Cómo alcanzar el alto rendimiento

Para alcanzar el alto rendimiento no basta con acceder a la mejor tecnología o tener también capital intelectual pero lo importante es preparar para responder a los cambios.

Este es un fenómeno que intentan develar las neurociencias. Se puede aprender a mejorar de varias formas pero la lectura (que fue la primera tecnología creada por el hombre) es la tecnología genérica imprescindible para aprender todas las demás. Ya lo había descubierto Newton cuando afirmó: “Yo no soy un genio, estoy parado sobre las espaldas de gigantes”. La vida es muy corta como para querer aprender todo de la experiencia y a los golpes.

El formato del libro evolucionó desde la antigüedad, pero no las destrezas de lectura. Con la explosión de conocimiento el material editado superó a la capacidad humana para examinarlo.

La mayoría lee por debajo de las 100 palabras por minuto

La vida moderna exige trabajar más tiempo y estar mejor informado. Desde el siglo XVII no hay sabios que dominen el saber de su época. Hay sólo especialistas que tienen el martillo de su saber y que sólo pueden ver el clavo. Crece la brecha tecnológica porque la ecuación hombre = tiempo ya no cierra y la mentalidad de bombero nos invade. La tecnología sube por el ascensor y el hombre por la escalera.

Por todos lados hay gente preocupada chequeando al mismo tiempo su correo electrónico, navegando por Internet y hablando por el celular. Así no pueden concentrarse, organizar la información y hacer su tarea. La consecuencia cognitiva nefasta es no saber separar lo importante de lo accesorio. Prestar atención no es un acto de disciplina, es una destreza con raíces neurobiológicas. Hoy se recurre al multitasking (multitarea), para hacer simultáneamente varias cosas a la vez. La interrupción genera estrés, frustración y rebaja la creatividad.

La “edad oscura” en que vivimos crea un pensamiento de blanco o negro, superficial y dependiente. En los últimos 30 años la información aumentó 3 veces y la pantalla cambia 40 veces por hora.  La interactividad exige al cerebro respuestas rápidas para las cuales no está preparado, ya que procesa en cadenas neuronales y no puede maniobrar con varias a la vez. En alta velocidad suele elegir la ruta equivocada.  Veamos un ejemplo:

Visualice un caballo blanco, imagine una hoja blanca de papel, concéntrese en una heladera de color blanco. Ahora responda con rapidez, ¿qué bebe la vaca? El cerebro apurado responde leche en lugar de agua. Es decir que el cerebro “hace agua” bajo presión. 

El estado de flujo

La eficacia (el resultado)  se relaciona con la eficiencia (el cómo). No basta con ser eficiente para ser eficaz. La eficacia pone el acento en el objetivo, en focalizar la atención y lograr una visión periférica para tomar conciencia de todos los detalles del alrededor.

En el estado de flujo las cosas se consiguen fácilmente. Entrar en la zona del máximo rendimiento demanda un estado psíquico y físico óptimo, donde el cuerpo y la mente se sintonizan en pos del  objetivo, con una actitud activa, positiva, concentrada y resiliente.

El biofeedback permite monitorear el estado físico para medir el nivel interno de estrés, y la capacidad de autorregularse. El estado de flujo se produce cuando se hace foco, se logra la coordinación sensomotriz y se obtiene precisión en el arte de ejecutar lo que se hace.

Cuando se puede ver en pantalla  cómo el organismo se ajusta a la tarea, el control se torna más objetivo y menos abstracto, porque se tiene una evidencia concreta del funcionamiento, y se puede variar lo que se está haciendo hasta acceder a un efecto positivo.

Ser consciente del estado real, a través de indicadores objetivos, es clave para modificar conductas demasiado ambiciosas o competitivas, la impaciencia y la incapacidad de relajarse.

Hoy se sabe que el rendimiento no es cuestión sólo de talento y desempeño en la actividad, sino de funciones cognitivas relacionadas con la creatividad, la planificación y el control, así es cómo se entrenan el cuerpo y el cerebro para incrementar el rendimiento.

Evaluarse cognitivamente para potenciar  habilidades entrena tanto la función ejecutiva, como la toma de decisiones, la memoria, la concentración, y hasta la regulación de emociones que impactan en el manejo del estrés. La caja de herramientas del alto rendimiento incluye técnicas de respiración y relajación para autorregularse (retroalimentado por la lectura de signos vitales), mindfulness y las ciencia del descanso.

Estas técnicas al aumentar el foco permiten detectar lo importante de lo accesorio mediante aplicaciones de la ley de Pareto  y  aumentan la creatividad para resolver problemas. También se utilizan para hablar en público, para volver al foco después de una distracción, la resiliencia ante la adversidad o el soltar, cuando hay una situación que paraliza y volver velozmente a una máxima concentración.  Las nuevas tecnologías traen el riesgo de asimilar al ser humano al robot. Lo que hay que lograr es que potencien la capacidad de los seres humanos.

