para John Donne “Ningún hombre es una isla, algo completo en sí mismo; todo hombre es un fragmento del continente, una parte del conjunto. La muerte de cualquier hombre me disminuye, porque yo formo parte de la humanidad; por tanto, no preguntes por quién doblan las campanas: las campanas doblan por ti”.

Dr. Horacio Krell. Director de Ilvem, mail de contacto horaciokrell@ilvem.com

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