Ser bueno para todo es como ser bueno para nada

Sólo no se puede, la unión hace la fuerza y es en la alianza estratégica de los múltiples talentos donde aflora combinación exitosa de la inteligencia emocional y la inteligencia social. Es mejor ser bueno en colectivo.

 

Es típico de la arrogancia humana creer que el talento es algo universal, una capacidad que puede aplicarse a todo lo que se hace. Por eso los millonarios creen que son hábiles para todo. Y la gente común también cree eso, transformando a ricos y famosos en políticos como si ellos pudieran lograr lo mismo en el plano social que lo que lograron en sus negocios.

El especialista sólo tiene un martillo, por eso todo lo que ve le parece un clavo.

Por eso, cuando los mejores alcanzan la cima de la economía, enormes cantidades de riqueza se concentran en pocas manos y empresas como Apple, Tesla y Google crean multimillonarios.

Esa riqueza generada provoca consecuencias no deseadas, si quieren controlar otros negocios. El resultado no es eficiente, porque el éxito en una industria no asegura el éxito en otras.

Ese es un problema obvio en el deporte. Los equipos ponen a los mejores para conseguir la victoria. Pareciera que  habría que tener el mismo cuidado al elegir candidatos, pero los partidos se fijan más en cómo miden en las encuestas que en su capacidad  para gobernar.  La diferencia es que en el deporte el rendimiento se comprueba cada semana. Una superestrella deportiva como Michael Jordan, a cargo de un nuevo equipo, no logró buenos resultados. Es el caso de Los Hornets de Charlotte, donde es accionista mayoritario, y que marcó su regreso a la NBA.

Jordan es una leyenda viva,  el mejor atleta de todos los tiempos, en su competencia con ídolos como Muhammad Ali, Diego Maradona, Leo Messi, Michael Schumacher, Floyd Mayweather.

Jordan superó a sus colegas de la NBA en los Chicago Bulls. Luego deleitó en el Washington Wizards en sus últimos años. Como deportista ganó u$s 93 millones , lo que representa una suma colosal pero escasa comparada con la fortuna mil millonaria que logró luego de adquirir el 90% del equipo Charlotte Hornets, cuyo valor se disparó súbitamente. Su patrimonio es de u$s1,65 mil millones y lidera el ranking de los atletas retirados mejor pagos. Se cree que su reconocimiento se encuentra a nivel de Barack Obama. Sin embargo, Jordan sigue estando en deuda con los fanáticos de los Hornets, porque su equipo no tuvo éxito en los playoffs y el más grande astro deportivo de todos los tiempos se comprometió con la ciudad a ganar trofeos.

El dinero puede trasladarse de una cancha a otra, el talento no. Una persona es eficiente en un área, pero se supone y hasta el mismo se lo cree, que tiene talento para todo. Einstein también creyó que tenía un cerebro especial y donó su cerebro para que los científicos lo estudiaran.

El radar o la brújula

La sociedad de consumo ofrece a la gente un radar que induce a imitar a ricos y famosos, y no a seguir a la brújula interior que le señala otro camino. La mejor idea es “conócete a ti mismo”, no hay vientos favorables para quién no sabe a dónde quiere llegar.

En la educación se priorizan las nuevas tecnologías, no las destrezas genéricas, imprescindibles para comprenderlas. Son las de leer, escuchar, argumentar y cumplir lo que se promete.

El estilo de Einstein

El estudio de su cerebro relevó que era parecido a los demás, su valía no estaba en el hardware sino en el software con que lo hacía funcionar. Los métodos constituyen la mayor riqueza del hombre. Una metodología intelectual planetaria podría construir un todo superior a la suma de sus partes. La humanidad debe orientarse hacia un gobierno universal, un poder central inteligente sin prejuicios de fronteras, que posea eficacia para gestionar el querer de las mayorías, conjugando los valores de crecimiento individual con crecimiento social.

Su cerebro  no era la computadora biológica de un genio, su fortaleza era la conectividad. La neuroplasticidad es la capacidad de formatear el cerebro con lo que se hace. Einstein sabía conectar las partes del cerebro, como muestra la variedad de rutas neuronales que lo unían.

Volvamos a la hipótesis de que nada fracasa tanto como el éxito y la riqueza. Cuando se trasladan de una actividad a otra automáticamente,  suelen producir proyectos ineficientes.

La ley de Peter

Un buen vendedor no siempre es un buen jefe de venta, pero muchas empresas eligen gerentes a partir de sus numerosas ventas. El resultado es que se asciende a vendedores exitosos convirtiéndolos en gerentes mediocres. Formamos estereotipos basándonos en cuán competente es una persona y pensamos que ser competente es un atributo general, sin advertir que es eficiente en una actividad específica, que no tiene talento para todo.  El principio de Peter afirma que todas las personas ascienden hasta estancarse en su nivel de incompetencia

Generalizamos la capacidad

Un sesgo cognitivo común y lapidario, al ponerlo en práctica, es pensar que el talento es universal: que se posee un “algo” que permite hacer cosas grandiosas.