En la década del cerebro (1990-2000) se descubrió qué hace el cerebro cuando piensa. Con neuroimágenes lograron observarlo en vivo y en directo. El entrenamiento neuronal (Neurobics) es para el cerebro lo que la aeróbica para el cuerpo. Neurobics y Aerobics deben ir de la mano, ya que cuerpo sano en mente sana. Si uno se enferma el otro también lo hará.

La optogenética permite manipular la actividad cerebral. Al activar o inhibir neuronas específicas se pueden explorar relaciones de causa-efecto entre la actividad cerebral y el comportamiento.  Ha contribuido a determinar cómo las neuronas dan lugar a sentimientos. Conocer cómo funcionan determinadas neuronas es insuficiente para poder explicar el modo en el que funciona la mente humana; ya que es el emergente del trabajo coordinado de las redes neuronales (neuroplasticidad). Las ciencias básicas carecen de un objetivo práctico inmediato, no siempre logran recompensas pero, cuando lo hacen, cambian a la  sociedad.

Son cosas distintas. Es diferente hacer algo de memoria que resolver un problema. Una tarea sólo exige voluntad y energía para aplicar la memoria. Un problema es algo nuevo y por eso no se puede resolver sin generar una idea. Hay un conocimiento tácito al que no se sabe cómo acceder y otro explícito pero que no se sabe utilizar para generar ideas.

El deseo es el motor del cerebro, ya que cuando es muy grande cualquier obstáculo se vuelve pequeño. Cada niño nace con un genio interior que deberá descubrir y potenciar. Mientras que la educación busca igualar a todos convirtiendo la debilidad de la ignorancia en mediocridad, lo que hay que lograr es que la fortaleza personal se transforme en excelencia. El poder duro – hard power – procede de la fuerza. El poder blando – soft power –  atrae por la cultura o por la bondad de una política. El cerebro humano tiene los dos: el poder duro de la razón en su hemisferio izquierdo y el poder blando de la emoción en el derecho. El poder inteligente – smart power -conjuga razón con emoción, plan con intuición, conocimiento con imaginación.

Es cuestión de método

Hay una tendencia a actuar en forma impulsiva utilizando la fuerza bruta, como indicaría la famosa frase de Sarmiento: “la letra con sangre entra”.  Pero con el paso del tiempo aflora el cansancio y la ley de los rendimientos decrecientes.  Para aumentar el rendimiento, sin dejar de reconocer el peso de la voluntad, es mejor dejarse llevar por la frase de Nietzche: “La mayor riqueza del hombre son los métodos”. Lo importante  es enseñar a usar el cerebro en lugar de dejarlo operar en piloto automático. Existen metodologías para mejorar la percepción: velocidad y comprensión en la lectura, capacidad de escucha, agudeza sensorial y capacidad de observación. En el procesamiento: técnicas de estudio, concentración y memoria. En la comunicación: oratoria, redacción, comunicación digital. En la aplicación del conocimiento: técnicas para fabricar ideas y para la resolución de problemas.

El segundo recorrido es interno, aprender a descubrir en uno mismo la vocación. La inteligencia espiritual es la batería que brinda y recarga la energía. La inteligencia  emocional la pone en movimiento cada día, la creativa la hace circular mediante las ideas, la estratégica convierte las ideas en planes, la corporal ejecuta el programa, la social permite liderar y trabajar en equipo, la digital consolida el proyecto en Internet. Finalmente el proceso se concretará en un logro, entonces el espíritu se habrá convertido en materia.

Cómo lo hacen los mejores

Estudiando sus cerebros se comprobó que su éxito no depende de factores innatos. Einstein tenía un cerebro parecido al de cualquiera, la diferencia estaba en el software con el que lo hacía funcionar. La PNL o programación neurolingüística descubrió que aprendemos imitando. Lo ideal es imitar a los mejores hombres y a las mejores técnicas. Este principio se aplica a personas e instituciones. Japón destruido después de la 2da guerra mundial y sin recursos naturales, imitó y mejoró los productos que importaba y se convirtió en potencia.

