Autodiagnóstico del cerebro quemado

El cerebro es el órgano más organizado y complejo de nuestra anatomía y se desarrolla durante toda la vida, porque durante toda la vida somos capaces de aprender.

Toda persona debería analizar seriamente cómo le va. ¿Dónde estaba ayer? ¿Dónde están hoy? ¿Dónde querría estar mañana? y ¿Qué debería hacer para conseguirlo? Al interrogarse cada uno es diferente y puede responder de diferente modo. Se puede discrepar porque se le preste más atención a algunos indicadores que a otros; porque a ciertos factores no se les preste atención; porque se les asigne diferente importancia, o porque no se atreva a enfrentar la realidad.

Acudir a un profesional en busca de ayuda también es complicado, Freud mismo decía que el análisis es interminable, y generalmente se precisa encontrar la solución para ayer.

Ir a ver a un médico implica estar preparado para recibir malas noticias. Por eso se acude a él recién  cuando se presenta algún dolor imposible de calmar con alguna pastilla automedicada.

El profesional cae en el mismo error cuando atiende enfermos sin ayudar a prevenir la enfermedad.

Puesto a analizar lo que le pasa, una persona debe lograr la regulación entre las emociones o los dictados del corazón y los pensamientos. Es necesario tener el corazón caliente y la cabeza fría.

Muchos profesionales y pacientes suelen cometer el error de tratar con modelos simplificados problemas complejos. Por otro lado el exceso de personalismo y el deseo de destacarse o vender la propia receta, hace exagerar las discrepancias entre los profesionales que lo asisten, lo que se resolvería con un diálogo sincero y objetivo. Pero cuando el problema se agrava se precisa un consenso y las diferencias de opinión disminuyen y se evaporan los disensos.

Burn out o cerebro quemado.

La sobrecarga de la vida actual impone una presión de velocidad que genera las enfermedades por apuro.  Son las que surgen de reducir el tiempo libre para lo que realmente importa en la vida. Del autodiagnóstico puede derivar que el  estrés sea agudo, súbito e intenso.  Cuando aparece, normalmente se hace la consulta. El estrés crónico se da en forma sostenida durante años y es el más dañino, de baja intensidad, es como la gota silenciosa que orada la piedra.  Se puede realizar un test sencillo para medir si se  padece de agotamiento emocional, automatismo en la conducta, menor iniciativa y la calidad de las decisiones que se toman.

Choque de planetas.

Son posiciones enfrentadas que van a una colisión frontal imposible de evitar. Son objetos que se destruyen porque no pueden aminorar la velocidad ni parar.  A esta imagen física hay que agregar que en un conflicto cada alternativa posee una parte de legitimidad.

Poder y tener razón son atributos a los que es difícil renunciar al defender los intereses. La tragedia viene con los cambios. Y es preciso redoblar el análisis para evitar la desgracia. Se necesitan palabras, no balas; comprensión, no autoritarismo. E insistir con la antigua convicción reformista: para conciliar la racionalidad con las emociones. Hay que advertir que si seguimos así, chocamos. Entonces, en vez de hacer un pronóstico, se puede visualizar  el destino al que lleva el rumbo actual. Se pagan altos precios por no prestar atención a tiempo de una cuestión evidente. Entonces se advierte que hay que tomar al toro por las astas, para que el pronóstico sea diferente.

No hay que jubilarse de la vida.

Hay que jubilarse del trabajo pero no de las pasiones. En la tercera edad (de los 60 a 80 años) y en la cuarta (desde los 80 a los 100) debe nacer una nueva adolescencia  que permita aprovechar el capital intelectual, el talento y la sabiduría.

Para mantener el cerebro sano es necesario cultivar  una actitud positiva y una vida intelectualmente activa; evitar el aislamiento, aprender a manejar las emociones y enfrentar nuevos desafíos. En lugar de que el retiro se viva como una desgracia es preciso verlo como  la oportunidad de realizar los sueños pendientes que quedaron por cumplir.

¿Cómo anda su cerebro?

Rita Levi Montalcini nació en 1909. En 1986, obtuvo el premio Nobel de Medicina, por aislar el factor del crecimiento neuronal. Al cumplir 100 años, se mantenía muy activa y  lo explicó por la plasticidad del cerebro. Pese a que mueren muchas neuronas, las que quedan  crean nuevos caminos, si lo estimula al mantenerlo ilusionado y activo.

El cerebro no se arruga, el cuerpo sí, esta frase es su marca registrada. Perseguida por ser judía en la 2da guerra mundial, convirtió su dormitorio en un laboratorio. En su libro  “El as en la manga” dice que el cerebro es el as en el juego de la vida para optimizar la actividad mental. Así la plasticidad cerebral compensa la pérdida neuronal y reorganiza las sobrevivientes. El requisito es conservar la curiosidad, empeño y pasión. Afirmó la necesidad de tener clara la misión en la vida.

