El MIT Sloan School of Management define a los emprendedores “pura sangre”

En el MITSloan hablan de la ‘colla-competition’, un híbrido de competencia y colaboración. Los frutos de esta estrategia se materializan en clústers de empresas muy especializados.

Supe por primera vez de Christopher Boyce en febrero de 2008 cuando se inscribió en nuestro programa MITUPV. Era un chico alegre que se esforzaba en contarnos en español sus propósitos, al principio muy propios de un alumno de 22 años: “Me llamo Chris Boyce, soy de Winchester, Massachusetts, -nos dijo-. Me gusta jugar al ‘soccer’ (fútbol europeo) y al tenis. En otoño jugué a football (fútbol americano) en el equipo del MIT y estoy afiliado a su fraternidad PBE (Phi Beta Epsilon)”… En la siguiente frase ya fue al grano: “Estoy planeando estudiar una combinación de ingeniería química y nuclear. Quiero trabajar en la industria de energías alternativas y hacer ‘entrepreneurship’ después de graduarme”. Cursaba entonces segundo año de ingeniería y, a una edad en la que la mayoría de jóvenes tienen dudas existenciales, él ya sabía que iba a emprender nada más graduarse en 2011, o quizá antes.

Pero cuando le conocimos en el MIT mi colega Douglas Morgenstern y yo, en segundo año, ya estaba co-fundando su ‘startup’ Infinite Corridor Technology (ICT). Compaginándola con su exigente formación de ingeniería, -y supervisado por su madre, Mary C. Boyce, profesora de ingeniería mecánica del MIT-, avanzaba ya en una veloz trayectoria como emprendedor. Quería desarrollar circuitos electrónicos flexibles mediante un nuevo tipo de patrones para semiconductores que inventó y patentó con poco mas de 20 años.

En 2009, consiguió para su empresa una DARPA Small Business Innovation Research (SBIR), con un contrato de 100.000 dólares nada menos que con la agencia DARPA (Defense Advanced Research Projects Agency). En 2010 demostró que su tecnología podía usarse para diseñar y producir circuitos electrónicos extensibles y flexibles, fabricándolos con sustratos, componentes y procesos convencionales, pero combinándolos de una forma nueva. El 19 de febrero de 2011, la Web del MIT anunciaba en portada: “Chris Boyce wins Gates Scholarship”; y “Chris Boyce, alumno del MIT, con doble especialización en ingeniería química y física, nombrado Gates Cambridge Scholar 2011”. La Fundación Bill y Melinda Gates le elegió el mejor ‘alumno de Cambridge’ de 2011, es decir, de todo el conjunto de universidades de la zona, incluidas Harvard, el MIT, la Universidad de Boston y muchas mas. En el MITUPV le hicimos un pequeño homenaje. Chris me escribió el 3 de marzo de 2011, a las 05:58 de la mañana para agradecérmelo.

Tres años después, su exitosa empresa ICT, desarrolla electrónica flexible y ‘estirable’ con aplicaciones para medicina, industria aeroespacial, del automóvil, militar y la de ‘electrónica e informática llevable’ de consumo, así como para sistemas fotovoltaicos flexibles de alto rendimiento. El de Chris es un buen ejemplo de los emprendedores puros, de emprendedores ‘pura sangre’ que surgen en ese ecosistema de Cambridge basado en meritocracia radical y gran excelencia académica, cuyo enorme impacto creativo se convierte a toda velocidad en riqueza tangible.

La “Colla-competition” de la MIT Sloan

La acción y visión de la MIT Sloan School of Management, la famosa escuela de negocios del MIT, y de su centro de emprendedores es clave en ello. El enorme efecto de esta filosofía de alta inteligencia colectiva entrelazada con el tejido productivo de la región próxima es muy espectacular y, en el caso del MIT, algo empírico, como demostró el estudio “Entrepreneurial Impact: The Role of MIT” sobre el impacto del emprendimiento en la región y en el mundo, publicado por los catedráticos Edward B. Roberts y Charles Eesley, de la MIT Sloan School of Management.

Dicho estudio describe el proceso creciente de creación de empresas por ex-alumnos del MIT y la fortaleza de las mismas. De las 9.950 fundadas por ex-alumnos desde los ’80, 5.900 aún siguen activas. El gráfico da una buena idea. Y las 5.800 creadas por titulados del MIT solo entre 2.000 y 2006 generaron 3,3 millones de empleos (mas de un millón de alta cualificación). Sus ventas, superan los 1.8 billones (con b), siendo el 97% pymes, -la media son 39 trabajadores iniciales -.

Esta creación está alimentada por lo que en Sloan llaman “colla-competition”, un híbrido que consiste en que instituciones y grupos investigadores, al tiempo, compiten y/o colaboran lealmente en diferentes de procesos al mismo tiempo. La innovación es parte del ADN de este ecosistema y son fundamentalmente el MIT y Harvard quienes van en vanguardia y marcan caminos para definir nuevos campos emergentes en los que inventar espacios de conocimiento con aplicación real.

Clústers de empresas emergen junto a los campus

Su liderazgo innovador en campos emergentes se ha materializado empresarialmente de forma evidente. Dos ejemplos, muy simbólicos: los dos enormes clústers de empresas punteras especializadas, ubicadas alrededor de la geografía contigua del MIT, Harvard y en la ciudad de Boston. Uno, es el Biotech Cluster in Greater Kendall Square, integrado por empresas de vanguardia biotecnológica al norteste del Campus del MIT en la zona del Gran Kendall Square que cuenta ya con más de 120 empresas biotecnológicas de las 242 de ciencia de la vida que se han creado en la zona.

También ha surgido un potente Clúster de Empresas de Energía, como más de 80 empresas en temas de vanguardia en energía surgidas en la zona que va desde el campus de Harvard y del MIT en las zona Oeste y Norte de Cambridge, hasta el área central de la ciudad de Boston, todas aparecidas en menos de ocho años. Naturalmente, tanto un clúster como el otro están trufados de oficinas de empresas de capital riesgo especializadas en esos sectores concretos. Algo característico ligado al éxito del crecimiento de estas ‘startups’ es la enorme capacidad que tienen estas nuevas empresas para atraer inversión y capital privado.

El Martin Trust Center for MIT Entrepreneurship, que fundó Edward Roberts, catedrático de Management de Tecnología, y que ahora dirige Bill Aulet, es clave en esta fertilización cruzada entre investigación, enseñanza, emprendimiento y capital riesgo. Muchos de los profesores también actúan como ‘business angels’ en las empresas que fundan los alumnos de Sloan

Alfredo Plasencia – El Mundo

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