Inteligencia Artificial

MacLuhan advirtió que los medios de comunicación modifican nuestra manera de pensar y actuar: “el medio es el mensaje”. La pérdida de la facultad de leer grandes libros y la creencia de que sólo se lee para informarse son males de esta época. Los textos sin una finalidad pragmática son considerados superfluos. Internet se ha convertido en una prolongación o prótesis del cuerpo y del cerebro. La inteligencia artificial subordina al órgano pensante, que se hace dependiente. Internet está reduciendo la capacidad de introspección que antes avivaba la literatura. Si le decimos a alguien: No pienses en un elefante, se activa un elefante en la memoria. Las palabras no son inocentes, se enfrentan hasta con la voluntad. El pensamiento no es libre, repite guiones que ignoran hechos evidentes. Quien domina el lenguaje neuronal controla el debate. Si no quiere que el otro piense en el elefante evita nombrarlo. La mente no procesa en negativo, al decirle NO responde SÍ. Pensar por patrones adapta lo real a la creencia, un automatismo que los políticos explotan. El pensamiento lateral se escapa del automatismo. La solución no es hacerlo mejor sino de otro modo. Si las ideas dominantes señalan un pensamiento único hay que transgredirlas.

Procrastinar es postergar tareas importantes. Es una señal sobre fallas en el encuentro entre la inteligencia humana y la artificial. Si no usamos la memoria vivida, que incorpora en cuerpo y mente el saber y la experiencia, nos hacemos dependientes. La sabiduría es el fruto. Hay que entrenarse para armonizar el sistema nervioso humano con el  digital. Un consejo de sentido común es hacer una sola tarea a la vez. Es así como como funciona mejor nuestro cerebro.

Responder a tres preguntas

1) ¿Por qué usamos  sólo el 10% de la mente? 2) ¿Por qué desde el sistema político educativo no se hace nada al respecto? 3) ¿Por qué se supone que un niño puede estudiar sin aprender antes cómo hacerlo? La educación apostó a la información pero no a la formación. Mientras que el conocimiento crece de manera exponencial el ser humano se mantiene constante o bien disminuye su capacidad. La paradoja es que  para conseguir trabajo se exigen titulaciones que son cada vez más inaccesibles al común de la gente y se ha creado una enfermedad moderna que es la titulitis. El diario El Mundo de Madrid,  se ocupó de la cuestión con una nota en la que censura “el todo vale en una sociedad señoreada por la titulitis”, con institutos que, amparados en “dudosos convenios venden” títulos de bachillerato y universitarios con toda facilidad. “Todo, de modo rápido, poco exigente, con pocas clases semanales y horarios ideales para quienes trabajan”. La nota se titula “Hacer la carrera”.

La modernidad  creyó en que la razón generaría el progreso. Sus recursos fueron la escuela obligatoria, la ciencia y la democracia. Pero con el tiempo, el mundo se vació de sentido, las verdades absolutas son hoy creencias relativas, la supuesta armonía se convirtió en disociación. Se crearon los recursos y el poder pero no la integridad para manejarlos.

La gestión del conocimiento

La gestión del conocimiento no es tan solo un stock del saber sino también su amplificación y su divulgación social, la que debe basarse en pruebas que midan el éxito, eficiencia, eficacia, la capacidad de adaptación tecnológica para conectar a la gente, para el rediseño de procesos y de la organización, a la globalización, a las nuevas formas de contrato social e incentivos a la gente y al desarrollo del potencial del individuo.

Lo importante es tener empresas innovadoras, porque se puede comprar un software sin estar comprometido con el cambio que implica su implementación.

Una empresa es como un elefante al que todos tocan con los ojos vendados, todos piensan que tocan al elefante, pero sólo tocan una parte de él.

Tampoco es cuestión de tecnología

Para alcanzar el alto rendimiento no basta con acceder a la mejor tecnología. Se pueden tener los mejores teléfonos y sistemas de comunicación, pero esto no garantiza que las conversaciones sean positivas. Otra dificultad es que acumular capital intelectual no implica saber socializarlo. Lo importante es preparar para responder a los cambios. Competir es un arte que se ejercita en movimiento. Actualmente las empresas han cambiado. Antes se dedicaban a gestionar recursos escasos hoy necesitan saber capturar oportunidades. Para lograrlo deben combinar las fortalezas de operación del sistema pero también otras necesarias para cambiarlo. Nuevamente está presente la lucha entre la eficiencia (hacer las cosas bien) y la eficacia (hacer lo que genera valor).

Según la Ley de Pareto el 20% de los recursos generan el 80% de los resultados. El conocimiento no es un lugar al que se debe arribar sino un camino para conducir la gestión. Lo que se busca es que uno sea hábil para ejecutar hoy lo que se decidió ayer y que al mismo tiempo se adapte rápidamente a lo que habrá que hacer mañana. De esta manera podrán romper con la teoría de Schumpeter de la destrucción creativa, según la cual la evolución se produce por sustitución donde los innovadores destruyen a los que se niegan a cambiar.

Los hombres pasan y las instituciones quedan. Esto es válido solamente para las que se animan a apostar por incluir como recursos la creación de capital intelectual, la administración del conocimiento, la creatividad y la innovación en el marco de la economía del conocimiento.

Dr. Horacio Krell Director de Ilvem, mail de contacto horaciokrell@ilvem.com

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