¡Igual que a mis 20 años! Mi cerebro pronto tendrá un siglo, pero no conoce la senilidad. El cuerpo se me arruga, es inevitable, ¡pero no el cerebro! No noto diferencia en las ilusiones que tengo ni en mis capacidades. Aunque mueran neuronas, las restantes se reorganizan, pero hay que estimularlas.

¿Cómo se hace?

La clave es mantener la curiosidad, el empeño y la pasión. La manera en que pensamos influye en las emociones y en las conductas que generan. Para un cerebro no hay nada más desafiante que otros cerebros. Por eso también es importante participar en grupos. Así se evita el aislamiento, que es el principal enemigo del desarrollo cognitivo. La actividad física tiene efectos beneficiosos para la memoria, mejora la atención y es un antidepresivo natural. Otro aspecto clave es darle sentido al tiempo libre y aprender a decir NO a lo que no es prioritario para uno.

Si el cerebro no se entrena, se atrofia. Una vida intelectualmente activa evita el deterioro cognitivo. Por eso, corren con ventaja quienes tienen educación formal, son bilingües, estudian idiomas o tocan algún instrumento.  Pero si es amante de la lectura o tiene un negocio o un empleo en el que se la pasa haciendo cuentas, su cerebro estará atento y entrenado. Lo que  protege y mejora las funciones cerebrales es todo lo que represente un reto que obligue a salir de lo que se denomina “la zona de confort”.  En cuanto a la alimentación: todo lo que es malo para el corazón es malo para el cerebro. Hay que evitar la sal, grasas, controlar la presión arterial y realizar chequeos.

Manejo del estrés.

El objetivo es aumentar los estímulos positivos y eliminar los negativos. Detectar pensamientos obsesivos, esos que se repiten pero no llevan a la solución sino que consumen energía y tiempo. Para eliminar las tensiones es recomendable recurrir a la meditación, relajación y respiración. También existen métodos como Mindfullnes que busca poner la atención plena en el aquí y ahora. La idea es no concentrarse en el pasado que lleva a la melancolía ni en el futuro que produce ansiedad y conectarse con el presente. El desarrollo de todos estos factores ayuda a construir una “reserva cognitiva” que será de gran ayuda en los años avanzados de la vida.

Los superancianos.

Son los adultos mayores que tienen un nivel de memoria y atención similares a las de una persona de 25 años. En ellos, varias regiones parecen no estar afectadas por el paso del tiempo, pero lo llamativo es que no son las zonas dedicadas al pensamiento sino a las emociones. Los superancianos suelen ser personas cuya característica en común es que todos son profundamente optimistas, el factor predictor más importante de la salud mental y física.

Gimnasia holística

La nueva tendencia es invertir en calidad de vida. El foco dejó de ser el lujo  para pertenecer al mundo del bienestar y sentirse mejor para prolongar la calidad de vida. Para eso hay que invertir en todo lo que nos aleje del fantasma del paso de los años y optimice el cuerpo.

Somos únicos e irrepetibles. Si bien esta búsqueda de bienestar es un camino loable, el ejercicio físico, la comida y el descanso deben ser las bases sustentables en el tiempo. Es fácil creer en las promesas milagrosas, pero son falsas recetas que conducen al fracaso.

Los gimnasios deberán convertirse en espacios holísticos que trabajen sobre una versión más integral del ejercicio físico y combatir el alarmante 70% de sedentarismo de la población.

La clave es conservar la salud en el sentido amplio y trabajar un cambio de adentro hacia fuera. Porque la mala comida, el alcohol, el cigarrillo, el mal sueño y el poco movimiento cuestan caro, empoderar la vida debe estar en la agenda. Debería ser como comer y dormir, cuestiones básicas y muy necesarias. Un cuerpo relajado y cuidado vive mejor y se desempeña con mayor eficiencia.

La fórmula de la felicidad de  Einstein era: “Una vida sencilla y tranquila aporta más alegría que la búsqueda del éxito en un desasosiego constante”. Vivir mejor no debería ser tan complicado.

Cuando sea mayor de edad

Una notable rareza en un mundo en el que cada vez más adultos se desviven por ser adolescentes o niños, se resisten a crecer, son víctimas de una epidemia de juventud que crea un abismo entre su edad cronológica y su desarrollo emocional y sus razonamientos. Así se los ve, retratados por su lenguaje, sus actitudes, sus modales, sus reacciones, los artificios a que someten a sus caras y sus cuerpos, y su adoración por lo joven y lo nuevo sólo por ser joven y nuevo, como si esos fueran valores en sí mismos.