La riqueza es embriagante y hace que multimillonario sufra de un narcisismo destructor. Este narcisismo responde a la familiaridad que reconoce en sí mismo, más que en su talento.

Los exitosos se aprovechan también de esas erróneas ideas preconcebidas, y que la riqueza pueda moverse entre industrias amplifica el error de que el dinero significa capacidad. Hay que afinar la percepción sobre las personas exitosas y reconocer que sus talentos son específicos.

Dirigir una empresa emergente que gana miles de millones no lo vuelve capaz de cambiar al mundo. Administrar un fondo de inversiones no le da perspicacia sobre qué proyectos sociales son mejores contra la pobreza. Cuando alguien construye un éxito, el mundo debería tocarle la puerta para pedirle ayuda en eso. Pero no presuponer que él es bueno para todo.

Prevenir en salud pública es algo que los políticos ven como accesorio. Sin embargo un cambio en el estilo de vida en Inglaterra disminuyó la tasa de mortalidad. Sucedió que una  generación de no fumadores llegó a la vejez.  Fumar fue la práctica nociva del siglo XX, comer y beber en exceso constituyen la amenaza del siglo XXI. La obesidad provoca enfermedades crónicas.

Hoy se combaten sus efectos, no las causas, se prefiere medicar a enseñar a comer, dejar de fumar, beber menos y hacer ejercicio. No es la vejez la causa, es una sociedad consumidora de remedios que prefiere  comer mal, beber de más y luego tomarse un comprimido.

El estilo personal

Es cómo se hace lo que se hace al cruzarse con el medio. Soy yo y mis circunstancias decía Ortega y Gasset. La educación atrasa, supone que en piloto automático se desarrollan virtudes. Vivimos en sociedades donde infelicidad se convirtió en un estilo de vida.

Hay un testimonio vivo ante la exclusión, fractura social, crisis de sentido y falta de valores en los países desarrollados. Es hora de rediseñar este mundo. Podemos reinventarlo.

El cambio de estilo de vida cambia las expectativas. Debemos educar para el cambio.

Círculos de atención

La dupla meditación-atención altera los estados de conciencia y prepara el proceso creador. Al tallar el alfabeto en su cerebro el hombre obtuvo una capacidad de comunicación insuperable. La ideología traba el proceso creador, las creencias rígidas impiden pensar. La meditación abre la mente. Hay que meditar sin reglas fijas, sabiendo que mientras el cerebro analiza con una finalidad estratégica, el corazón sintetiza las ideas inspiradoras.

El estilo improvisador

Miguel Ángel se guiaba por la visión. Al sacar materia de la piedra eliminaba partes de su Yo que impedían acceder a un tesoro. Para Heráclito nunca nos bañamos dos veces en el mismo río, porque ambos cambiamos la segunda vez. El río trae una fuerza milenaria de la que se puede abrevar. Su energía no es física  sino la información – de dar forma-, con la que una estructura misteriosa a lo largo de la historia utilizó el agua, el fuego, la luz y el barro para improvisar la tierra, el mar, las plantas, los animales y el hombre.

Para Platón aprender es recordar, retroceder en el río de Heráclito. Sócrates preguntando hacía parir el conocimiento. No llegaba a algo inmóvil, sino a información  actualizada.  Si la conclusión llega antes que la razón, es porque se le adelantó el inconsciente.

Materializar la inspiración

El estilo la conecta con su origen. No es la razón que avanza paso a paso, sino la intuición que reúne saber y ser en un instante. Es un nivel profundo que brota de las entrañas y emite su mensaje. Actuar según su dictado da un estilo artístico a la existencia.

El juego creativo relaciona lo que la conciencia separa, reinterpreta, explora con libertad y por placer. La felicidad no está en la estación a que se arriba, sino en el modo de viajar.

Los niños encarnan los juegos sin  vergüenza. Ese niño existe en el interior de cada uno y al hallarlo se despierta el entusiasmo, que significa etimológicamente: “estar lleno de Dios”.

Hay que convertirse en lo que se hace, un estado ideal que es el fruto de una conciencia sensibilizada, un vacío donde se borran los mecanismos convencionales del estilo repetitivo.

Lo más efectivo es decir: ¡Sí!, cuando  lo creativo y lo receptivo forman una pareja resonante.

Bateson dijo: “hay una diferencia que hace la diferencia”.  La diferencia la marca cada uno.

Es necesario liberarse de las tensiones producidas por miedos y armaduras. Ellos llevan a fracasar; donde esforzarse es destrozar y apresurarse, caer. Por el contrario al concentrarse en el cuerpo, en el equilibrio, en la técnica, en el vacío, la inspiración se asoma por la ventana.

Agregar variedad en los intereses y en las relaciones facilita el desarrollo del estilo personal.

Desde los orígenes  la reproducción sexual nos permitió conectarnos con lo diferente y enriquecernos. De otro modo todavía seríamos protozoarios o musgos en los pantanos.

Al ceder una parte del control al inconsciente, al alinearse  con el grupo,  se produce una respiración colectiva que, a medida que avanza la experiencia, sincroniza al Yo con todos los sistemas,  para que aparezca con toda su potencia y en un único pulso el estilo personal.

