Consejos de narcotraficantes, piratas y otros emprendedores al margen de la ley

Steve Jobs y tantos empresarios exitosos parecen haber seguido los consejos de narcotraficantes, piratas y otros emprendedores al margen de la ley

¿Qué tienen en común Steve Jobs, un emprendedor cualquiera y el dueño de un McDonald’s? Que todos ellos se han fijado (o deberían fijarse) en los modelos de negocio y habilidades empresariales de piratas, mafiosos y ciberdelincuentes, los protagonistas de la economía sumergida y el mercado negro. Hay mucho que aprender de ellos.

Ya lo decía el cofundador de Apple: “Es mejor ser un pirata que unirse a la Marina”. Así lo confirman Alexa Clay y Kyra Maya Phillips en su libro The Misfit Economy, una recopilación de historias de narcotraficantes, bucaneros modernos y líderes de bandas que muestran cómo un proyecto criminal y una startup guardan más similitudes que diferencias.

“Mucha gente piensa que un emprendedor es un hombre blanco, una especie de geek veinteañero que lleva una sudadera con capucha, así que quería ver emprendedores que no estuvieran en startups, sino en la economía sumergida y el mercado negro”, cuenta Clay a Teknautas. Según la escritora, haber pasado tantos años trabajando en el mundillo les hizo plantearse cuán realista era la imagen que tenemos de un emprendedor. Poco, la verdad. Por eso han decidido subvertirla.

(Foto: Brian Solis)

(Foto: Brian Solis)

“En el mercado negro, hay gente que dirige negocios, que tiene una gran capacidad para adaptarse al ajetreo y correr riesgos, y eso es algo que hemos visto también en la comunidad de startups”, afirma. Lejos de dejarse conducir por el caos, y al igual que ocurre en el ecosistema emprendedor, contar con recursos financieros y un buen equipo es clave para el éxito de la empresa delictiva.

Por ejemplo, tal y como explican Clay y Phillips en el libro, los piratas somalíes intentan convencer a los inversores de los grandes beneficios que podrían granjearles sus secuestros. Cuando consiguen el dinero, lo utilizan para comprar lanchas motoras y fichar personal cualificado como negociadores o expertos tecnológicos.

Otra opción es presentar su plan de secuestro en la bolsa de misiones piratas de Harardheere, el primer mercado de valores del mundo que trabaja con este tipo de empresarios al margen de la ley. Abierto al público somalí desde 2009, cualquier ciudadano puede comprar acciones de las 70 misiones que cotizan ahora mismo en este peculiar parqué.

Además, como todo empresario que se precie, los piratas somalíes cuentan con su propio know-how. “La clave del éxito de los piratas está en su intento de ser sigilosos y sorprender”, leemos en The Misfit Economy. En lugar de enfrentarse a sus víctimas, las pillan desprevenidas y atacan a sus puntos más débiles, sin darles tiempo para reaccionar. Una estrategia que, según las escritoras, recuerda al principio que aplica en su red social el mismísimo Mark Zuckerberg: Move fast and break things (“Muévete rápido y rompe cosas”).

Otra historia que relatan en el libro es la de José Vázquez, un traficante estadounidense que, antes de su arresto en 2009, ganaba unos 2.000 dólares al día vendiendo heroína. La clave de su éxito residía en el trato con sus clientes: a los mejores les invitaba a cenar y les compraba regalos por su cumpleaños. “Todo el mundo vende drogas, ¿verdad? Así que tienes que encontrar la forma de diferenciarte”, señalaba el criminal en una entrevista.

Tras salir de la cárcel, Vázquez creó una institución para educar a emprendedores “y conectarlos con antiguos fundadores, personas que ya habían dirigido una empresa”, según nos cuenta Clay.

Aprender de mentes emprendedoras

Desde que se publicó su primera edición en 2012, The Misfit Economy ha logrado colarse en la lista de lecturas que el Foro Económico Mundial recomienda a los responsables de grandes compañías. No resulta extraño. “Los líderes tradicionales de negocios pueden leer el libro para encontrar, fundamentalmente, inspiración”, señala la escritora. “Les puede inspirar para perseguir diferentes tipos de ideas y modelos”.

Por ejemplo, cambiar su sistema de organización jerárquico por uno más democrático. “Aplicar algunos de los principios descentralizados que caracterizan a las organizaciones de ciberdelincuentes para crear culturas mas autorganizativas”, detalla Clay. Una idea que también recuerda a los grupos de desarrolladores, centrados cada uno en un proyecto, que componen la estructura de empresas como Apple, Google o Facebook.

La lectura también es recomendable para todos aquellos que deseen poner en marcha su propio negocio, o que simplemente quieran aprender de la mentalidad de un emprendedor para correr un riesgo y hacer cosas de forma diferente. La escritora lo tiene claro: “El criminal llegó antes que el emprendedor”. Como dice el refrán, más sabe el diablo por viejo que por diablo.

El Confidencial

 

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