Esos adultos que intentan retroceder en el tiempo como una manada que trata de bajar por una escalera mecánica que sube, y que impiden así el desplazamiento de los que van en la dirección correcta, no pueden diseñar futuros atractivos y convocantes para las generaciones que les siguen.

Para que puedan cumplir su propósito, que esa sea su real vocación y que cumplirla ilumine la razón de ser de su existencia. El futuro es un difícil y peligroso camino, es madurar. Algo de lo que hoy se suele huir masivamente. Sin adultos maduros los jóvenes quedan a la deriva. Dejar un día la niñez, fluir con los ciclos de la vida sin detenerlos ni violentarlos y tener un faro que guíe su existencia. Hay que dar razones a los niños para aspirar a ser adultos, cuando tanto adulto renuncia a serlo.

Un autodiagnóstico sencillo. Para realizar un autodiagnóstico es vital conocer los síntomas de instalación lenta. El estrés crónico se percibe cuando su manifestación resulta clara y evidente. Si tuviéramos que decir las características básicas de esta enfermedad debemos presentarla por sus síntomas. Para que se produzca esta condición el nivel estresante del medio ambiente debe ser elevado y estructural. El burn out se caracteriza por el agotamiento emocional, la despersonalización y la disminución de la iniciativa y fallas en la toma de decisiones.

El agotamiento emocional es la incapacidad para la respuesta emocional adecuada a la situación. Es un desajuste entre los hechos y la respuesta lógica esperada. Se manifiesta apatía, frustración, decepción, insensibilidad, irritabilidad, inflexibilidad e intolerancia.

La segunda característica del cerebro quemado es actuar en piloto automático, con una desconexión personal con las acciones. Hay desinterés, y la toma de distancia personal con las actividades y las relaciones. Es una barrera con el mundo de los otros y de las cosas.

Otra conducta que debe investigar quien desea investigarse es si el agotamiento emocional y la despersonalización lo están llevando a disminuir la capacidad de iniciativa y la de tomar decisiones. Debe observar si la anestesia de las cualidades intelectuales, creativas, de iniciativa, liderazgo, la seguridad en sí mismo, se hacen presentes en las acciones cotidianas y son mecanismos de defensa con la finalidad de protegerse del entorno estresante. Esta situación resulta dañina y progresiva.

De no ser diagnosticado a tiempo y en la medida en que las circunstancias estresantes continúen, se agregarán nuevos síntomas entre los cuales comenzarán a aparecer a aquellos típicos del estrés crónico tales como el cansancio, la fatiga, la disminución de las capacidades cognitivas, el insomnio, el nerviosismo, las alteraciones en la conducta, alteraciones en el comportamiento cotidiano, sintomatología cardiológica, digestiva, neurológica, hormonal, y otras tantas. En realidad nada de nuestro funcionamiento psíquico y físico escapa al alcance del estrés crónico.

¿Se presentan en su vida o en la de alguien cercano? Cualquier afección diagnosticada a tiempo brinda mayor oportunidad de tratamiento. El sólo hecho de disminuir las tareas que resultan muy intensas o exigentes, es suficiente para abortar el desarrollo de este síndrome a tiempo.

Al nacer era una página en blanco.

El cerebro se fue completando con la educación y la experiencia. Un bebé no se basta a sí mismo pero una tortuga recién nacida no depende de nadie. Esa debilidad le brindará la oportunidad de superar a las destrezas que surgen del instinto. La habilidad madre es tallar el alfabeto en el cerebro, capacidad que no tienen las demás especies.

Habilidades como imaginar, aprender o razonar, se desarrollan resolviendo problemas. El cerebro madura, pero lo que no se usa se pierde. Para evitarlo hay que estimular las conexiones sin esperar que se organice totalmente. Sería casi una renuncia ya que algunas capacidades se pierden.

Hay viejos jóvenes y jóvenes viejos.

El anciano compensa la disminución de su agilidad mental, con la inteligencia cristalizada, una sabiduría que es fruto de la experiencia y del conocimiento.

El cerebro cambia con la calidad de vida, una vida aburrida es un seguro de que el cerebro también lo será.

Al analizar un hemisferio cerebral advierta que es la mitad de la estructura de un órgano único de dos partes, no como el riñón donde se puede perder uno y el otro sigue trabajando. Sin la mitad del cerebro se pierde información única que no puede ser reemplazada por la otra mitad.

El cerebro es el órgano más organizado y complejo de nuestra anatomía y se desarrolla durante toda la vida, porque durante toda la vida somos capaces de aprender.

Ahora que sabe más sobre su cerebro, realice su autodiagnóstico.

Dr. Horacio Krell. Director de Ilvem,  horaciokrell@ilvem.com

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