Si no se mide no se puede mejorar

Se debe practicar una doble lectura, una interna para descubrir los sueños y otra para interpretar la realidad, lo que se hace y los resultados.

La percepción es un filtro que interpreta los sucesos. Los estados anímicos de euforia, depresión o ira son sus socios o enemigos. Pensar en positivo hace que el cerebro produzca endorfinas, neurotransmisores del placer y del alto rendimiento. Hay que hacer una alianza estratégica con los socios, en la comisión directiva del cerebro, habitada por emociones positivas y negativas.

Hay quienes no tienen sueños y deben descubrirlos, existen otros que los tienen y su problema es hacerlos realidad. Desde cualquier lugar uno debe ocuparse en lugar de preocuparse y dar el primer paso correcto en una escalera invisible pero que existe. Ante la confusión, creencias falsas, deseos contrapuestos, tensiones no resueltas, es fácil criticar, difícil es hacer.

Con el casco de constructor, conectado al deseo y a la realidad, hay que preguntarse: ¿Dónde estaba ayer, dónde estoy hoy, dónde quiero estar mañana, cómo haré para conseguirlo?

Para que los fantasmas no conduzcan la vida se debe elegir un camino con los riesgos que eso implica. Dirigir la vida sin esperar a ser feliz cuándo algo ocurra. Vivir el momento. Un sueño bien plantado produce felicidad al trabajar por él, avanzando en su dirección. Venimos al mundo con una misión. Como dijo Nietzche el que tiene un porque puede superar cualquier cómo.

Inteligencias múltiples

Cada persona nace con un genio interior a descubrir y potenciar. Mientras que la educación busca igualar, convierte la debilidad de la ignorancia en mediocridad, lo que hay que lograr es que la fortaleza personal se transforme en excelencia.

El GPS cuenta con el mapa del territorio. El cerebro debe contar con información sobre qué y cómo se hace o se hizo (procesos), qué dio mejor resultado (buenas prácticas),  sobre qué hay que evitar (errores), quiénes pueden ayudarnos (capital social). El GPS necesita saber dónde uno está para brindar información en el lugar en que se encuentre. Para  eso hay que llevarlo puesto, lo que se consigue con un teléfono inteligente, la extensión natural del cerebro. El sistema de comunicación lo facilitan los satélites. La clave es saber dónde uno está y a dónde quiere ir. Sin conocer el objetivo, el GPS es inútil. Un software externo no sabe nada de nosotros, es un radar que nos vigila. El software interno es la brújula que usa el pensamiento creativo y estratégico.

Un doble camino de desarrollo

El método es usar y actualizar el cerebro en la percepción: velocidad y comprensión en la lectura, capacidad de escucha, agudeza sensorial y capacidad de observación. En el procesamiento: técnicas de estudio, concentración y memoria. En la comunicación: oratoria, redacción, diseño de un sitio web propio. En la aplicación del conocimiento: técnicas para la resolución de problemas. El segundo recorrido es aprender a convertir espíritu en materia. La inteligencia espiritual es la batería que brinda y recarga la energía. La inteligencia  emocional la pone en movimiento cada día,  la creativa la hace circular mediante las ideas, la estratégica convierte las ideas en planes, la corporal ejecuta el programa, la social permite liderar y trabajar en equipo, la digital lo consolida en internet.

Convertir espíritu en materia

Cuando el proceso se concreta en logros, el espíritu se  convierte  en materia.  Estudiando el cerebro de los grandes hombres se comprobó que su éxito no dependía de factores innatos.  La PNL descubrió que aprendemos imitando. Lo ideal es imitar a los mejores hombres y a las mejores técnicas. Japón destruido después de la 2da guerra  y sin recursos naturales, imitó y mejoró los productos que importaba y se convirtió en potencia.

Hay tareas que realizamos miles de veces en miles de horas con miles éxitos y fracasos. No sacar partido de ese activo es un desperdicio ya que impide aprender continuamente, cargando las innovaciones que ocurren cada día y que puedan ser de utilidad futura.

Gestionar el conocimiento es no empezar de nuevo cada día como si no existiese la experiencia. La información se genera a diario, se cuenta con el mapa de procesos, existe tecnología suficiente y la posibilidad de contar con un sabio a mano.  Un programa sistémico de gestión del talento los conecta, es holístico porque usa todas las fuerzas, ecológico porque sustituye fuerza bruta por calidad, y es sinérgico porque el todo resultante supera a la suma de las partes.

Sólo no se puede, la unión hace la fuerza y es en la alianza estratégica de los múltiples talentos donde aflora combinación exitosa de la inteligencia emocional y la inteligencia social.

Dr. Horacio Krell- Director de Ilvem y neuroeducador de la mente.  horaciokrell@ilvem.com

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El coeficiente de inteligencia cultural

En esta era interdependiente y globalizada, la inteligencia cultural o Cultural Quotient (CQ),  es clave  para determinar el éxito o el fracaso en el entorno nacional o internacional. 

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